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“La buena voluntad de la industria está bien, pero, si no funciona, hay que establecer reglas” : Entrevista: Alberto Garzón, ministro de Consumo

¿Por qué España, que siempre ha presumido de la dieta mediterránea, tiene uno de los peores datos de obesidad infantil de Europa?

Existe numerosa bibliografía que trata de dar respuesta a por qué se ha abandonado la dieta mediterránea, de manera muy rápida, en las últimas décadas. Algunas claves son coincidentes en los distintos estudios: la expansión de las grandes superficies en las que la mayor parte de los productos son procesados y ultraprocesados en detrimento de la compra en comercios de proximidad, el cambio en los hábitos de consumo y ocio, en el que prima la compra rápida debido a las jornadas de trabajo intensas, la publicidad, que señala la alimentación procesada como “fácil, moderna, accesible y sana”… Hay muchos factores. Estamos trabajando para tener un buen análisis de los elementos y poder diseñar políticas adecuadas y eficaces.

La estrategia NAOS para la prevención de la obesidad existe desde hace 15 años, pero no parece muy eficaz: España es uno de los países con mayores tasas de obesidad de Europa. A la luz de los datos, ¿es razonable seguir apostando por ella? La estrategia NAOS tiene muchísimos elementos positivos y ha permitido dar un salto hacia adelante muy importante en un país que no tenía nada, pero es cierto que hay elementos cruciales, como la publicidad infantil en el código PAOS, que fallan de manera estrepitosa: dependen de la buena voluntad de una industria cuyo criterio rector, por definición, es maximizar beneficios. Ahí hay un conflicto entre los efectos de la salud de los menores y las estrategias de marketing que se utilizan para conseguir esos beneficios.

¿Qué se puede hacer? Como padre de dos niñas, una de dos años y pico y otra de un año, soy consciente de que la mayor ya empieza a absorber una publicidad infantil dirigida, de manera muy agresiva en muchos casos, para que haga uso de un tipo de producto que sabemos no es saludable. Eso no se puede permitir. Desde el punto de vista de la salud, no podemos ir a un código tan suave. Estamos en conversaciones para reformarlo, pero el objetivo es evitar ese tipo de publicidad. No podemos permitirlo, hay espacios con los que no se puede transigir, porque tienen que ver con lo más fundamental, que es la salud. Especialmente, la de los más pequeños.

Además de la publicidad, ¿prevén controlar de algún modo las estrategias de marketing, como promociones de 2×1, descuentos, formatos XXL o la ubicación de estos productos en los supermercados? Queremos abordarlo todo. Pero cuando llegamos y nos dimos cuenta de lo que había que hacer, nos vimos algo desbordados. Cada uno de estos cambios implica negociaciones, y muchas veces no dispones de ese tiempo. La clave está en entender que los menores son un colectivo vulnerable, más sensible a la publicidad. Cuando mi hija ve sus dibujos animados preferidos en un determinado producto, tiende a cogerlo. No hablamos de una persona de 30, 40 o 50 años a la que no vamos a decirle lo que tiene que comer, sí de un colectivo especialmente vulnerable a proteger: los menores. Y ahí las reglas tienen que ser enormemente estrictas. No lo están siendo en la actualidad, porque dependen de la buena voluntad. Y la buena voluntad de la industria está bien, pero si se demuestra que no funciona, hay que establecer reglas.

Qué es la agenda del consumidor

La aplicación y presentación completa de la Agenda del Consumidor, aprobada por la Comisión Europea, es uno de los objetivos de este año en el Ministerio de Consumo. Se ha retomado donde la pandemia la interrumpió, para mejorar la protección de los consumidores en el comercio digital, impulsar un consumo ecológico y sostenible con productos más duraderos y circulares y velar por los colectivos más vulnerables, como los menores. Este último punto se aprobó en enero en un Real Decreto-ley que pide a las empresas responsabilidad a la hora de dirigirse a este colectivo (menores, personas de avanzada edad, con discapacidad funcional, intelectual, cognitiva o sensorial, con bajo nivel de digitalización), trasladándoles información más clara y transparente en campañas publicitarias o en el etiquetado y facilitándoles la gestión de reclamaciones. La Agenda del Consumidor nació, principalmente, con el objetivo de proteger a los consumidores en este momento especial de la pandemia. Estudiará los efectos de la covid-19 en los patrones de consumo para impulsar nuevas políticas que protejan al consumidor dentro y fuera de sus fronteras, online y offline.

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