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: CUANDO EL TOPE DE AZÚCAR SE SUPERA EN UN SOLO TRAGO

CON EL CALOR, EL CONSUMO DE BEBIDAS AZUCARADAS SE DISPARA. MUCHAS LATAS DE REFRESCOS CONTIENEN EL DOBLE DE LA CANTIDAD DE AZÚCAR RECOMENDADA POR LA OMS. POR ESO, SU CONSUMO CONTINUADO SE VINCULA CON DIABETES Y ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES. Y UN MITO A DESTERRAR ANTE LA DESHIDRATACIÓN VERANIEGA: EL USO DE BEBIDAS ISOTÓNICAS NO SIEMPRE ES LO MEJOR. LOS ESPECIALISTAS RECOMIENDAN ERRADICARLAS DE LA DIETA Y, A LA HORA DE REFRESCARSE, OPTAR POR EL AGUA.

EL EXPERTO

EL EXPERTO: Antonio González Estrada, fundador de sinazucar.org, proyecto gráfico de divulgación para concienciar sobre la cantidad de azúcar libre que contienen muchos de los alimentos de consumo habitual: «La palabra azúcar suele ocultarse»

¿Sabemos cuánto azúcar tomamos en una lata de refresco?

La mayoría de la gente no es consciente porque no acostumbra a buscar esa información en los envases, y algunos de los que la leen no la interpretan correctamente, ya que suele venir indicada la cantidad de azúcar por 100 mililitros. Muchos consumidores no se dan cuenta de que en una lata hay más del triple de azúcar del que se indica en la cifra del envase.

¿Podemos fiarnos de lo que dicen las etiquetas?

Sí, en cuanto a la lista de ingredientes que aparece como información nutricional. Lo que ocurre es que a veces no es lo bastante clara. El término «azúcar» suele ocultarse y se emplean sinónimos que generan confusión, porque no queda claro si son equivalentes o no. Se habla de sacarosa, se citan azúcares que tienen mejor fama, como la panela, o se recurre a términos eufemísticos como jarabe de glucosa y fructosa.

¿Por qué los fabricantes se resisten a reducir la cantidad de azúcar en las bebidas?

El responsable de nutrición de Coca Cola me lo aclaraba hace poco: una reducción de azúcar hace que el sabor del producto no sea interesante para el consumidor y puede dejar de venderse. Si se sustituye por edulcorantes, se obtiene un sabor parecido, pero muchos consumidores interpretan que se está prescindiendo de un producto natural por otro artificial y, aunque los edulcorantes sean seguros, no todos lo interpretan así. Para conservar su mercado, el fabricante ofrece dos versiones: el refresco normal y la versión con edulcorantes.

¿Los fabricantes influyen en el diseño de las pirámides alimentarias?

Sí. Cada sociedad de especialistas en nutrición tiene la suya y, aunque son parecidas, siempre hay pequeños guiños a los grupos de presión que la apoyan.

¿Qué debería hacer la Administración con respecto a estas bebidas?

La OMS recomienda imponer tasas a las que contienen azúcar. También hay que mejorar el etiquetado. En Chile se han incorporado a los productos unos hexágonos con colores donde, de forma muy visual, se representa la cantidad de azúcar que tienen. Por último, son imprescindibles campañas de formación para los más pequeños. Si en sinazúcar.org una persona con muy pocos medios ha sido capaz de concienciar a mucha gente, el Estado, con todos sus recursos, podría conseguir mucho más.

¿Tendría que limitarse o prohibirse su venta en hospitales y colegios?

Quizá hacerlo en esos lugares podía ser una medida simbólica eficaz para que la gente se diera cuenta de que debe priorizarse el consumo de otras bebidas en lugar de los refrescos azucarados.

¿Debería cambiarse la regulación de la publicidad?

Ahora está vigente el código PAOS, una normativa de autorregulación de la industria que protege a los niños de informaciones que puedan incitar al consumo de productos que fomentan la obesidad. El problema es que es la propia industria la que vigila su cumplimiento, e infringirla muchas veces sale gratis. La autorregulación es poco efectiva. El control debería ser del Estado y prever multas mayores si se incumple la norma.

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