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El 40,6% de los menores de entre tres y ocho años en España sufre sobrepeso u obesidad, y la mayoría de ellos seguirán padeciéndolo de adultos. A la atracción que niños y adolescentes sienten por el azúcar y los alimentos ultraprocesados, se une otro condicionante que empaña aún más su bienestar: solo un 37% de ellos alcanza la hora mínima diaria de actividad física que recomienda la OMS. : Ejercicio físico: la mejor medicina frente a la obesidad

El 40,6% de los menores de entre tres y ocho años en España sufre sobrepeso u obesidad, y la mayoría de ellos seguirán padeciéndolo de adultos. A la atracción que niños y adolescentes sienten por el azúcar y los alimentos ultraprocesados, se une otro condicionante que empaña aún más su bienestar: solo un 37% de ellos alcanza la hora mínima diaria de actividad física que recomienda la OMS.

Un asunto de toda la familia

Las pantallas tienen mucha culpa de todas estas preocupantes cifras, pero también la pasividad de los progenitores ante el ejercicio. Un estudio elaborado por la Universidad Internacional de Barcelona (UIC Barcelona) y publicado en febrero de 2021 por la revista Healthcare, analizó la relación estrecha que existe entre estar sentado delante de una pantalla y la ingesta de los alimentos poco saludables, y concluyó que los niños que pasan más de una hora frente a ellas comen más dulces, bebidas azucaradas, comida rápida y snacks que aquellos que ocupan su tiempo libre practicando deporte. Una vez más, lo mejor es convertirse en un ejemplo y animar a nuestros hijos a practicar habitualmente algún deporte y organizar actividades físicas en familia, como hacer ejercicio, senderismo, paseos al aire libre, nadar, montar en bicicleta, ir en patines…

Los niños y las niñas necesitan que se les acompañe y tener modelos de referencia, bien sus hermanos y hermanas mayores, progenitores u otros familiares, en los que fijarse a la hora de moverse. Solo con el hecho de bajar las escaleras sin usar el ascensor o ir andando al colegio, ya se está dando ejemplo. Los niños aprenden de sus padres, tanto lo bueno como lo malo. Así lo demostró un estudio realizado por la Universidad de La Rioja y publicado en el Journal of Sports Sciencie and Medicine, que escogió aleatoriamente a 1.978 alumnos entre 12 y 16 años. Según estos investigadores, que un adolescente sea físicamente inactivo es cuatro veces más probable si sus padres nunca han participado en actividades físico-deportivas en su tiempo libre. Cuando los padres se involucran en actividades o le dan gran importancia al ejercicio físico, el sedentarismo se reduce.

Educación física: la asignatura pendiente

El colegio desempeña un papel fundamental en la adquisición de esas competencias necesarias para la práctica de la actividad física y para que disfruten realizándolas, sobre todo porque un 80% de los menores solamente las realiza durante el horario escolar. España es uno de los países europeos que dedica menos horas semanales a la Educación Física. En concreto, una media de dos horas. A caballo entre las tres horas que aconseja el Parlamento Europeo y el mínimo de una hora semanal que estipula la legislación española. Esto hace que la mayoría de las comunidades autónomas impartan dos horas, aunque hay nuevos posicionamientos. Madrid, por ejemplo, acaba de aprobar la tercera hora, que se implantará a partir del curso 2022-2023. No obstante, todavía estamos muy lejos de las que imparten países como Francia, que dedica cinco horas del horario escolar al ejercicio. Este es precisamente el país que, según Vicente Martínez de Haro, profesor de Educación Física, Deporte y Motricidad Humana de la Universidad Autónoma de Madrid, debería servirnos de ejemplo.

“El modelo francés de Secundaria consiste en dos horas de Educación Física y tres horas de actividades físico-deportivas, un total cinco horas a la semana. La asignatura de Educación Física consiste en enseñar a través del movimiento y aspira a formar futuras personas activas y conscientes de lo que pueden hacer, por qué, cómo y qué capacidades tienen. La actividad físico-deportiva se trata simplemente en practicar aquello que a uno le gusta”, analiza Martínez de Haro. En el sistema educativo hay que buscar un equilibrio entre las diferentes asignaturas para obtener ciudadanos cultos y bien formados para el futuro, enseñando aquello que les sea útil. En una línea parecida está Alejandro Lucía Mulas, catedrático de Fisiología del Ejercicio en la Universidad Europea. Este estudioso del ejercicio opina que “debería ser una asignatura diaria, llamarse Actividad Física y dedicar, al menos, una hora de juego activo, como caminar rápido o saltar todos los días, además de dos o tres sesiones semanales de fortalecimiento general (tipo gimnasia)”.

Un profesor bien formado y que motiva

Lucía Mulas destaca el papel esencial de los maestros. “La salud de los adultos del mañana depende mucho de estos profesionales, aunque hasta hoy he tenido mis dudas sobre si las clases de Educación Física han hecho más contra el sedentarismo o más bien a favor de este”. El especialista hace referencia a ciertas metodologías que durante años se han implantado en las clases y que a su juicio hay que cambiar. “Por ejemplo, al niño con sobrepeso y poco dotado para el deporte le puedes apartar para siempre de una vida activa o de que le guste hacer deporte si le pones a competir en inferioridad de condiciones frente a chavales con una mejor predisposición genética o a hacer un test de Cooper, que consiste en recorrer la mayor distancia en 12 minutos. No se trata de enseñar deporte –que es maravilloso, pero que yo dejaría para actividades extraescolares–, sino de practicar actividad física y, por tanto, salud”, explica el profesor de la Universidad Europea.

Patios inclusivos: juegos para todos

Los expertos aseguran que, además de la importancia de ampliar el número de horas dedicadas a la actividad física en los centros, hay que implantar más recreos activos. Esta iniciativa requiere de un rediseño del patio, pero también de la monitorización de profesores o de un equipo encargado de mantenerles activos y evitar el aislamiento que se produce entre muchos alumnos que no encuentran alternativas para el juego o la actividad física. Muchos de los conflictos entre los alumnos nacen en el recreo y gran culpa de ello la tiene el hecho de que tradicionalmente en estos espacios no han existido actividades y posibilidades de ocio para todos ellos.

En el patio se corre de un lado para otro y se grita mucho, pero pocos menores son capaces de agruparse y jugar. Por otro lado, el fútbol en la gran mayoría de los centros escolares es el rey del recreo y, literalmente, sus pelotazos se adueñan de él, dejando poco espacio para aquellos a los que no les gusta su práctica. Hace ya tiempo que los docentes se percataron de que el patio tradicional era urbanísticamente agresivo y decidieron sustituirlo por otro más amable desde el que reeducar a los alumnos en el juego y en el que tanto niños como niñas estuvieran incluidos. Los valores que se transmiten en el aula, de empatía, respeto, tolerancia y diversidad, había que trasladarlos también al recreo. Esa es la idea del patio inclusivo, un proyecto que ya se ha materializado en muchos centros y que, según sus responsables, funciona.

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