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: La receta de la eterna juventud

La arcilla, el bambú, los papiros, la seda o el papel han servido al hombre para narrar y transmitir su conocimiento y experiencia. Envejecidos y dañados por el paso del tiempo, estos materiales deben ser restaurados por manos expertas para que continúen siendo un legado para las generaciones futuras.

Estudio previo

En su mesa de operaciones, el restaurador se enfrenta a un reto: un misal romano del siglo XVIII. El estudio previo es necesario, así, antes de desmontar el misal el especialista dibuja un esquema del número de cuadernillos que tiene la obra y vuelve a numerar las páginas para asegurar un montaje perfecto tras la restauración. Hace un análisis del papel en cuanto a su composición: si es vegetal o hecho de trapos; su nivel de pH, el grosor… Además, averigua si las tintas son solubles o no ya que de no hacerlo correrían el peligro de disolverse durante la fase de lavado.

Desmontaje y borrado

Como en una sala de operaciones, el misal se coloca en un burro (un caballete que sujeta el libro de perfil) y con la ayuda de pinzas, tijeras e incluso bisturí, se descosen una a una las páginas y los nervios que ligan el bloque de hojas a las tapas. La siguiente tarea, que pone de relieve la infinita paciencia del restaurador, es limpiar cada hoja con polvo de goma de borrar.

Lavado y secado

Cada pliego de cuatro páginas se envuelve en un papel plástico antes de sumergirlo en agua templada. Cuando el agua sale limpia, a veces hacen falta hasta cuatro y cinco lavados, las hojas se depositan en un secadero. Una vez seco, el papel se coloca bajo un peso a la espera de la siguiente fase.

Reintegración

Además de los hongos, los roedores y los insectos también causan estragos en el papel. Reintegrar todos los trozos que no están es la fase más laboriosa de la restauración. Para ello, se escoge papel japón de una tonalidad y un grosor similar al original y se recortan injertos del mismo tamaño y forma para sustituir las partes que faltan.

Encuadernación

El especialista prensa todas las páginas y una vez ordenadas en cuadernillos, los coloca en el telar. Se cosen individualmente y se fijan a los nervios, un hilo más grueso que sirve para unir las tapas al bloque de hojas. Finalmente, sella las guardas (hojas de papel más grueso colocadas al principio y final del libro). El proceso de restauración de una obra que llega en malas condiciones puede ocupar a dos personas durante dos meses.

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