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: Derecho a reparar: ¿el fin del usar y tirar?

Europa se pone al frente de la lucha contra la obsolescencia programada con un plan para impulsar la reparación de los dispositivos tecnológicos. España da un paso más con una nueva norma que amplía la garantía de estos productos. Pero, ¿qué suponen estas nuevas medidas para los consumidores?, ¿afectan a todos los productos? Repasamos todo lo que implica esta nueva normativa y lo que queda por hacer

El teléfono móvil o esa lavadora de última generación que compramos no duran tanto cómo esperábamos? La respuesta está en una bombilla. Concretamente, en una de 1924, año en que se reunieron los principales fabricantes de estos productos –entre ellos, Osram, Philips o General Electric– para encontrar una forma de incrementar sus beneficios económicos. La solución: un documento en el que se comprometían a limitar conscientemente la vida útil de sus productos a 1.000 horas, en lugar de las 2.500 horas que alcanzaban entonces. Así nació lo que hoy conocemos como obsolescencia programada, el proceso por el que el que se dicta de forma intencionada el fin del ciclo de vida de un bien de consumo electrónico.

Este fenómeno ha regido el contexto de consumo de electrodomésticos y tecnología, fomentando el consumo rápido y ese patrón de “usar y tirar” que la Agenda 2030 espera diluir en las próximas décadas. Decenas de organizaciones internacionales y gobiernos llevan tiempo intentando luchar –sin éxito– contra la obsolescencia programada, un verdadero quebradero de cabeza para los consumidores, que se encuentran, de un día para otro, con aparatos que dejan de funcionar y con reparaciones extremadamente caras.

Garantías de tres años

Un nuevo cambio en la actual normativa de consumo española ha dado un paso más en el principio del fin de la obsolescencia programada. A partir del 1 de enero 2022, se ampliará la garantía obligatoria para cualquier bien de consumo duradero –como los móviles, ordenadores, tablets, neveras, lavadoras– de dos a tres años. Esto quiere decir que el consumidor tendrá un año más para que el fabricante repare cualquier avería sin un coste adicional. Además, también estará obligado, por ley, a mantener disponibles sus piezas de repuesto durante diez años (el doble que antes), con el objetivo de facilitar la reparación. La reforma de la ley de consumidores aprobada a finales de abril incluye otro novedoso hito: la regulación sobre contenidos digitales.

Ante el auge del comercio online en España, especialmente en el último año, el Gobierno ha decidido tomar cartas en los servicios digitales (como las apps, los juegos, las plataformas de música o los libros electrónicos), y ha ampliado a dos años la garantía de esos productos y ha establecido que “tengan las cualidades de durabilidad, accesibilidad, continuidad, compatibilidad y seguridad”. Además, el fabricante deberá avisar al consumidor de las correspondientes actualizaciones.

Productos que duran más

“Nos parece todo un acierto. Esta reforma incorpora la durabilidad de un producto como un criterio objetivo para que el consumidor evalúe si está conforme con la compra, de tal modo que, cuando un artículo se rompa mientras esté en garantía, el cliente podrá elegir entre repararlo o sustituirlo (una decisión que, hasta ahora, tomaba el fabricante)”, explica Alicia García-Franco, directora de la Federación Española de Recuperación y Reciclaje. “Lo que el Ministerio busca con estos cambios en la duración de las garantías es incrementar la durabilidad de los bienes en la lucha contra la obsolescencia y reducir su impacto medioambiental”. No obstante, todavía no queda claro si estas medidas serán de carácter retroactivo, es decir, si afectan a los productos que ya tenemos, o bien si se aplicarán a partir del momento en que la ley entre en vigor (es decir, si solo afectarán a las nuevas compras).

¿Por qué dejan de funcionar?

Obsolescencia funcional (o incorporada). Provoca que el producto falle de manera predeterminada por el fabricante. Es la más conocida. Este sería el caso de una impresora que tras hacer 2.000 copias deja de funcionar.

Obsolescencia de diseño (o psicológica). Convierte un producto en obsoleto cuando deja de estar de moda. El mejor ejemplo es el de la ropa: las marcas generan nuevas colecciones cada 15 días, invitándonos a dejar a un lado la ropa adquirida hace un mes y comprar esa nueva. También ocurre en el caso de los smartphones y sus nuevos modelos.

Obsolescencia tecnológica. Hace que el producto deje de funcionar o vaya mucho más lento porque la tecnología que incorpora de fábrica está desfasada. Por ejemplo, un teléfono móvil que deja de funcionar a los tres años porque su fabricante ya ha producido tres modelos nuevos y decide dejar de actualizar el software de los anteriores.

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