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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

: Enfermedades, fármacos y conducción, un triángulo peligroso

Conocer los síntomas de la enfermedad, su tratamiento y seguir las directrices del personal sanitario sobre las limitaciones que puedan afectar a la conducción son las claves para conducir con seguridad

El peligro de las alteraciones mentales, enfermedades psicológicas y apneas

Apnea, un peligroso compañero de viaje

Bostezos, nerviosismo, cambios de posición de las manos, errores frecuentes… Los pacientes que sufren apnea del sueño tienen entre 7 y 10 veces más riesgo de sufrir un accidente de tráfico respecto a la población general. Diversos estudios científicos constatan que el excesivo sueño diurno causa hasta un 30% de estos accidentes. Según datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), entre cinco y ocho millones de personas en España sufren apnea del sueño, aunque sólo están diagnosticados, y siguen tratamiento, entre un 5% y un 9% de ellos. La apnea del sueño es una enfermedad muy frecuente entre la población que afecta al 4-6% de los varones, y entre el 2% y el 4% de las mujeres de edad media, y su frecuencia aumenta con la edad. No obstante, el retrato-robot de un afectado por este trastorno es el de un varón, obeso, de entre 45 y 55 años, con cuello corto, ancho y papada, de aspecto congestionado y roncador habitual.

El Reglamento de Conductores establece que no pueden obtener o renovar el permiso de conducir quienes padezcan apnea del sueño. No obstante, si aportan un informe favorable de una Unidad del Sueño en el que conste que siguen un tratamiento y controlan la sintomatología diurna, pueden obtener o prorrogar el permiso de conducir por un periodo de dos años para los conductores no profesionales, y de un año para los profesionales.

Conducir con la mente en otra parte

Determinadas enfermedades mentales y alteraciones psicológicas como la esquizofrenia, depresión, demencia, trastornos amnésicos, trastornos del ánimo, disociativos, delirium o los trastornos de la personalidad invalidan al afectado para conducir, sobre todo durante los brotes agudos. La razón es que los efectos de muchas de estas enfermedades producen una importante alteración de las capacidades cognitivas, motoras y conductuales.

Por ello, en el momento de obtener o prorrogar el permiso o la licencia de conducción, la legislación vigente exige en estos casos un diagnóstico clínico, además de información adicional sobre el deterioro funcional de la persona y sobre cómo este deterioro afecta a las capacidades particulares en cuestión. Con el fin de garantizar estos extremos se requiere el dictamen favorable de un neurólogo, un psiquiatra, un psicólogo y determinados facultativos, en función del tipo de trastorno. En muchos de estos casos es necesario prorrogar el permiso de conducir cada año.

Según se desprende de un estudio de Attitudes, la iniciativa social de la empresa Audi en programas de educación vial, los conductores que asumen más riesgos en la conducción forman parte, en mayor medida que el resto de conductores, de los grupos con sintomatología de ansiedad, estrés y depresión. Estas alteraciones del ánimo modulan en buena medida la forma de conducir de las personas, y son la causa de un número considerable de accidentes. Quienes padecen estrés o ansiedad pueden generar mayores niveles de hostilidad, de agresividad, y de comportamientos competitivos y provocadores, además de una mayor impaciencia y tendencia a aumentar la velocidad, y una menor capacidad de anticipación y valoración del riesgo. Por otro lado, los conductores con cuadros depresivos se enfrentan a numerosas dificultades para lograr concentrarse, incluso piensan en la muerte y el suicidio.

Conducir seguro bajo tratamiento farmacológico

  • Consulte a su médico antes de ponerse al volante si puede conducir, es quien mejor le asesorará y le indicará cuándo puede hacerlo.
  • Infórmese sobre los efectos secundarios de los medicamentos que le ha prescrito el especialista. Lea el prospecto antes de iniciar un tratamiento y observe si especifica que interfiere en la capacidad de conducción.
  • Si constata que la medicación afecta a su capacidad para manejar un coche, no conduzca hasta que finalice por completo el tratamiento. Si lo hace de forma cotidiana, dígaselo a su médico para que le recete o cambie el medicamento por otro más suave.
  • Extreme las precauciones e, incluso, evite conducir en la fase aguda de la enfermedad o en el inicio de un tratamiento, siempre que añada otro medicamento a los ya habituales, o cuando se produzca un cambio de la dosis, ya que el riesgo de afección es mayor.
  • Tenga cuidado con las medicinas que se utiliza para combatir las alergias, catarros o gripes, ya que la mayoría de la población se automedica en estos casos y muchos de ellos están compuestos por antihistamínicos y/o codeína -depresores del sistema nervioso central-.
  • No mezcle los medicamentos con alcohol o drogas. La interacción entre ellos puede aumentar los efectos de estos últimos, o los del medicamento en la capacidad para conducir.

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