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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Alimentos transgénicos: Reina la confusión

Los niños clónicos de Hitler en "Los niños de Brasil" eran ciencia ficción, pero hoy la oveja Dolly rumia en las Tierras Altas de Escocia. Lo que hace pocas décadas era sueño de científicos visionarios hoy es factible.

  El espectacular desarrollo de la ciencia y de la tecnología ha generado una avalancha de información, de datos y opiniones encontradas, que contribuye a la confusión que estos temas -por otra parte, tan necesitados de explicaciones sencillas y comúnmente aceptadas- suscitan en los ciudadanos. Esta desorientación da paso a posicionamientos divergentes según sea quien opina: Administración, científicos -más o menos relacionados con las empresas que patrocinan la investigación de que se trate-, empresas, asociaciones de consumidores, ecologistas o de derechos humanos. Y, no podía ser de otro modo, ello provoca encendidas polémicas en los medios de comunicación, lo que termina de desconcertarnos.

Muy especialmente, cuando las novedades científicas entrañan algún riesgo para la salud de las personas. Pero no se trata de algo nuevo. En el siglo XVIII hubo protestas por los ensayos de vacunación, en el XIX algunos técnicos aseguraron que el tren causaría estragos, pero no por los accidentes, sino porque la velocidad provocaría ¡desplazamientos de los pulmones y corazón de los humanos que en ellos viajaran!. Y, ya en nuestro siglo, se auguró la creación de monstruos cuando se realizaron los primeros transplantes de órganos.

En fechas más cercanas, recuérdese la controversia sobre las bondades y perjuicios de los aditivos alimentarios o los supuestos peligros del uso de los hornos microondas. En estos últimos años, la estrella indiscutible -por las implicaciones éticas, comerciales, ecológicas y sanitarias que se le atribuyen- es la modificación genética de los organismos vivos. Entre ellos, destacan los alimentos transgénicos, de los que se ocupan estas líneas.

Biotecnología, ya en el neolítico

Aunque el término "biotecnología" se viene utilizando ampliamente, su definición no está bien ajustada. Una posible acepción es: "conjunto de técnicas aplicadas a los organismos vivos, o a parte de ellos, destinados a la producción alimentaria y no alimentaria". Así pues, la biotecnología no es nueva, se inició cuando los primeros cazadores-recolectores se asentaron y se aseguraron el sustento mediante el cultivo de plantas y la cría de animales.

Sirva como dato que de las cuatro especies salvajes de gallina que inicialmente se conocían, hoy disponemos de más de 40 razas diferentes, todas ellas fruto de sucesivos cruces, selecciones y mejoras. Sin embargo, estos procedimientos se basaban en el ensayo y el error, y no fue hasta mediados del siglo XIX, con los trabajos de Pasteur, cuando se sientan las bases de un método sistemático para establecer los mecanismos que controlan los fenómenos biológicos. Otro hito en la historia de la biotecnología fue el nacimiento de la genética, gracias a los estudios de Mendel.

Los conocimientos científicos hasta entonces obtenidos tenían su aplicación en la agricultura y la ganadería. Estos antiguos métodos biotecnológicos, que aún hoy se emplean, los acepta el consumidor sin problemas (nectarinas, manzanas con sabor a peras, u otros híbridos).

ADN, el primer carné de identidad.

A mediados del presente siglo, se comprobó que la herencia estaba ligada al hoy casi familiar ácido desoxirribonucleico o ADN, componente fundamental de los cromosomas. También se descubrió que la información contenida en el ADN está codificada. Y que sus "claves", comunes a todos los seres vivos, son el "código genético" (esta codificación es análoga a la de una cinta de vídeo: con ayuda de un televisor y un magnetoscopio se interpretará la información contenida en ella).

En los años 50 comienzan los avances más espectaculares de la biología molecular, una ciencia más precisa en el control de los riesgos.

Ahora es posible unir dos fragmentos de ADN de diferente origen (ADN recombinante) o generar copias exactas del ADN (clonación). Más aún, se puede tomar un fragmento de ADN de una especie e insertarlo en el ADN de otra especie y obtener un "organismo transgénico", que contiene la información hereditaria de otro. La ingeniería genética es esta nueva ciencia que permite transferir la información genética de un organismo a otro.

La ingeniería genética y los alimentos

Aunque las técnicas agrícolas y ganaderas han evolucionado mucho, no se han resuelto todavía graves problemas de ámbito mundial, como el de hacer sostenible el desarrollo económico, desterrar el hambre o reducir el impacto sobre el medio ambiente. Algunos expertos estiman que la biotecnología, y en particular la ingeniería genética, podría contribuir a resolver estos endémicos problemas, pues se podría pasar de una ganadería y una agricultura cuantitativas a otras más cualitativas, se obtendrían especies vegetales y animales mejor adaptadas al entorno y quizá se reduciría el impacto en el medio natural (por mejor aprovechamiento de abonos y menor necesidad de pesticidas). Otros, más críticos, creen que aún quedan grandes lagunas de conocimiento sobre el funcionamiento de la planta o animal que se manipula en laboratorio, y plantean, entre otras, estas dudas : ¿cómo influye el gen introducido en el organismo modificado en el funcionamiento del resto del genoma? ¿causarán procesos alérgicos? ¿se alterarán las propiedades nutritivas de los alimentos?.

Los primeros trabajos experimentales consistían en la transferencia de un gen que convierte un compuesto de los herbicidas en otro no tóxico, con lo que se aumenta la resistencia de las plantas (soja, achicoria y colza) a dichos herbicidas. En posteriores estudios, se logró incorporar con éxito un gen para que remolacha, patata, tabaco, tomate y maíz sinteticen una molécula con toxicidad exclusiva para las larvas de insectos. Otros ensayos modificaban características de las plantas para mejorar su valor nutritivo y aumentar la consistencia (mantener constante la tersura del tomate tras su recolección o reducir los efectos de las heladas sobre algunas plantas) o, incluso, obtener nuevas variedades de flores (petunias de color bronce insertando un gen de maíz o rosas azules introduciendo un gen de petunia).

No todos estos trabajos tienen garantizados sus logros. Por ejemplo, hasta el momento, han fracasado los intentos por obtener semillas de soja sin proteínas causantes de alergias.

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