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: Dieta cetogénica: “Yo perdí 10 kilos comiendo beicon”

LA LLAMADA DIETA KETO CONSISTE EN REDUCIR AL MÍNIMO LA INGESTA DE CARBOHIDRATOS Y DAR PRIORIDAD A LAS GRASAS. ES LA MÁS BUSCADA EN INTERNET Y SE PRESENTA COMO UNA SOLUCIÓN NOVEDOSA PARA ADELGAZAR, PERO, ¿LO ES? ANALIZAMOS QUÉ PROPONE Y CUÁLES SON SUS EFECTOS.

Las grasas como combustible

Que el principal combustible de nuestro organismo proceda de las grasas tiene consecuencias metabólicas. Si casi no ingerimos hidratos de carbono y agotamos nuestras reservas de glucógeno, comenzaremos a utilizar las grasas como fuente de energía, tanto las ingeridas como las propias. Este proceso, llamado cetogénesis (ketogenesis, en inglés), es el que le da el nombre a la dieta y el que se utiliza para promocionarla. Los reclamos son llamativos (“convierte a tu cuerpo en una máquina quemagrasas” o “adelgaza comiendo beicon”), pero la realidad no es tan sencilla.

Promesas… y problemas 

Diversas promesas acompañan a la dieta cetogénica. Entre las principales, que es eficaz para adelgazar y que pone bajo control la diabetes de tipo 2. ¿Qué dice la evidencia? Según estudios recientes, como un metaanálisis (2015) de la Harvard Medical School, las dietas bajas en carbohidratos y, en particular, las cetogénicas, son mejores que las dietas bajas en grasas para perder peso a corto y medio plazo. A su vez, la reducción de carbohidratos en la dieta mejora algunos marcadores, como el azúcar en sangre, el colesterol, los triglicéridos, la grasa total y la abdominal. Suena bien. ¿Por qué, entonces, no es la panacea? Por dos razones fundamentales. 

La primera es que, mientras se realiza, tiene algunos efectos adversos (ver gráfico). Un compendio de secuelas negativas para el beneficio puntual que genera. La segunda razón que pone en entredicho esta dieta se encuentra en los mismos estudios que documentan sus beneficios: su eficacia solo está demostrada a corto y medio plazo (entre seis meses y dos años), pero no hay pruebas de que se mantenga. No es un detalle menor. “Para perder peso u obtener cualquier otro beneficio atribuible a la dieta, una de las claves más importantes es la adherencia al plan de alimentación”, explica el dietista-nutricionista Julio Basulto. Es decir, que podamos sostenerlo en el tiempo, no solo durante seis semanas, diez meses o tres años, sino durante toda la vida. Y esto es muy complicado de lograr cuando se restringe el consumo de un gran número de alimentos, incluyendo algunos que son saludables, como las legumbres o las frutas. 

“La dieta cetogénica, además de ser muy restrictiva, se aleja de un patrón de dieta sana”, subraya. Este es uno de sus principales problemas. Así, aunque en lo inmediato se consigan resultados, “nadie quiere perder peso y luego recuperarlo, sino mantener la pérdida con el paso de los años sin perder la salud en el intento”, apunta Basulto. El aburrimiento, la monotonía y el hartazgo de comer (o no comer) siempre lo mismo dificulta que se construya un hábito. Muchas veces, estas dietas se acaban abandonando o interrumpiendo con atracones de todo aquello que está prohibido, con su consiguiente efecto rebote. “Esta dieta tiene beneficios a corto plazo, limitados en el tiempo, no está exenta de riesgos y es difícil de seguir”, resume el dietista-nutricionista Juan Revenga. “Si fuese tan maravillosa, fácil y exitosa… ¿Estaríamos ahora con estas dudas?”, se pregunta, y agrega que este método para adelgazar es, en realidad, muy antiguo.

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