Un nutricionista con inteligencia artificial
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha supuesto una revolución sin precedentes y está redefiniendo nuestras vidas de forma que, hasta hace poco, nos parecía de ciencia ficción. Desde que la empresa Open AI presentó ChatGPT en noviembre de 2022, lo que antes era una herramienta reservada a centros de investigación ahora se ha vuelto omnipresente en casi todos los ámbitos de nuestra vida: está en nuestros ordenadores, móviles, televisores e incluso en cientos de aplicaciones.
Entre esas aplicaciones en las que ha irrumpido la IA están las de nutrición. Las hay modestas, que se limitan a escanear etiquetas de productos para ayudarnos a tomar algunas decisiones, las que nos proponen menús o las que son capaces de tomar una fotografía de un alimento y decirnos con más o menos acierto cuántas calorías tiene. También las hay tremendamente atrevidas, como las que nos proponen planes nutricionales completos con menús en función de nuestros objetivos.
Para escribir este artículo le hemos pedido a la dietista-nutricionista Beatriz Robles que se sumerja en cuatro de las más conocidas –Carmen IA, Foodvisor, MyFitnessPal y Noom– para determinar sus fortalezas y sus limitaciones, para saber si sus propuestas tienen sentido y, sobre todo, para ver si sus consejos se ajustan a la evidencia científica y si pueden llegar a aportar las sutilezas, los matices y los temas realmente relevantes que se establecen en un contexto clínico entre un profesional y su paciente. La respuesta, spoiler, es que no; pero veamos por qué, hasta dónde llegan estas apps y lo que las diferencia de un nutricionista cualificado.
Un primer vistazo
La mayoría de aplicaciones proporcionan mucha información rigurosa sobre alimentos o calorías, y en este sentido funcionan como una enorme base de datos con una visualización clara y bonita. También incluyen mensajes con mucho sentido común (“Eres único y tu programa también debería serlo”, “Deja de hacer dieta. Logra resultados de por vida”) y funcionan como un coach artificial que te anima a lograr tus objetivos. Pero no es oro todo lo que reluce.
La dietista-nutricionista Lidia Folgar tiene una opinión contundente sobre este tipo de aplicaciones. “Me parecen un peligro, ya que una aplicación no tiene una historia clínica previa y, por ejemplo, no puede evaluar si esa persona tiene un trastorno alimentario o está en riesgo, lo que puede empeorar su problema de base, que puede no coincidir con el motivo por el que consulta la aplicación”, subraya Folgar.
Beatriz Robles coincide plenamente y añade que entre las que hemos revisado solo dos, Foodvisor y Noom, hacen una anamnesis exhaustiva previa. La anamnesis es el proceso para recopilar información relevante sobre la historia clínica de un paciente mediante una entrevista clínica detallada, incluyendo síntomas, antecedentes médicos, familiares y hábitos. Esta herramienta diagnóstica es fundamental para un dietista-nutricionista para establecer un plan de tratamiento personalizado. “Estas dos aplicaciones están claramente diseñadas con la colaboración de dietistas nutricionistas, porque tienen una anamnesis bastante completa. Te hacen las típicas preguntas que te haría un dietista-nutricionista en una primera consulta”, valora Beatriz Robles.
Algunas limitaciones
Pero “muy completa” no significa “completa del todo” y es por ese resquicio por donde afloran algunos problemas que pueden ser graves. Por ejemplo, las aplicaciones preguntan por enfermedades previas y proporcionan varias opciones, como enfermedad cardíaca, colesterol alto o depresión. “Pero luego hay una casilla para que marques ‘otras’, sin que puedas especificar cuáles”, explica Robles. “Y esa ‘otra’ puede ser cualquiera entre las 1.000 enfermedades que pueden tener su propio impacto en la dieta”. Y lo más importante, matiza la nutricionista, “la IA no tiene ni la capacidad de interpretar más allá de las respuestas literales ni de repreguntar si alguna respuesta es dudosa”.
Lidia Folgar abunda en la importancia del historial clínico: “Una persona puede hacer una consulta por un motivo concreto y como profesionales podemos identificar que en realidad lo que necesita es otra cosa. El paciente no tiene por qué saber qué necesita y puede buscar dietas restrictivas, por ejemplo, o dietas que empeoren un colesterol que ya sale alto en las analíticas”. A estos problemas se añade uno realmente grave: ¿cómo puede una IA detectar un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) cuando el usuario la usa para perder peso?
La única aplicación que incluye una pregunta directa sobre un TCA diagnosticado es Noom, nos cuenta Beatriz Robles, “pero luego la aplicación: ¿cómo lo valora? ¿Cómo lo tiene en cuenta cuando te manda tu planificación? A lo mejor no tienes un TCA diagnosticado, pero tienes factores de riesgo. O a lo mejor lo tienes y no lo tienes diagnosticado todavía. Eso es imposible de valorar por una máquina”. Son aspectos que es difícil que pasen desapercibidos en consulta. “Tienes una relación con el paciente en la que dejándole hablar, puedes detectar aversiones alimentarias que no están justificadas, restricciones de determinados alimentos o que la dieta se está haciendo de una forma restrictiva sin tener una justificación. Ves cosas porque al final tiene ese factor humano de la experiencia más el conocimiento que una aplicación no te puede ofrecer de ninguna manera”, continúa Robles.

Nutrición de la vieja escuela
Tres de las apps analizadas permiten definir objetivos como mejorar la capacidad física, pero al final siempre acaban dando pautas para perder peso. “Es nutrición antigua. Actualmente, es muy raro que un nutricionista se centre en el peso como objetivo. Eso es absurdo. Si estamos buscando una pérdida de peso concreta, lo que en realidad queremos es una pérdida de grasa”, afirma Robles. Un buen nutricionista se centra en los buenos hábitos para ir modificando la composición corporal –la proporción de grasa y músculo–, que sea mucho más favorable para prevenir el riesgo de enfermedades no transmisibles (cardiovasculares, respiratorias, cáncer o diabetes, entre las principales).
Lo importante no es la cifra que refleja la báscula. “Puede ser que alguien que quiera perder 10 kilos vea que solo ha perdido dos, pero a lo mejor su composición corporal es completamente distinta, porque ha cambiado ocho kilos de grasa por ocho de masa muscular”, explica Robles. Todos estos matices, de momento, son indetectables para una aplicación, porque no puede medir los cambios en la composición corporal, algo que sí puede hacer un nutricionista en consulta midiendo los pliegues corporales del paciente.
Otro problema añadido es que las apps analizadas garantizan una pérdida de peso en un tiempo determinado, “algo que un buen dietista-nutricionista profesional jamás se atrevería a hacer”, añade Beatriz Robles. En algunos casos, como Foodvisor, incluso te aseguran que te devuelven el dinero si no has alcanzado tus objetivos: “Habría que ver en qué consiste la garantía dentro de los términos y condiciones, porque surgen inevitablemente dudas sobre cómo se mediría el logro”, opina la nutricionista.
¿El fin de los nutricionistas?
Dejamos para el final la pregunta del millón: ¿podrían llegar a sustituir a la figura de un nutricionista? Como curiosidad, se lo hemos preguntado a ChatGPT y su respuesta ha sido de lo más diplomática: “Estas apps ilustran cómo la IA democratiza el acceso a consejos nutricionales, pero aún enfrentan retos clave: desde sesgos algorítmicos hasta la sobremedicalización de la alimentación. Algunas herramientas educan sobre ingredientes específicos y otras abordan el componente psicológico, pero el futuro podría estar en modelos híbridos que combinen precisión técnica con la empatía humana”. Pero ¿qué opina la inteligencia humana?
“Las veo más como una ayuda útil para obtener ideas sobre qué hacer de comer con lo que se tiene en casa o facilitar una lista de la compra. Pero no creo que nos puedan sustituir. La IA sí puede ser útil para los dietistas-nutricionistas en la práctica clínica”, opina Lucía Folgar. Siempre bajo la supervisión de un nutricionista, una IA en consulta puede servir para facilitar la elaboración de pautas nutricionales o para desarrollar herramientas como asistentes virtuales para mejorar la adherencia de los pacientes. Además, por su capacidad para encontrar patrones y establecer relaciones, con una anamnesis exhaustiva por parte del nutricionista y con unos datos correctos, pueden servir para ayudar a realizar diagnósticos complejos, como sucede ya en otros campos de la salud, como la medicina oncológica. Para Beatriz Robles el factor humano es insustituible: “Y no solo en este sector, pienso también en sectores creativos. Hay un punto que creo que la IA no va a alcanzar, pero por la propia naturaleza humana y por cómo funcionamos. Hay un factor que va más allá de la mera comunicación por palabras, que habla de intuición, de conocimiento, de experiencia y del cruce de todo eso, pero con una visión crítica que creo que la IA no nos puede dar. O esa es mi esperanza”, concluye.
Para analizar las apps, definimos dos usuarios tipo para poder comparar: un hombre de unos 50 años que tiene como objetivo perder grasa y una mujer sobre los 30 que quiere ganar masa muscular. Al final, esta distinción no ha servido de mucho, ya que la mayoría de las aplicaciones solo se centran en la pérdida de peso y las que permiten introducir parámetros como “mejorar la masa muscular”, al final también se centran en el conteo de calorías y el peso. Además, otro aspecto desfavorable: tanto Noom como Foodvisor indican en cuánto tiempo se perderán los kilos, pero a medida que se van completando las preguntas del cuestionario previo ese plazo se va reduciendo sin que esa reducción tenga mucho sentido desde el punto de vista nutricional.“Es un ejemplo claro de cómo se usan técnicas de marketing basadas en neurociencia para mantener la interacción en la app. En este caso, la reducción del plazo es el reclamo que impulsa a los usuarios a seguir usando la app”, explica Beatriz Robles.
Carmen AI
Es la más sencilla. Desarrollada por el proyecto español sinAzucar.org, se presenta como un escáner de alimentos. Con inteligencia artificial, analiza la información nutricional de los productos y ofrece una evaluación clara y concisa, aunque algo simplista, ya que puntúa los alimentos del 1 al 10; un nutricionista pondría ese dato en un contexto mucho más matizado, con la frecuencia y en relación del resto de la dieta. Tiene un chat interactivo al que se le pueden hacer consultas genéricas (“dame ideas para preparar un desayuno saludable”) y ofrece recetas personalizadas a partir de los ingredientes que introducimos, menús genéricos para perder grasa o ganar músculo, menús vegetarianos y veganos y consejos para hacer la compra.
¿Hace una evaluación previa del usuario (anamnesis)? No.
Útil para… Comenzar a cambiar nuestros hábitos.
Pros. Hace sugerencias para sustituir productos poco recomendados por otros de mejor calidad nutricional e incluye explicaciones sobre por qué ciertos ingredientes son perjudiciales, alineándose con la misión divulgativa del creador de sinAzucar.org.
Contras. Enfoque algo reduccionista. No hace anamnesis ni pide ningún tipo de dato al usuario, así que los menús para perder grasa son solo una referencia.
Precio. Gratis. Tiene versión premium por 4,99 €/mes, aunque ofrece descuentos si la suscripción es de seis meses o un año.
Foodvisor
Esta aplicación francesa utiliza reconocimiento de imágenes para analizar platos fotografiados, entre otras funciones. A través de un cuestionario previo establece los objetivos del usuario (“Vivir más años”, “Sentirme más a gusto con mi cuerpo” y así hasta 112 posibilidades). A pesar del enorme abanico de objetivos, en el siguiente paso todo se reduce a perder kilos. Aunque realiza una anamnesis, su impacto real en las recomendaciones es limitado, ya que hasta donde sabemos no adapta los planes en función de enfermedades declaradas. Por ejemplo, pregunta por enfermedades y existe la opción “otra”, pero no se interesa por saber cuál es.
¿Hace una evaluación previa del usuario (anamnesis)? Sí. La más completa de las analizadas.
Útil para… Conocer información sobre los ingredientes y las calorías de nuestros platos.
Pros. Identifica ingredientes y estima calorías, envía mensajes alentadores (“creemos en ti”) tras registrar comidas, reforzando hábitos positivos. Ofrece recetas con información nutricional detallada y envía consejos cada día basados en la evidencia científica.
Contras. Todos los objetivos pasan por la pérdida de peso y da estimaciones poco rigurosas sobre el tiempo que se tardará en conseguirlo (pérdidas de seis kilos en un mes). Ofrece una garantía de devolución del dinero si no se “pierde peso” en un mes, pero el proceso es poco transparente.
Precio. Gratis. 29,99 €/mes en su versión premium.
My Fitness Pal
Es una de las aplicaciones más populares para el seguimiento de la alimentación y el ejercicio y fue lanzada en 2005. No realiza una anamnesis completa como Foodvisor y Noom, pero contiene una base de datos muy exhaustiva sobre ejercicio y alimentación. También ofrece registro de alimentos con escaneo de etiquetas o seguimiento de ayuno intermitente. La versión gratuita permite registrar alimentos y entrenamientos, pero con publicidad y funciones limitadas. La premium, de pago, incluye análisis más avanzados de nutrientes, objetivos por comida, eliminación de anuncios y planes personalizados.
¿Hace una evaluación previa del usuario (anamnesis)? No.
Útil para… Obtener información sobre alimentos y ejercicios.
Pros. Tiene foros y grupos en los que los usuarios pueden compartir experiencias y consejos y se sincroniza con apps y dispositivos como las pulseras de actividad Fitbit, Garmin, Google Fit y Apple Health. Puede ayudar a crear hábitos más saludables.
Contras. Aunque separa muy bien los objetivos, en la práctica lo reduce todo a las calorías y a la pérdida de peso, algo que puede generar obsesión en algunas personas.
Precio. Gratis. El plan premium cuesta 9,99 €/mes o 49,99 €/año.
Noom
Esta aplicación de salud y pérdida de peso combina el seguimiento de la alimentación con aspectos psicológicos para ayudar a los usuarios a cambiar sus hábitos a largo plazo. Se diferencia de otras porque incorpora técnicas de cognición conductual (ayuda a modificar los pensamientos y comportamientos negativos) para cambiar la relación con la comida. Tiene una anamnesis bastante completa, aunque algo menos que Foodvisor. Permite llevar un control de las comidas y su impacto en el objetivo de peso, asigna un coach virtual que brinda apoyo y responde preguntas. También incluye un grupo de apoyo con otros usuarios.
¿Hace una evaluación previa del usuario (anamnesis)? Sí.
Útil para… Mejorar nuestra relación con la comida a través de técnicas cognitivo-conductuales.
Pros. Tiene artículos diarios que enseñan a gestionar antojos, estrés emocional y porciones, usando técnicas cognitivo-conductuales. Se presenta más como un programa de reeducación nutricional que como una simple app de conteo de calorías. Se sincroniza con otras aplicaciones como Google Fit y Apple Health.
Contras. Como en todas, a veces es poco realista en sus planes de pérdida de peso. Requiere constancia por parte del usuario para asimilar toda la información que proporciona.
Precio. La suscripción es de 27,25 €/mes, aunque se puede probar por 1 € durante 14 días.