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Responsabilidad civil de menores : Los padres pagan casi siempre

Un niño tiraba piedras al aire, pero lo hizo con tan mala fortuna que una de ellas fue a parar al ojo derecho de un compañero de colegio.

Hasta los 18 años, siempre pagan los padres

Muy poca relevancia tiene ante el juez que el hijo causante de la demanda cuente con 7 ó 17 años, o que los padres aleguen que en el momento del suceso se encontraban trabajando y que no pueden vigilar durante las 24 horas lo que hace su hijo.

En 1984, se condenó a los padres de un niño de 5 años que provocó el incendió de la casa de unos vecinos, cuando jugaba, el angelito, quemando unos papeles en su casa (Tribunal Supremo, 22 de diciembre de 1984). Siete años antes, se condenó también a unos padres por los daños causados por su hijo de 17 años cuando, mientras patinaba sobre hielo en Jaca, empujó violentamente a una chica. La Audiencia de Huesca (sentencia de 20 de noviembre de 1997) argumentó que un patinador sólo asume los riesgos derivados de su propia imprudencia o los producidos por casos fortuitos, no los debidos a la actuación de otros.

La responsabilidad de los padres deriva de omisión del deber de vigilancia de sus hijos menores, ya que los padres deben extremar sus deberes de vigilancia y educación. El hecho de que no estuviesen presentes en el lugar de los hechos es indiferente a efectos de responsabilidad civil. Como también lo es la edad del hijo, a sólo un año de su mayoría de edad.

Los padres dieron el permiso para ir a la piscina.

En sentencia de 17 de marzo de 1995, la Audiencia de Valladolid aborda la responsabilidad de los padres solidariamente con terceros implicados: un chaval de 16 años, jugando en una piscina, lanzó una pelota de tenis que dio en el ojo derecho de un niño. La sentencia de primera instancia exculpó a los padres que habían autorizado a su hijo para ir a las piscinas municipales, al entender en un principio el juez que la responsabilidad recaía en el personal encargado de las piscinas.

La Audiencia corrigió esta sentencia y consideró que la responsabilidad también recae sobre los padres, ya que la autorización para ir a las piscinas no releva a los padres de toda vigilancia y cuidado, ni puede delegar su deber hacia los empleados de la piscina, además de que el daño se originara con un juego no autorizado.

Y así condena solidariamente a los padres, al Ayuntamiento como titular de la explotación y prestación del servicio, y al director de las instalaciones por recaer sobre los empleados la obligación de atender y vigilar las piscinas para evitar accidentes.

¿Y si hay separación legal y divorcio?

La sentencia de separación o divorcio determina qué cónyuge obtiene la guarda y custodia de los hijos, lo que no implica automáticamente que quede liberado el cónyuge exento de la guarda. Según el artículo 92 del Código Civil la nulidad, separación o divorcio no exime a los padres de las obligaciones para con sus hijos. El artículo 110 del Código Civil les obliga a velar por sus hijos, incluso aunque no ostenten la patria potestad. La víctima no tiene porque indagar si los padres del menor que le causó el daño están casados, separados o divorciados o si ejercen o no la guarda.

En consecuencia, podrá dirigir la demanda contra padre y madre, sin probar cuál es su situación matrimonial. Es a los padres a quienes corresponde probar que no tuvieron culpa alguna.

La sentencia del Supremo de 11 de octubre de 1990 se trata este problema. Un chico de 16 años conducía sin permiso de conducir una motocicleta en la que llevaba detrás a una chica de la misma edad. Derrapó en una curva, chocó contra una valla, sufriendo la chica heridas graves y secuelas. Los padres del chico estaban separados y la guarda y custodia correspondía a la madre, pero, dada su edad, el adolescente estaba autorizado para acudir y permanecer con su padre, según le dictara su voluntad. Quedó probado que los hechos ocurrieron cuando el hijo estaba bajo la custodia del padre.

El Supremo consideró responsable al padre, porque en esos momentos le correspondía la guarda del joven causante del accidente.

Familiares y amigos, no responsables.

El guardador de hecho, el adulto a quien los padres confían el niño o joven durante un periodo de tiempo en el que ellos no pueden hacerlo, es quien se ocupa del menor. Es el caso de abuelos, otros familiares, amigos, vecinos o profesionales del cuidado de menores. Estas personas pueden ocuparse gratuitamente del menor y, en cualquier caso, son meros auxiliares de los padres. Quien de hecho ejercita la guarda, por habérsela confiado los padres, no sustituye a los padres en su obligación de responder.

Es posible que los padres aleguen que no tuvieron ninguna culpa, puesto que no pudiendo vigilar a sus hijos por causas legitimas, se preocuparon de asegurar su correcta vigilancia. Sin embargo, se les puede achacar la culpa si la persona a la que confiaron el menor no era la adecuada. Sólo cuando la negligencia del guardador sea de entidad se podría liberar a los padres de su responsabilidad, aunque pese a todo, previsiblemente se condene solidariamente a guardador y padres.

Si quien de hecho se ocupa del menor ha sido contratado por los padres, en virtud de una relación laboral, puede darse el curioso supuesto de que siendo el guardador realmente culpable del hecho del menor, el padre sea llamado a indemnizar por la vía del artículo 1.903 del Código Civil en calidad de empresario o contratante. Este artículo establece la responsabilidad del empresario respecto de los perjuicios causados por sus empleados con ocasión de sus funciones.

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