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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Transgénicos en los alimentos: La presencia es ínfima y se debe a una contaminación difícilmente evitable

Sólo dos de los 107 productos alimenticios analizados contenían material transgénico, cuyo contenido era mínimo

 

Se analizaron 107 alimentos elaborados, con la finalidad de identificar los que contenían organismos modificados genéticamente (OGM) o sus derivados, y, en su caso, cuantificar la proporción en que se encontraba ese contenido transgénico. Asimismo, se comprobó si los productos que contenían material transgénico cumplían la norma de etiquetado.

Aunque se conocen una gran variedad de organismos modificados genéticamente (OGM), los más significativos entre nosotros son tres correspondientes al maíz (Bt-176, Bt-11 y Mon-810) y uno a la soja (RR-soja). El análisis ha estudiado estos OGM, los cuatro autorizados en la UE si bien para productos destinados a la alimentación humana sólo se admiten dos: el RR-soja y el Bt-176. Se han incluido el Bt-11 y Mon-810 porque son los más cultivados en Europa.

Un organismo modificado genéticamente (OGM) se obtiene al introducir un fragmento de ADN de una especie en el ADN de otra. De esta forma se obtiene el mismo organismo principal pero con la información añadida de otra especie. Para que la UE admita un OGM para su uso en el campo de la alimentación tiene que superar que cumplir unos protocolos y controles de seguridad muy estrictos.

Los resultados del análisis son muy representativos de la penetración de los transgénicos en el mercado alimentario

Estos 107 productos no se eligieron al azar, sino porque -al incluir entre sus ingredientes maiz o soja, o algunos de sus derivados- figuran entre los más susceptibles de contener transgénicos. Los datos que proporciona el análisis son, por tanto, representativos de la penetración de los transgénicos en el mercado de alimentación.

En cuanto a la metodología seguida en el análisis (PCR: reacción en cadena de la polimerasa), basada en los últimos avances registrados en la tecnología para detección de OGM, la técnica cualitativa (que detecta presencia o ausencia de OGM) es la que está validada a nivel europeo, mientras que la técnica cuantitativa (que determina, en forma de porcentaje, la cantidad de OGM respecto del total del maíz o soja que contiene) es la utilizada y avalada por el CSIC, organismo de referencia a nivel español. Ambas son las más comunes y mejor aceptadas por la comunidad científica. Por tanto, son las técnicas que ofrecen los resultados más fiables.

La principal conclusión del análisis es que en sólo dos productos (es decir, menos del 2% de los estudiados) se comprobó presencia de transgénicos, en ambos casos de maíz, y con una presencia ínfima, veinte veces inferior al 1% de su contenido en maíz, proporción a partir de la cual la normativa comunitaria obliga a que el producto informe en su etiquetado de que contiene OGM. Estos dos productos presentaban lo que técnicamente se conoce como "contaminación cruzada o accidental", muy difícil de impedir por los fabricantes. Y ello porque es casi imposible, a fecha de hoy, garantizar la ausencia absoluta y estandarizada de transgénicos en los alimentos. Son dos las razones fundamentales: una, que existen cultivos de plantas transgénicas en muchos países lo que propicia los diversos modos de contaminación y dos, que asegurar esta ausencia total y constante de OGM supondría para los fabricantes un complejo y muy costoso seguimiento de cada producto desde su origen hasta su puesta a la venta, que además tendría que demostrar su eficiencia real en la práctica.

Por otro lado, los dos productos con trazas de transgénicos cumplían la norma de etiquetado, ya que no están obligados a identificarse como transgénicos al no superar los OGM el 1% de su contenido de maiz o soja.

El porqué de la contaminación cruzada

En el cultivo se pueden dar las contaminaciones cruzadas tanto en la siembra como en la cosecha, que se realizan con maquinaria que debe limpiarse a conciencia cuando se pasa de la labor con plantas modificadas genéticamente a la de plantas no modificadas. Otra posibilidad de contaminación es la polinización, que se produce tanto mediante insectos como a través del propio aire. La única forma de reducir la posibilidad de que ocurra esta polinización cruzada entre cultivos transgénicos y no transgénicos es utilizar aislamientos físicos o biológicos: es recomendable, por ejemplo, que entre cultivos que usan OGM y los que no los utilizan exista una distancia superior a 200-400 metros y, por otro lado, que se respete un periodo de más de 4 días de diferencia de floración entre ambos tipos de cultivo.

No se puede garantizar la ausencia absoluta, y permanente en el tiempo, de material transgénico en los alimentos elaborados

Además, la contaminación de OGM puede producirse en el transporte de la materia prima hasta la fábrica. El desplazamiento de las semillas se realiza normalmente en grandes depósitos, que deben ser limpiados minuciosamente entre carga y carga (pensemos en los contenedores de barcos de gran tonelaje) para que no se produzcan contaminaciones entre las semillas con OGM y las carentes de ellos. Por último, también puede propiciarse involuntariamente esa contaminación en el procesado de los productos. Algunas empresas elaboran alimentos tanto con materias primas con OGM como sin ellos, empleando diferentes materias primas pero la misma maquinaria. Para evitar el contacto entre materias primas con OGM y sin OGM, deben limpiarse cuidadosamente esas máquinas, prestando especial atención a las tuberías y huecos difíciles.

En conclusión: evitar la contaminación cruzada resulta sumamente difícil incluso para fabricantes comprometidos en ofrecer alimentos libres de OGM.

Volviendo a los resultados...

Los dos positivos de transgénicos detectados por el análisis fueron unos cereales para el desayuno (bolas de maíz recubierto con miel, de Kellog´s) y un snack de maíz, de Grefusa. En este último producto se detectaron Bt-176 y Mon-810, ambos de maíz y en ínfimas cantidades (0,02% y 0,048% respectivamente), mientras que en las bolas de maíz recubiertas con miel, de Kellog´s, se detectó el Mon-810, también en una mínima cantidad (0,032%). El Mon-810 está autorizado en la Unión Europea a nivel industrial y de cultivo, pero no está aprobado su uso en la alimentación. En los dos casos en los que se han detectado trazas de maíz transgénico, las empresas fabricantes demostraron a CONSUMER la realización estandarizada de controles tanto a las materias primas suministradas por los proveedores como en el proceso de elaboración, además de la supervisión de entidades ajenas que revisan y certifican que sus materias primas no utilizan OGM y que se hace lo posible para evitar contaminaciones en el proceso de elaboración de sus productos. Junto a estas acciones, ambas empresas (al igual que otras muchas en el sector de alimentación) están comenzando a introducir en su sistema de producción la trazabilidad, o control y seguimiento estricto, pormenorizado y documentado, de la calidad de cada producto desde su origen hasta su puesta al venta. De este modo, se adelantan a los nuevos proyectos normativos en que trabaja la UE sobre los transgénicos.

¿Y en alimentos para animales domésticos?

Este análisis estudió también seis productos de alimentación para mascotas. Sólo en dos de ellos ("Alimento para perros adultos con buey verduras", de Pedigree, y "Alimento completo para gatos con buey, cordero y conejo", de Whiskas Supreme), se detectó presencia de transgénicos. En el de Pedigree, el diagnóstico es "contaminación cruzada", porque contenía sólo trazas (el 0,09% del RR-soja), pero en el de Whiskas, la proporción fue mayor (el 6,63% de RR-soja). Lo más probable es que, al contener soja entre sus ingredientes, ésta sea de origen transgénico. En cualquier caso, ninguno incumple la normativa, porque la legislación no obliga a etiquetar los alimentos transgénicos destinados a alimentación de animales.

Qué son los transgénicos

La revolución biotecnológica se basa en el ADN (ácido desoxirribonucleico), molécula básica en la que se encuentra toda la información genética del individuo, cuya estructura fue descubierta en 1953, siendo a partir de entonces cuando se realizan los primeros ensayos de modificación genética realizados en laboratorio (in vitro). Estas técnicas se han aplicado en agricultura, medicina, medio ambiente e industria alimentaria permiten la transferencia de genes entre diferentes especies, además de agilizar y analizar los posibles cambios que se generan, con objeto de reducir el azar inherente a la naturaleza.

La fase de gran auge de los transgénicos nace en 1994, cuando en EEUU la Food and Drug Administration (FDA, institución oficial que regula los temas de seguridad alimentaria y de los medicamentos) autoriza la comercialización del primer vegetal con un gen ajeno al natural de esa especie: es el tomate "Flavr-Savr" de la compañía Calgene, que retrasa el ablandamiento caracterísitico del tomate.

Se define OGM como "organismo, con la excepción de los seres humanos, en el que el material genético ha sido modificado de una manera que no se produce naturalmente en el apareamiento ni en la recombinación natural." (Directiva UE 2001/18/CEE). Esta alteración en el material genético se puede deber a la introducción, eliminación o modificación de sus genes. Son considerados OGM los organismos vivos capaces de reproducirse. Por ejemplo, las semillas de soja. La soja es una legumbre, utilizada como fuente proteíca en alimentación animal y humana, cuya semilla puede formar nuevas plantas. Los productos derivados de los OGM, si embargo, han sido manipulados de modo que contienen sólo material modificado genéticamente, pero no organismos vivos. El ejemplo lo tenemos en la lecitina de soja, que se obtiene a partir de sucesivos refinados del aceite contenido en las semillas de soja, utilizada principalmente como emulgente. El término transgénico, muy frecuentemente utilizado, es un caso particular de OGM: es el organismo en que se ha introducido voluntariamente genes extraños a su material genético por carecer de ellos.

El debate social sobre los transgénicos

La incorporación de alimentos transgénicos al mercado ha provocado un encendido debate social y científico sobre los beneficios y perjuicios que reportan.

Sin ánimo de una descripción exhaustiva, pueden resumirse como sigue. Las ventajas que aportan los OGM en la agricultura son la reducción de los costes en la producción y la mejora de la calidad de los vegetales. Algunas plantas transgénicas mejoran la calidad del producto convencional: las características organolépticas (color, sabor, textura, ...), el aumento de la durabilidad de la fruta retrasando su proceso de maduración, retrasando el ablandamiento del alimento, o modificando su contenido de ácidos grasos. Otras ventajas son el aumento de la resistencia frente a plagas de bacterias, hongos, insectos, nemátodos y virus que afectan a los cultivos. Más ventajas: la mayor tolerancia a los herbicidas, la menor necesidad de agua y por tanto mayor resistencia a la sequía, la reducción de los nitratos existentes en la planta, y la mayor resistencia a temperaturas extremas En cuanto a los posibles efectos negativos de los OGM los más relevantes pueden dividirse en tres grupos, según afecten a la salud humana, al medioambiente o a la economía.

Las repercusiones negativas de los alimentos transgénicos en la salud de personas se encuadran en el ámbito de la elucubración, ya que no están sustentados en constataciones científicamente demostradas, porque si los numerosos estudios realizados permitieran mantener sospechas a respecto no se habría autorizado su cultivo y producción. De todos modos, se especula con la posibilidad de que genes con resistencia antibiótica que se encuentran en los OGM puedan ser transferidos a humanos, animales y bacterias anulando el efecto de los medicamentos antibióticos. Asimismo, se elucubra con la aparición de nuevas enfermedades y posibles alteraciones en la respuesta inmunológica del organismo humano (problemas alérgicos causados por la aparición de nuevas proteínas que, expresadas por el ADN manipulado, el organismo humano no reconocería: las proteínas son las principales causantes de las alergias y se piensa en la posibilidad de que el ADN introducido codifique nuevas proteínas), y con posibles desequilibrios nutricionales no esperados, aunque una de las evidencias que se buscan en los estudios de seguridad de OGM sea que el nuevo producto resulte sustancialmente equivalente al no-transgénico, incluyendo sus propiedades nutricionales.

En cuanto al perjuicio medioambiental que pueden causar los alimentos transgénicos y su producción -aparentemente más sustentados tanto por la realidad como por los ensayos científicos- se les responsabiliza de la propagación descontrolada de OMG, que al poseer genes que les confieren ventajas frente a los vegetales convencionales pueden entrar en competencia desigual con éstos, con lo que se propiciaría una disminución de la biodiversidad vegetal y la aparición de plantas resistentes a los herbicidas.

Por último, entre los perjuicios económicos y sociales derivados de los cultivos de plantas transgénicas destaca el aumento de la dependencia del sector agrícola ante el paquete tecnológico compuesto las semillas modificadas genéticamente y los productos fitosanitarios específicos con lo que ello supone de dependecia estratégica de los granjeros ante un reducido número de multinacionales productoras de plantas y semillas transgénicas. Surge así el temor ante el gran poder detentado por un reducido número de grupos empresariales que controlarán el sistema de producción de alimentos desde el propio gen hasta el lineal del supermercado, dejando sin apenas autonomía a los granjeros. Estas multinacionales (que han invertido durante años cifras millonarias en investigación biotecnológica) venden su producto con un impuesto tecnológico que supone el pago de los derechos de propiedad y de patente.

Cómo se crean las plantas genéticamente modificadas

Se han desarrollado numerosos métodos para integrar ADN ajeno dentro de células vegetales con la finalidad de transformar o incorporar nuevas características. Los métodos más utilizados en la transformación de los cultivos agrícolas aprobados en la UE están basados en la utilización de vectores biológicos y métodos físicos. Para obtener una planta transgénica se debe introducir en el ADN de una especie información genética que provenga de otra, para lo cual se realizan los siguientes pasos:

Primero se identifica el gen que se quiere insertar en la planta a modificar. Este gen puede provenir de otra planta, de una bacteria, de un virus o incluso de animales. Posteriormente, se aísla este gen. Una vez aislado, la introducción del gen en la célula vegetal de la planta se puede hacer mediante vectores biológicos (utilizando una bacteria como transporte) o recurriendo a métodos físicos (en el que se introduce directamente).

Vectores biológicos

El gen aislado se introduce a un plásmido (secuencias cortas de ADN que se encuentran fuera del cromosoma). Posteriormente, esta construcción se inserta en una bacteria del Género Agrobacterium (con capacidad de infectar células de plantas). Una vez insertado, la bacteria se introduce en un medio nutritivo en el que se encuentran células vegetales pertenecientes a la planta a modificar, las cuales son infectadas por la bacteria introduciéndoles el plásmido-gen. La célula, ya con el plásmido en su interior, se multiplica en el laboratorio.

Métodos físicos

El más utilizado es el bombardeo de microbolas, que incorporan directamente el ADN dentro de la célula o tejido vegetal. En este caso, se tapizan miles de partículas metálicas microscópicas con el gen que se desea incorporar. Estos corpúsculos se introducen en un sistema denominado "pistola de genes" que dispara a las células vegetales este ADN a gran velocidad como si fueran proyectiles. Los fluidos celulares internos de las células vegetales, lavan el componente metálico y el ADN penetra en el núcleo celular donde se integra. Posteriormente, las células se multiplican en el laboratorio.

No en todas las células vegetales en las que se ha introducido un gen, éste se incorpora de forma adecuada dentro del ADN propio de la célula. Al no poderse distinguir a simple vista una célula vegetal modificada de la que no lo está se hace imprescindible la inserción de genes marcadores que les confieran resistencia a antibióticos o herbicidas en el medio de cultivo celular. De esta forma, al aplicar sobre todas las células antibióticos o herbicidas, aquellas en las que no se haya insertado el gen de forma adecuada no presentaran resistencia, con lo que se mueren, seleccionando así las células en las que se ha formado la modificación genética. Por último, estas células, ya modificadas, se cultivan en tierra, donde crecen como plantas normales pero obteniéndose una planta modificada genéticamente.

La metodología empleada en este análisis

En primer lugar, se realizó una homogenización de dos unidades de cada producto alimentario con el fin de analizar una muestra representativa de cada uno de los 113 analizados. Tras este paso, se procedió a la extracción del ácido desoxirribonucleico (ADN) empleando diferentes protocolos en función del tipo de alimento. Dicho gen es sometido a la técnica PCR (reacción en cadena de la polimerasa), en la que se determina únicamente la presencia o ausencia de material transgénico. En caso de no detectarse, se considera que ese alimento está libre de genes transgénicos. Y si surge un positivo se procede a la cuantificación de los OGM mediante otro tipo de PCR, basada en la misma base teórica pero que emplea una estrategia diferente que permite determinar el porcentaje de OGM existente en la muestra.

PCR (Reacción en cadena de la polimerasa)

La PCR es un método de análisis basado en la detección y amplificación de fragmentos específicos de ADN gracias a un par de pequeñas secuencias de ADN (cebadores) que limitan la región que debe amplificarse. La PCR está compuesta de tres pasos que se repiten sucesivamente un número determinado de ciclos y que mimetiza el proceso de replicación que ocurre en la naturaleza:

  1. Separación del ADN
  2. Unión de cebadores
  3. Extensión

Esta técnica se realiza gracias a la acción de diferentes temperaturas que separan las cadenas de ADN y facilitan la unión de los cebadores y la acción de la polimerasa.

Liberación de OGM

Hay una serie de procedimientos de seguridad que deben ser aplicados a todo OGM que quiera ser autorizado para su uso en un determinado país. Estos son muy parecidos en todo el mundo y se aplican gen a gen. Básicamente, estos procedimientos tratan principalmente de:

  • estudiar todo el material genético introducido
  • evaluar del riesgo de transferencia del gen a otras plantas u organismos
  • examinar la seguridad de los productos derivados del gen.

El diseñador del OGM tiene la obligación de proporcionar un material de referencia puro, así como mezclas con concentraciones conocidas junto a las secuencias de interés ya que los sistemas basados en la tecnología PCR precisan de información detallada de las secuencias del gen integrado y de aquellos que le acompañan con objeto de poder desarrollar la detección del mismo.

En gran medida, todo se remite al principio denominado "equivalencia substancial" desarrollado por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y recomendada por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y la OMS (Organización Mundial de la Salud). Consiste en la comparación sistemática de todas las propiedades (composición, propiedades nutricionales, contenido en toxinas y alergenos, usos en la alimentación humana o animal, tipo de procesado, consumo por grupos vulnerables, impacto sobre el medio ambiente) de la planta transgénica, cultivada en diversos lugares al menos dos temporadas con la de la cepa progenitora no modificada cultivada junto a la cepa transgénica. Según este principio se evaluaron positivamente, entre otros, los dos autorizados en la unión europea para su uso en alimentación humana: soja RR y maíz Bt-176.

Legislación europea en materia de OGM

Los productos transgénicos deben cumplir los criterios establecidos por la directiva europea de 1997: "que sea necesario y útil, seguro para la salud humana y el medio ambiente, y que sus características sean las declaradas y que, además, se mantengan con el tiempo".

Dentro de la legislación, el etiquetado es uno de los aspectos más discutidos de los que afectan a los alimentos modificados genéticamente. Según la norma, es obligatorio etiquetar todos aquellos cuyos ingredientes (incluyendo aditivos y aromas) contengan al menos un 1% de un OGM, teniéndolo que hacer constar en la etiqueta con la leyenda "fabricado a partir de soja/maíz modificada genéticamente". Este límite tiene como objetivo excluir la presencia accidental de ingredientes transgénicos en alimentos convencionales debida a una contaminación involuntaria. Los productos destinados a la alimentación animal, por el momento, no tienen obligación de incluir dicha leyenda en su etiquetado aunque superen el 1% de material genético en su composición.

Hay una gran discordancia legislativa en lo que se refiere al etiquetado de organismos genéticamente modificados y productos derivados, llegando a registrarse grandes diferencias y, en algunos casos, situaciones contradictorias. Por ejemplo: EEUU, el mayor productor de OGM, no exige el etiquetado de alimentos que contengan OGM autorizados aunque su contenido sea superior al 1%. Esta situación genera grandes dificultades en la Unión Europea, que exige el etiquetado específico cuando el contenido supera 1%, teniendo que establecer líneas de producción separadas de elementos transgénicos y no transgénicos en el momento de su importación. Esta situación se ve agravada en productos como la soja. El déficit productivo europeo de esta semilla nos hace dependientes de la importación, que generalmente se realiza de países americanos cuya producción es mayoritariamente de soja transgénica.

La controversia también alcanza a los sistemas de detección de OMG en los alimentos. La técnica cualitativa está validada a nivel europeo, la detección de OMG se realiza con la misma técnica (PCR cualitativa) y con los mismos criterios en toda la UE. Respecto a la técnica cuantitativa, al no existir consenso, en la metodología y en la unificación de criterios de análisis pueden surgir desacuerdos en los resultados. Los problemas prácticos en la detección de OGMs se basan en varios aspectos, que se inician en el propio cultivo. Hay contaminaciones cruzadas, ya sea, por polinizaciones de plantas transgénicas en cultivos de no modificadas, ya por siembra de semillas no controladas de plantas transgénicas. Por otro lado, el desarrollo legislativo es lento y, con frecuencia, ajeno y poco relacionado con la práctica productiva diaria. Otro punto a debatir, y que puede considerarse un inconveniente, es el amplio número de OGM que pueden incorporarse al mercado sin control con la consiguiente dificultad para su detección, ya que sus modificaciones no son conocidas.

Las legislaciones que se están desarrollando en la UE tratan puntos tan cruciales y debatidos como la trazabilidad (seguimiento de todos los pasos en la fabricación de un alimento, desde las materias primas empleadas hasta su colocación en el punto de venta) de los OGM. En estas futuras leyes figurará el control que debe aplicarse en todas las fases de comercialización tanto de productos que sean o contengan OGM como de los alimentos o piensos producidos a partir de OGM incluidos aditivos y aromas. En esta línea, se está estudiando un sistema de formulación y asignación de códigos exclusivos a los OGM.

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