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: Bulos sobre alimentación: cuando a los adultos nos engañan como a niños

A diario, los profesionales de la información que escriben sobre salud y nutrición reciben numerosos comunicados. Esa abundancia de noticias y la búsqueda de titulares llamativos provoca que muchas veces los medios se conviertan en meros trasmisores de bulos.

Mentiras a alta velocidad

Mucha de la información sobre alimentación que reciben los menores llega a través de las redes sociales, como TikTok, Instagram o Twitch. Pese a que la edad mínima para abrir una cuenta en la mayoría de esas plataformas es de 13 años y algunas especifican que hasta los 18 deben hacer uso solo acompañados de un adulto, lo cierto es que los menores navegan con bastante libertad por las redes. Y es uno de los escenarios en los que se concentran y divulgan más bulos.

Controlarlos es complicado por la ingente cantidad de información que fluye a diario. Limitarla es legalmente controvertido. El jurista experto en derecho digital, Borja Adsuara, explica que la Constitución española prohíbe expresamente la censura previa de contenidos (antes de publicarse) y su secuestro o supresión (una vez publicados) solo puede producirse por resolución judicial. “Sin embargo, existen en las redes sociales los ‘Términos de uso’ o ‘Normas de la comunidad’ que dejan en manos –no de expertos ni de jueces–, sino de empresas privadas como Twitter o Facebook, la posibilidad de cerrar una cuenta o borrar ciertos contenidos”, acentúa.

Los internautas, por su parte, no tienen la opción para denunciar una cuenta por difundir bulos. Los algoritmos de TikTok detectan y borran cuentas sin avisar si revelan palabras malsonantes o contenidos ofensivos. Los bulos, al no responder a un formato o palabra clave concreta, pasan por debajo del radar.

En busca de los tuits serios

Carlos Mateos, coordinador de #SaludsinBulos, una iniciativa que combate las mentiras sobre salud con profesionales sanitarios y el aval de 40 sociedades científicas, asume que “la nutrición es el campo de la salud que más bulos genera. Hay mucho interés en comer bien, pero también, mucho desconocimiento”. El Instituto #SaludsinBulos, la Asociación de Innovadores en eSalud (AIES) y Health 2.0 Basque firmaron hace un año un acuerdo de colaboración para fomentar información veraz de salud digital. Tanto desde las cuentas de Salud Sin Bulos como desde su propio perfil (@carloscomsalud) se dedica a desmontar mentiras y aportar informaciones veraces acerca de salud y nutrición.

Por supuesto, no todo lo que fluye por las redes es bulo. Muchos profesionales del ámbito de la salud, la nutrición o la investigación divulgan a diario informaciones relevantes que combaten esas mentiras. Que sea un profesional de la salud, que avale sus ideas con estudios científicos independientes y que cuente con el respaldo mayoritario de otros colegas de profesión es un buen indicio para darle credibilidad. Si no goza de respaldo profesional, solo se preocupa por difundir sus propios mensajes o busca confrontar para aumentar su repercusión y seguidores, hay que desconfiar. “Hay que tener pensamiento crítico, pero no basado en desacreditar a otros profesionales o entidades”, agrega Carmen Pérez, presidenta de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Perfiles como la tecnóloga de los alimentos Beatriz Robles (@beatrizcalidad) o el tecnólogo Miguel A. Lurueña (@gominolasdpetro) son algunos de esos paladines contra los ciberbulos.

En esta línea, la iniciativa @PorcentajeJusto analiza en Twitter la proporción real de esos ingredientes que la industria publicita como el más destacado y que, en muchas ocasiones, no alcanzan ni un 1%. “Hay una industria alimentaria que intenta ponerse lo más bonita posible para la foto, pero le pasa como en Instagram: abusa tanto de los filtros y se aleja tanto de la realidad que te está mostrando una cosa que no es”, insiste la periodista Laura Caorsi, autora del @PorcentajeJusto.

Los bulos más extendidos sobre alimentación infantil

Alimentos enriquecidos con vitamina D para mejorar las defensas y mejorar los huesos. Es uno de los reclamos más recurrentes de la industria en productos como leches o yogures. Desde el Grupo de Educación Sanitaria y Promoción de la Salud del PAPPS (Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria) insisten en que no hay estudios rigurosos que lo avalen y sí muchos que refrendan que estos productos son innecesarios. Para alcanzar los niveles de vitamina D recomendados al día, se aconseja seguir una dieta saludable con alimentos ricos en esta vitamina, por ejemplo, los pescados azules y grasos como el salmón, la caballa o el atún, y una exposición al sol sensata.

Jarabes para abrir el apetito. En su libro Se me hace bola, el dietista-nutricionista Julio Basulto defiende que, como cualquier ser humano sano, los niños tienen un mecanismo autorregulador del apetito. Si no comen más es porque no lo necesitan. Buena prueba de ello es que cuando están pegando un estirón, comen más. Por eso, los jarabes que prometen abrir el apetito de los más pequeños son completamente innecesarios.

Los zumos sustituyen a una pieza de fruta. No, un zumo no es igual que comer fruta. Cuando un niño o una niña toma una pieza entera adquiere la fibra y todos sus nutrientes. Con el zumo, los menores ingieren el azúcar libre en forma de fructosa. Un tipo de azúcar que según la OMS hay que limitar.

La fruta por la tarde altera a los niños. La nutricionista Beatriz Robles, la farmacéutica Gemma del Caño y el dietista Pablo Ojeda desmontan en su Guía sobre bulos en alimentación un mito que se remonta a los años setenta: el azúcar altera a los niños. Este bulo dio como consecuencia que desde algunas fuentes se pensara que las frutas a media tarde trastocan el comportamiento de los menores y los hace más hiperactivos. Según estos expertos, “entre los efectos perjudiciales del consumo de fructosa como azúcar añadido no se encuentra la alteración del comportamiento infantil”.

Los yogures diseñados para bebés son saludables. Desde hace algunos años las estanterías de los supermercados se han llenado de productos dirigidos a los más pequeños de la casa: mi primer yogur, mi primera galleta… Estos productos se revisten de mensajes para parecer saludables, pero en realidad esconden mucha cantidad de azúcar. Además, son innecesarios. Los lactantes de entre 6 y 12  meses no necesitan tomar yogures porque la leche materna cuenta con mejores nutrientes y con menos proteínas. Los menores de esas edades que toman leche de fórmula tampoco los necesitan: con la leche de continuación (tipo ) ya toman demasiadas proteínas. A esas edades es más recomendable la leche artificial que un yogur de este tipo, que, además, lleva azúcar y nata.

¿Verdad o mentira?

Una ‘app’ para sacarnos de dudas Cada vez existen más herramientas para detectar noticias falsas sobre la salud, como la Fundación Maldita o Newtral. Pronto llegará a nuestros bolsillos una más, la aplicación móvil No Rumour Health, un proyecto liderando por la Universidad de Valencia y que cuenta con el trabajo de un consorcio de tres países: España, Grecia y Polonia. El objetivo de esta app, que está en proceso de desarrollo, es ayudar a la gente mayor a diferenciar si las informaciones sobre salud que recaban a través de las redes sociales son ciertas. También quiere convertirse en una guía para que estas personas puedan aprender a identificar las noticias falsas y poder saber qué páginas son fiables.

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