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Biblioteca nacional, la guardiana de la expresión escrita

1 septiembre de 2008
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Biblioteca nacional, la guardiana de la expresión escrita

Fundada por Felipe V en 1712 como Biblioteca Pública de Palacio, la Biblioteca Nacional es desde 1836 la institución encargada de salvaguardar, conservar y difundir la sabiduría escrita y grabada a lo largo del tiempo. Entre sus paredes ocupan un espacio concreto y catalogado 30.000 manuscritos, 3.000 incunables, 500.000 impresos anteriores a 1831, seis millones de monografías modernas, más de cien mil títulos de revistas y una colección de veinte mil periódicos distintos. También hay lugar para partituras -más de medio millón de obras, impresas o manuscritas-, decenas de miles de documentos sonoros y audiovisuales; y fondos cartográficos antiguos y modernos de todo el mundo. Incluso postales, cromos y coleccionables de quiosco.

Pero la Biblioteca no es un cámara sellada. Es una librería viva, a la que llegan ejemplares todos los días: obras recién publicadas, colecciones donadas y joyas adquiridas que con su entrada inician un viaje que les lleva desde las cajas de embalaje a su lugar definitivo de donde no se moverán salvo que un investigador solicite su préstamo. La frenética actividad que se desarrolla dentro de estas centenarias paredes de piedra evidencia la buena salud de la cultura y sus expresiones.

20 toneladas de publicaciones al mes

La actividad de un día cualquiera en la Biblioteca Nacional comienza en el muelle de carga y descarga de los sótanos. Las dependencias de entrada acogen al cabo de un mes 20 toneladas de publicaciones: libros, periódicos, grabados, colecciones, partituras, mapas, fascículos, cromos, y todos los soportes digitales y analógicos posibles se organizan en cajas para el proceso de catalogación. De acuerdo a la ley, el impresor está obligado a remitir al menos dos ejemplares de todo aquello que esté reconocido con un depósito legal – el 92% de lo que se publica, en cualquier formato, lo tiene-. Superado el control, una labor que viene facilitada por la red de bibliotecas que realiza el primer inventario y comprueba el número de ejemplares presentados, comienza la ingente tarea de catalogación.

El sello y las cifras estadísticas

En la sala de precatalogación se impone el sello y la etiqueta antirrobo a todos los ejemplares. Cada trabajador se encarga de un tipo de material, y un equipo del Instituto Nacional de Estadística recaba datos de las entradas. Los volúmenes, retirado el plástico si los envuelve, comienzan a responder a una división por formatos y categorías descriptivas que serán las que rijan el siguiente proceso técnico.

Números y signaturas

El ejemplar pasa a formar parte de la Biblioteca en el momento en que es sometido a su registro. Se elabora entonces una descripción técnica y bibliográfica. Se le asigna un puesto de acceso que responde a una fórmula mundial de catalogación y recibe un número que será definitivo. Se separan el ejemplar de conservación y el de depósito, y a éste se le impone su signatura: el conjunto de números y letras que lo identifica y correlaciona con su ficha de búsqueda o préstamo.

Plantas de catalogación

La gran mayoría del fondo contemporáneo se ubica en los depósitos de la sede de la Biblioteca en Alcalá de Henares. Sin embargo, las doce plantas de catalogación guardan las joyas más demandadas por los investigadores. En pasillos interminables, con luz artificial, una temperatura constante y una red laberíntica, se encuentran perfectamente apiladas las revistas -de la primera a la sexta planta- y los libros -las seis restantes- . El orden que ocupan en las estanterías obedece a la talla del volumen y a su signatura. Algunos ejemplares están protegidos en cajas de cartón para impedir que el ácido del papel los deteriore por el paso del tiempo (las piezas más delicadas están microfilmadas). Miles de anaqueles guardan obras manuscritas antiguas y modernas, archivos personales, incunables, impresos medievales, primeras ediciones, obras especiales, de teatro, Cervantes y la biblioteca de referencia especializada.

Las salas: Cervantes, Goya y Barbieri

Para poder tomar asiento en uno de los 308 pupitres de la Sala Cervantes es necesario contar con el carné de investigador o lector. Las obras de referencia son accesibles sin necesidad de reserva; las otras se recogen bajo demanda que, bien puede hacerse in situ, o a través de la página web de la Biblioteca. Igual sucede con los usuarios de las Sala Goya y la Barbieri. La primera archiva dibujos, estampas, ilustraciones y grabados, carteles, ex libris y ephemera (productos impresos sin vocación de permanencia, como cromos, etiquetas publicitarias, envoltorios de productos…) , carteles, fotografías, iconografías y fondos de referencia especializados en arte, así como mapas antiguos y modernos, manuscritos y referencias de cartografía. La sala que recibe el nombre del músico y padre de la zarzuela guarda partituras y libros de música y musicología, manuscritos e impresos, revistas y folletos especializados, archivos originales musicales, registros sonoros, documentos audiovisuales y multimedia, y archivos de la palabra.

La expresión en todas sus formas

La Biblioteca salvaguarda todo lo que se edita, no importa el formato, el tamaño, la trascendencia o el éxito de la obra. La única condición para formar parte de la entidad es poseer el Depósito Legal. Entre 2000 y 2007 lo obtuvieron 1.280.786 títulos. Las cifras también retratan las tendencias del mercado: si en los años 90 se registraron más de 25.000 vídeos y tan sólo 278 DVD, transcurridos diez años, se cuentan 12.000 vídeos y casi 26.000 DVD. Más curiosa es la muerte del disquete: cero registrados en el último lustro frente a los ocho mil de la década anterior. Tendencias de la cultura.