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Talasoterapia : Salud y belleza con sabor a mar

Los centros de talasoterapia deben utilizar agua marina en sus tratamientos, aunque debido al vacío legal del sector en algunas instalaciones no se cumple esa premisa

La clave está en el agua

La falta de normativas y reglamentos españoles que regulen el sector y que impidan la competencia desleal y los abusos a los usuarios, unida al desconocimiento de estos últimos al respecto, ha motivado que a menudo se confundan los términos. Lo primero que debe conocerse es la diferencia entre la talasoterapia, la balneoterapia o termalismo y los centros de SPA. La clave está en el tipo de agua que utilizan en sus terapias: marina en los centros de talasoterapia, termal (minero-medicinal) en los balnearios y agua corriente (del grifo, pero tratada con aditivos) en los SPAS. Para que no nos den gato por liebre, esto es, agua del grifo a la que se ha añadido sal marina, es necesario asegurarse que en el centro de talasoterapia confluyan tres factores: agua salina del mar, aire marino y clima de vertiente marítima. Y para asegurarse estas condiciones, el centro debe estar cerca del mar, tener un aporte continuo de agua marina y seguir unas medidas higiénicas de purificación y tratamiento del agua que no alteren sus propiedades.

Un mar de beneficios

La materia prima de la talasoterapia, el agua de mar, contiene alrededor de 35 gramos de sal por litro. De esa cantidad, el 75% es cloruro sódico y el 25% restante está compuesto por cloruro y sulfato de magnesio y sulfatos de sodio y calcio. Pero sus demostrados beneficios sobre la piel y el organismo se deben al oxígeno, nitrógeno, yodo, flúor, cobre, hierro, cinc y otros elementos, hasta 75, considerados necesarios para el buen funcionamiento del metabolismo humano. Algunas de estas sustancias de origen marino tienen, asimismo, propiedades biológicas muy beneficiosas por ser antitumorales, antibacterianas y antivirales./imgs/20060401/img.informe.03.jpg

Además, la composición del agua de mar es similar a la del plasma sanguíneo, lo que la convierte en una gran medicina para mineralizar el organismo. Es un elemento vivo con un gran contenido en plancton y algas microscópicas que le confieren propiedades antibióticas y estimulantes, con efectos terapéuticos sobre la piel y las articulaciones. Para aprovechar toda su riqueza biológica, en los centros de talasoterapia se somete al agua marina a un proceso específico de depuración y esterilización. El agua que se utiliza en estos centros se recoge a más de mil metros de la orilla y es depurada con rayos ultravioleta para garantizar un perfecto mantenimiento y la total ausencia de gérmenes.

Minerales como el yodo, el potasio, el cinc o el sodio, presentes en el mar, penetran en el cuerpo humano a través de la piel, en un proceso denominado ósmosis, que tiene lugar cuando el organismo entra en contacto con el agua salada y se dan unos niveles térmicos adecuados, entre 35 y 37 grados. El cuerpo absorbe estas sustancias y genera su renovación en el propio organismo. La presión hidrostática del agua provoca además una compresión sobre las zonas sumergidas del cuerpo, lo que favorece el retorno de la sangre venosa al corazón y la activación de la circulación sanguínea.

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