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Las molestias dorsales están entre las afecciones más frecuentes. La higiene postural, la prevención y el consejo médico son sus principales remedios
Caminar erguido tiene un alto coste, y eso lo sabemos muy bien todos los humanos porque a todos, en algún momento de nuestra vida, nos ha dolido la espalda. A menudo es una consecuencia del estrés, las tensiones y, especialmente, el sedentarismo y las malas posturas propias de la vida moderna. Pese a ser uno de los dolores más comunes en todas las personas, pocos afectados le atribuyen la importancia que tiene, lo que conduce a que se pospongan soluciones para tratarlo, eliminarlo y evitar su reaparición siempre que sea posible.
El dolor de espalda es el dolor mecánico que afecta al aparato musculoesquelético, es decir, a los músculos y vértebras. Dependiendo de su localización, se denomina cervicalgia, cuando afecta a las vértebras cervicales; dorsalgia, si afecta a las dorsales; y lumbalgia, si se localiza en las lumbares, en la parte inferior de la columna. Pero, además, este dolor puede tener su origen en problemas estructurales de la columna, como una desviación (escoliosis), el desgaste de los huesos (artrosis) o las hernias en los discos (almohadillas que se hallan entre las vértebras). En la mayoría de ocasiones su origen es un problema mecánico músculo-esquelético, aunque se trata de un síntoma que no es característico de una enfermedad, sino indicador de varias. Por tanto, puede ser también el reflejo de un cólico de riñón, un problema digestivo, endocrino o ginecológico, entre muchos otros.
En el diagnóstico del dolor de espalda hay que tener en cuenta que una radiografía no siempre revela la presencia de un daño estructural, como la escoliosis, la artrosis o las hernias. Incluso se da el caso de que en muchos pacientes se han constatado estos daños pero, en cambio, no hay dolor en la espalda. Por esta razón, intentar buscar una causa estructural del dolor en las radiografías se considera un concepto antiguo por parte de los clínicos. En caso de duda, en la actualidad se tiende a prestar mayor atención a los síntomas que describe el paciente que a la información de las placas radiológicas.
En España, los centros de atención primaria, las unidades de la espalda, las unidades del dolor y las mutuas de accidentes de trabajo figuran entre los servicios a los que puede dirigirse el afectado. ¿Dónde acudir primero? La primera puerta corresponde al médico general o de familia de su centro de atención primaria. Desde ahí se debe valorar el dolor que padece y aplicar las primeras medidas terapéuticas que, en la mayoría de los casos, son suficientes.
Si el dolor persiste y el médico de atención primaria lo considera necesario, deriva al paciente a un especialista. El dolor de espalda no es patrimonio de una sola disciplina médica, sino una afección que, a menudo, debe ser atendida por un equipo multidisciplinar de profesionales, es decir, un traumatólogo, un reumatólogo, un médico rehabilitador y, en casos más extremos, por un cirujano ortopédico o neurocirujano. Estos especialistas se pueden agrupar en las llamadas Unidades de la Espalda, habituales, aunque no comunes, en hospitales y centros sanitarios públicos.
En ciertos casos, el dolor de espalda no se soluciona con tratamientos farmacológicos y los pacientes deben someterse a una intervención quirúrgica. En una pequeña proporción de casos se elimina la fuente originaria de dolor (como una hernia), pero pueden surgir complicaciones (como una fibrosis) que generan otro dolor. Las Unidades del Dolor se dedican a atender el dolor rebelde y que ha cronificado. Están atendidas fundamentalmente por anestesistas, aunque también hay otros profesionales sanitarios que se dedican a paliar ese dolor que no cede.
En las mutuas de accidentes de trabajo también se atiende a pacientes con dolor de espalda. Les visita un traumatólogo que decide si la persona afectada precisa rehabilitación o no. Entre ellos abundan los oficinistas, que lo sufren por malas posturas, y los empleados del sector de la construcción, que lo desarrollan tras realizar esfuerzos y levantar pesos.
Otros problemas adicionales los constituyen las demoras en la práctica de pruebas diagnósticas, el largo tiempo de espera desde que se indica una cirugía hasta que se realiza y los retrasos posteriores hasta que el paciente puede recibir tratamientos en las Unidades del Dolor. La acumulación de retrasos y tiempos de espera acaba repercutiendo negativamente en la calidad de vida del afectado.
Los tratamientos disponibles para el dolor de espalda, asociados a distintos grados de evidencia científica, son numerosos. Los fármacos analgésicos y los antiinflamatorios (paracetamol e ibuprofeno administrados a intervalos regulares y no en función de la demanda del paciente) y los relajantes musculares (como diazepam a dosis bajas, durante una semana y siempre que no genere dependencia en una pesona) representan el primer escalón terapéutico para combatir el dolor de espalda.
Gracias a estos fármacos y medidas de higiene postural, el dolor cede en la mayoría de los casos. Así, en el de la lumbalgia -que puede afectar al 60%-90% de las personas a lo largo de su vida- más del 90% de los pacientes se recuperan en 3-6 meses y más del 90% de las bajas laborales no superan los dos meses de convalecencia.
El tratamiento estándar del dolor agudo con el que trabajan los fisioterapeutas es la electroterapia, basado en aplicar corrientes eléctricas antiinflamatorias o analgésicas. Por regla general, las personas con dolor de espalda precisan un mínimo de 15 sesiones con una duración de 45 minutos cada una para tratar su dolor. No obstante, también se practica la terapia manual, consistente en masajes, estiramientos pasivos y tracciones.
La ozonoterapia, o aplicación de ozono, se ha publicitado en los últimos años como una técnica eficaz para tratar las hernias discales, pero sigue siendo muy controvertida y actualmente carece de evidencia científica suficiente que avale su eficacia y utilidad.
La intervención neurorreflejoterápica (NRT) o neuroreflexoterapia es una técnica no farmacológica que consiste en la implantación transitoria de unas grapas en la piel de la zona de la espalda que se debe tratar (cervical, dorsal o lumbar). Se efectúa ambulatoriamente y sin anestesia. Aunque en ocasiones puede producir pequeñas infecciones, no entraña riesgos importantes y evita los efectos adversos de los fármacos, como los problemas digestivos.
Está indicada para aliviar o curar los dolores de espalda cuando los fármacos no curan y se desaconseja la cirugía. Esta técnica se ha aplicado a más de 140.000 personas, entre el 80 y el 90% de las cuales han logrado aliviar o eliminar su dolor.
Actualmente, la NRT se ha iniciado en el sistema público. Ya es accesible en la sanidad pública de Madrid, Asturias, Cataluña y Baleares.
En cuanto a las medidas preventivas, uno de los aspectos más novedosos en los últimos años se refiere a las recomendaciones sobre el reposo y la actividad cuando aparece el dolor de espalda. En este sentido, el reposo absoluto en la cama, que era lo que se predicaba hace unos años, se desaconseja en la actualidad, e incluso, se está viendo que es contraproducente. La consigna actual es que transcurridos los primeros días de aparición del dolor en que éste puede resultar "invalidante", el paciente evite el reposo absoluto y mantenga cierto grado de actividad, con la intensidad que sea posible.
La higiene postural, tal y como refleja la Escuela Cuidar la Espalda, elaborada por CONSUMER EROSKI es básica para disfrutar de una espalda saludable, evitar futuros dolores o recuperarse de estos. La clave reside en la prevención. He aquí algunos de los consejos que incluye esta escuela:
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