Saltar el menú de navegación e ir al contenido

EROSKI CONSUMER, el diario del consumidor

Buscador

logotipo de fundación

Canales de EROSKI CONSUMER


Estás en la siguiente localización: Portada > Edición impresa >

Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

: Bulos sobre alimentación: cuando a los adultos nos engañan como a niños

A diario, los profesionales de la información que escriben sobre salud y nutrición reciben numerosos comunicados. Esa abundancia de noticias y la búsqueda de titulares llamativos provoca que muchas veces los medios se conviertan en meros trasmisores de bulos.

La nutrición interesa. En los últimos años ha ido calando en la población el mensaje de que una buena salud lleva necesariamente aparejada una alimentación equilibrada y saludable. El público quiere saber más y los medios de comunicación convencionales han visto un filón para atrapar a esos lectores que leen con agrado noticias sobre aquello que pueden poner en el plato o comprar en el supermercado.

Falta de rigor y confusión

Sin embargo, la nutrición se sigue entendiendo como una división menor dentro de la salud y no siempre se aborda con el rigor que debería. Bombardeados por las marcas comerciales, seducidos por la inmediatez de las redes sociales y, muchas veces, conjurados por el poder del famoso clickbait (encandilar con un titular potente, aunque el cuerpo de la noticia no tenga nada que ver), en ocasiones los periodistas se convierten en transmisores involuntarios de medias verdades o bulos.

Los padres y las madres, por su parte, compran productos infantiles convencidos de que son buenos para sus hijos, porque se lo dicen la publicidad, los publirreportajes y algunos influencers. Las noticias falsas llegan a las familias porque ese filtro previo –que se supone que debería hacer el buen periodismo– en muchas ocasiones se ha perdido.

Otras veces, confluyen mensajes confusos o interesados por parte de la industria, que llevan a los padres a comprar ciertos productos que acaban favoreciendo la obesidad de los pequeños. Por ejemplo, informaciones que hablan de que “la vitamina C es necesaria para mejorar las defensas respiratorias”, son usadas por los fabricantes de zumos envasados para promocionar su contenido de vitamina C. Las familias, preocupadas por la salud de sus pequeños, acaban por darles cada día este producto que contiene azúcares libres, lo que aumenta el riesgo de que el niño acabe con sobrepeso.

Algo similar sucede con las galletas o los cereales enriquecidos con vitaminas y minerales. Basta un artículo aparentemente inofensivo haciéndose eco del observatorio de un conocido fabricante, que revela que los niños que siguen una dieta rica en vitamina B sacan más sobresalientes, para que los padres busquen mejorar las notas de sus hijos de la forma más fácil: con galletas, cereales u otros productos enriquecidos. Se pasa por alto que estos alimentos normalmente tienen una carga calórica alta y un alto contenido en azúcares añadidos, dos elementos que inciden en la obesidad infantil.

Sin embargo, se suele pasar de puntillas sobre un hecho muy relevante: nuestros niños cada vez duermen menos y eso incide en un menor rendimiento escolar. Este dato lo incluye el estudio Pasos 2019 de la Fundación Gasol. La falta de horas de sueño no solo lastra las notas, se asocia con una probabilidad de más del doble de presentar sobrepeso u obesidad a lo largo de la infancia y adolescencia.

Conflicto de intereses

Como sucede con todas las ciencias aplicadas, la nutrición no es una ciencia exacta. Está en continua evolución y admite matices. Incluso entre los propios nutricionistas no siempre hay consenso. A veces, se forman corrientes antagónicas que pueden hacer que el periodista se sienta entre dos aguas. Para la periodista especializada en temas de salud y alimentación Marta del Valle, “la evidencia científica sobre la nutrición no cambia tanto. Las únicas investigaciones que añaden ruido son las que llegan auspiciadas por la industria. Por eso, lo primero que debe hacer un buen periodista es analizar de dónde le llega esa información, quién está detrás, antes de dejarse deslumbrar por el mensaje. Si eliminas los estudios con conflicto de interés o financiados de forma interesada por la industria, no hay tanta novedad”.

Sucedió, por ejemplo, hace tres años cuando, en mitad del debate entre azúcares libres e intrínsecos y su papel en la obesidad, la Asociación Española de Fabricantes de Zumos (Asozumos) ponían el foco en un estudio de SGF Internacional que concluía que “el contenido en hesperidina del zumo de naranja es mayor que el de vitamina C”. A este micronutriente se le atribuía un papel cardioprotector. SGF es, en realidad, un organismo autorregulador creado por la industria de los zumos.

Es decir, se trataba de una información interesada que, en palabras de Eduard Baladia, fundador de la Red de Nutrición Basada en la Evidencia, “además de no aportar datos concluyentes sobre esa supuesta acción cardioprotectora, habría que ver si en un vaso de zumo hay suficiente hesperidina para evitar un evento cardio o cerebrovascular. Y lo siguiente sería evaluar el riesgo-beneficio, porque los zumos son bebidas que aportan azúcares libres, clasificados como perniciosos para la salud y cuyo consumo hay que limitar”.

¿Dónde encontrar información veraz?

Instituciones

  • OMS (@WHO)
  • AESAN (@AESAN_gob_es)
  • CSIC (@CSIC)
  • Ministerio de Sanidad (@sanidadgob)
  • Ministerio de Consumo (@consumogob)
  • Academia Española de Nutrición y Dietética (@aedninforma)
  • Health On the Net (@HealthOnTheNet)
  • Instituto #SaludsinBulos (@SaludsinBulos)
  • Fundación Maldita (@maldita)
  • Universidades Asociaciones y Colegios profesionales

Sellos

Páginas web y aplicaciones que lleven los sellos:

  • Web Médica Acreditada
  • Distintivo AppSaludable

Otras cuentas

Para saber de quién nos podemos fiar en internet y las redes sociales, hay que fijarse en:

  • Que sea un profesional sanitario, como un médico o un dietista-nutricionista.
  • Que cuen te con el respaldo mayoritario de otros compañeros de profesión.
  • Que apoye sus afirmaciones con estudios científicos de prestigio.
  • Que no prometa curas milagrosas, pérdidas de peso infalibles o aliente mensajes alarmantes.

Paginación dentro de este contenido

Te puede interesar:

Infografías | Fotografías | Investigaciones