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: La pandemia pasa factura psicológica

De la noche a la mañana hemos sufrido una sobredosis de malas noticias y nos hemos visto abocados a una convivencia intensa. Ahora que el final está más cerca, dos expertas nos ayudan a volver a un escenario que nunca será igual. Pero hay que intentarlo.

El círculo más cercano: los míos

Mi pareja. Un funcionario de las oficinas de registro de la ciudad china de Xi’an explicaba al diario local Global Times que, a medida que transcurrían los días de la cuarentena, aumentaba de forma considerable el número de solicitudes de divorcio. La explicación podría estar en las dificultades que puede entrañar una convivencia tan estrecha durante el confinamiento. En España, según datos del INE, septiembre es el mes en el que se registran y remiten a los juzgados de familia el mayor número de separaciones y divorcios, supuestamente debido a que durante las vacaciones las parejas se ven obligadas a pasar más tiempo juntas y afloran los conflictos latentes.

  • Qué podemos hacer. Un confinamiento como el que hemos vivido pone a prueba a la pareja. Podemos salir reforzados, pero también debilitados. En el segundo caso, el camino que proponen las expertas es el de la asertividad. “No debemos buscar culpables ni centrarnos en aquello que nos molestó, sino poner el foco en aquellas actitudes de nuestra pareja que nos han gustado. A la hora de expresar nuestras emociones, conviene que lancemos los mensajes desde el “yo me he sentido”, en vez del “tú me has hecho”. Conviene también poner distancia: mientras hemos estado en cuarentena es fácil que hayamos magnificado los problemas; una vez terminado el confinamiento podremos darle la importancia real a aquellos desencuentros y, entonces, compartirlo en pareja desde la tranquilidad y el sosiego.

Mi familia cercana. Aquí sí podemos ver la crisis del coronavirus como una oportunidad para redoblar afectos, valorarlos, disfrutarlos y también aligerar tensiones o viejas heridas, si las hubiera.

  • Qué podemos hacer. Básicamente, disfrutar. Y aprender de lo vivido para estrechar la relación. Más llamadas, más contacto. Se trata de no olvidar lo que hemos pasado, lo que hemos sentido, para darle sentido e incorporarlo a nuestra vida. La comida de los domingos, el tacto, el abrazo, la piel: pequeños detalles cuyo potencial hemos recuperado y que conviene no volver a perder. Practiquémoslos.

La tiranía del ‘TOC’

Según la Sociedad Española de Psiquiatría, alrededor del 2,5% de la población española sufre algún tipo de trastorno obsesivo compulsivo (TOC). El más frecuente de todos es el de limpieza, que lleva a creer a quien lo sufre que está en riesgo de contaminarse, lo que le impulsa a llevar a cabo procesos de limpieza repetidos, prolongados e innecesarios. Es habitual que los pacientes se laven una y otra vez las manos, que utilicen productos desinfectantes, que rehúyan el contacto físico con las personas… Nos suena, ¿verdad? Es el comportamiento habitual contra el virus, muy similar a la rutina diaria que siguen las personas con este TOC. Y esto, advierten los especialistas, les puede crear una crisis aún mayor de ansiedad: de alguna manera, todo aquello que les habían dicho que era una obsesión, se vuelve realidad. Y cuantos les rodean buscan tan desesperadamente como ellos un gel desinfectante o una mascarilla. También quienes no sufren este TOC pueden, tras esta crisis sanitaria, incorporar estas recomendaciones a su vida aun cuando llegue un momento en el que ya no son necesarias.

¿Qué se debe, entonces, hacer?

  • Elegir una fuente fiable de información sanitaria y ceñirse a sus recomendaciones.
  • Recordar que se trata de una alerta que, aun siendo real, es transitoria.
  • Diferenciar entre precaución y obsesión: si las autoridades alertan de que todavía existe riesgo de contagio, deberé continuar siendo precavido; si se levantan las restricciones de distancia social y se nos indica que es posible hacer vida normal, proseguir con continuas medidas de higiene puede terminar convirtiéndose en una obsesión.

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