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Ancianos en casa : La labor de los cuidadores, poco valorada

Una de las características demográficas más significativas de las sociedades desarrolladas es el progresivo envejecimiento de la población. Las causas de este fenómeno residen en el aumento de la esperanza de vida en todos los países desarrollados (en España las mujeres viven una media de casi 82 años y los hombres, más de 74 años) y en un acusado descenso de la natalidad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2000 había unos 600 millones de personas mayores de 60 años, lo que representa el 10% de la población del planeta. En Europa y en América, concretamente, la población de más de 60 años sobrepasa ya el 20% del total. Y dentro de nuestro viejo continente, la española es una de las sociedades más envejecidas, con cerca de 7 millones de personas mayores de 65 años, lo que supone más de un 17% de la población. Y las previsiones son muy poco optimistas: según el IMSERSO, dentro de 25 años este porcentaje aumentará hasta alcanzar casi una tercera parte de la población.

Pero detrás de todas esas cifras se esconde el día a día de nuestros mayores, principalmente de los que ya no se valen por sí mismos, y de sus familias o cuidadores, que los acogen y se enfrentan a una vida organizada alrededor de ellos. Vivir con un anciano que requiere atención constante resulta duro, y en la mayoría de las ocasiones poco gratificante. Aún así, es una opción elegida por muchas familias y aceptada con resignación por otras tantas, debido a que las infraestructuras gerontológicas de nuestro país resultan insuficientes.

Recordemos, de todos modos, que algunos ancianos gozan de una salud envidiable, tan sólo ensombrecida por pequeños achaques, y que su aportación a los hogares resulta fundamental al hacerse cargo de los nietos o realizar pequeños encargos domésticos. Además, se alcanzan cada vez edades más avanzadas en mejor estado de salud, y muchos mayores no desean renunciar a la independencia de vivir por su cuenta.

También se percibe un lento pero imparable cambio de mentalidad en la sociedad, y al igual que en otros países europeos, cada vez más abuelos optan por vivir solos hasta que requieran asistencia ininterrumpida. El miedo a la soledad desaparece en la medida que son autosuficientes, gozan de un estado de salud aceptable para su edad y hallan actividades a las que dedicarse. Es por ello que los hogares de jubilados, polideportivos municipales y asociaciones de diversa índole realizan una labor fundamental para ellos.

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