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Una respiración correcta y completa precisa de una técnica sencilla y repleta de beneficios
La prevención de muchas enfermedades, en especial las degenerativas crónicas, pasa por la modificación de hábitos autodestructivos que poco a poco nos van minando la salud. Nos dan consejos para hacer ejercicio, para alimentarnos mejor, pero pocas veces nos orientan sobre un aspecto clave para una buena salud: respirar correctamente. Podemos permanecer mucho tiempo sin comer, unos días sin beber, pero sin respirar no podemos pasar de unos minutos. La vida depende del oxígeno.
Una respiración correcta y completa precisa de una técnica sencilla y repleta de beneficios
El aire que entra en los pulmones lleva oxígeno que es captado por la sangre a través de los alvéolos pulmonares, pequeñas celdillas recubiertas de capilares sanguíneos, en los que se realiza el intercambio gaseoso, se toma el oxígeno del aire y se expele el anhídrido carbónico y otros gases. Los pulmones están constituidos por millones de alvéolos que son el punto final de las vías respiratorias, de los bronquios y bronquiolos. Si pudiésemos extender todos los alvéolos, la superficie de los pulmones sería equivalente a la de una pista de tenis. Una respiración correcta que utilice toda la capacidad de nuestros pulmones garantiza una correcta oxigenación de los tejidos.
Sin embargo, los hábitos de las sociedades actuales no favorecen una buena respiración. Al contrario, es superficial, rápida e incompleta. Sólo se aprovecha una parte de la capacidad pulmonar y no se logra una buena oxigenación, clave para favorecer los procesos metabólicos y de oxidación, y para ayudar a mantener jóvenes y en buen estado los tejidos del organismo.
En los fumadores, la hemoglobina de los glóbulos rojos, que transporta el oxígeno, se combina mejor con el monóxido del tabaco que con el oxígeno, y se forma carboxihemoglobina, que se traduce en una oxigenación de los tejidos deficiente.
Una respiración correcta significa, entre otras cosas, utilizar bien las estructuras orgánicas que tenemos para respirar. Y la respiración empieza por la nariz, no por la boca. Su misión es importante: limpia el aire, lo calienta, lo humedece, y lo acondiciona para pasar en buenas condiciones a las vías respiratorias bajas. Para ello las mucosas nasales están dotadas de una buena vascularización, por eso suelen sangrar abundantemente, y de infinidad de cilios (pelillos) que filtran el aire.
En cada respiración un pulmón moviliza una media de 500 centímetros cúbicos de aire
El mecanismo por el que respiramos depende por un lado de los movimientos elásticos de los pulmones y por otro de los movimientos de la caja torácica en que se ubican. La inspiración se produce cuando los músculos intercostales tiran de las costillas separándolas mientras que el diafragma desciende, lo que genera dentro de la caja torácica una presión negativa que hace que el pulmón se expanda, penetre el aire a través de las vías respiratorias que se dilatan y sus alvéolos se distiendan llenándose de aire, de la misma forma que una esponja se llena de agua cuando la descomprimimos dentro del agua.
Para vaciarlos hacemos lo contrario, los músculos que mueven la caja torácica se relajan, el diafragma se eleva, aumenta la presión dentro del tórax y se comprimen los pulmones que son vaciados. Este ciclo se repite una veintena de veces por minuto desde que nacemos hasta que morimos y en cada respiración un pulmón normal moviliza una media de 500 centímetros cúbicos de aire.
Una respiración completa y correcta supone movilizar bien todas las estructuras mencionadas, algo que, por desgracia, no suele ocurrir. Así, hablamos de:
Aprender a respirar correctamente y corregir malos hábitos es sencillo. Al principio es conveniente entrenarse practicándolo varias veces al día. Para ello sólo se precisa de unos minutos. Se puede hacer en casa, en el trabajo, mientras camina y en cualquier circunstancia, o bien dedicándole una sesión de ejercicios como los que describimos a continuación.
Con un poco de práctica esta forma de respirar se ejecutará casi automáticamente. Al principio, en las primeras sesiones, se puede practicar frente a un espejo, colocando una mano sobre el abdomen y otra sobre el tórax, de manera que se puedan ver y sentir los movimientos, lo que ayudará mucho a comprender el mecanismo de la respiración completa y a conocer mejor nuestro cuerpo.
El ejercicio puede durar lo que uno quiera y repetirlo varias veces al día porque es compatible con cualquier otra actividad. Hay una larga serie de ejercicios respiratorios, todos ellos muy relajantes y que se utilizan también para combatir el insomnio practicándolos antes de acostarse. Son también muy eficaces en momentos de tensión y de estrés, gracias a su efecto sedante.
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