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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Perreras: analizadas las instalaciones de acogida de animales gestionadas, contratadas o subvencionadas en 18 capitales españolas: Las perreras ofrecen un servicio aceptable, pero necesitan mejoras en información y servicios

- La limpieza y la seguridad, lo mejor de estas instalaciones
- El abandono de un animal puede costar a su dueño hasta 210 euros y la adopción, 85 euros
- Se han hallado grandes diferencias entre unas ciudades y otras
- Sólo en cuatro centros de los 18 visitados reconocen sacrificar los animales

  Las perreras no gozan de buena imagen. Se asocian a lugares insalubres en los que los animales aúllan hacinados y mugrientos mientras aguardan el momento del sacrificio. La realidad, sin embargo, no sustenta este prejuicio. En líneas generales, sus infraestructuras son amplias y las mascotas (la mayoría perros, pero también gatos, y en algún caso incluso caballos o loros) disponen de espacio, alimento e higiene suficientes. Su estado es aceptable, aunque las deficiencias son significativas. Las principales: una información y atención al ciudadano escasa y una dotación de servicios mejorable (una de cada cuatro no cuenta con controles veterinarios periódicos y una de cada tres no sigue un calendario de vacunas). Así lo ha comprobado CONSUMER EROSKI en el análisis de los 18 centros de referencia gestionados, contratados o subvencionados por los ayuntamientos de otras tantas capitales. También se ha constatado que, aunque pueda resultar paradójico y contrario al fomento de actitudes cívicas, dejar un perro en estos centros no sale gratis. Si una persona decide desprenderse de su mascota y acude a una perrera, en seis de las 18 ciudades deberá desembolsar una cantidad que va desde los 25 euros hasta los 210 euros. En dos de cada tres de las capitales también tendrán que pagar quienes deseen adoptar alguno de los animales depositados en estas instalaciones (desde 10 euros hasta 85 euros) o aquellos propietarios cuyo can se ha extraviado y lo han recogido y cuidado los servicios municipales (el coste depende, entre otros factores, del número de días que ha permanecido en la perrera).

Trabajo no falta en las perreras. Según datos de la Fundación Affinity, en nuestro país se recogieron en 2008 casi 120.000 perros sin hogar y sólo uno de cada cuatro fue adoptado. Estos números refuerzan la conveniencia de los más de 300 centros de protección animal en funcionamiento en España. CONSUMER EROSKI ha visitado 18 centros gestionados, contratados o subvencionados por la autoridad municipal en A Coruña, Alicante, Barcelona, Bilbao, Cádiz, Córdoba, Granada, Madrid, Málaga, Murcia, Oviedo, Pamplona, San Sebastián, Sevilla, Valencia, Valladolid, Vitoria y Zaragoza. Se solicitó información a los 18 ayuntamientos y los técnicos de la revista, haciéndose pasar por ciudadanos interesados en adoptar un gato o un perro, visitaron las instalaciones en el mes de julio. De esta forma, se pudo comprobar su estado, mantenimiento y limpieza, así como el de los animales que allí se alojaban. También se evaluó la dotación de servicios y de personal, las rutinas de alimentación de los animales y la atención sanitaria que se les brinda.

  Los centros con mejor valoración ('muy bien') fueron los de Barcelona, Madrid y San Sebastián. Les siguen, con una calificación de 'bien', Murcia, Sevilla, Valencia, Vitoria y Zaragoza. Los de Valladolid, Málaga, Pamplona, Granada, Cádiz y Alicante se quedan en un mediocre 'aceptable', mientras que las peores valoraciones corresponden a los centros de A Coruña, Bilbao, Córdoba y Oviedo, que suspenden con un 'regular'.

Los animales precisan cuidados especiales cada día (higiene, vacunas, alimentación, etc.) y los centros de protección animal deben tener una plantilla suficiente para atenderlos de manera correcta. Pese a ello, ninguna ordenanza establece una relación del número de cuidadores y veterinarios precisos. Lo habitual es que en estos centros trabajen entre uno y tres veterinarios, a los que se suman cuidadores, personal de administración y guardas de seguridad. Su dotación varía de unas ciudades a otras, aunque la mayoría se sitúa entre cinco y diez personas. Su labor se complementa con la colaboración de voluntarios, particularmente destacada en Barcelona (50 personas) y, en menor medida, en Madrid y Vitoria (7 personas).

Los centros estudiados con mayor capacidad son los de Madrid (500 animales), San Sebastián (440), Oviedo (350) y Málaga, Córdoba y Barcelona (con 300 plazas en cada uno de ellos). El resto atienden menos de 150 mascotas (el centro más pequeño de los visitados fue el de Bilbao, donde sólo puede acogerse a una treintena, aunque se halla en proceso de ampliación). Esa capacidad se ve sobrepasada en ocasiones por el número de animales que se quedan sin dueño. Así ocurría en cinco centros: Granada, Sevilla, Valladolid, Alicante y Valencia. En los dos últimos casos, el número de perros y gatos duplicaba el de plazas disponibles.

Sacrificar o no a los animales

  ¿Qué hacer cuando se ven desbordados? Sólo en cuatro ayuntamientos o refugios consultados (Córdoba, Murcia, San Sebastián y Zaragoza) admiten que sacrifican a los animales. El resto opta por poner en marcha una campaña de adopción urgente (A Coruña, Oviedo y Vitoria) o los trasladan a otros centros (Barcelona, Bilbao, Madrid, Málaga, Pamplona, Valencia y Valladolid). En Granada y Sevilla no facilitaron esta información, pero sus ordenanzas establecen que una vez cumplido el tiempo máximo que pueden estar en el centro, se llevará a cabo la donación o el sacrificio. Eso sí, en todos los refugios se sacrifican los animales cuando estos son agresivos o tienen enfermedades graves y/o infecciosas o sufren heridas graves por maltrato.

El sacrificio de los animales de compañía es una decisión que genera controversia. En la mayoría de las ocasiones el destino de una mascota cuando ésta es abandonada y ninguna familia la adopta es la muerte. Pese a ello, son conocidas algunas iniciativas pioneras, como la del Ayuntamiento de Barcelona, donde por ley se prohibió el sacrificio de los animales domésticos en la perrera municipal, potenciando así otras medidas como campañas de concienciación y controles para evitar los abandonos. Según los datos obtenidos a través de los ayuntamientos y los encargados de los refugios, en 2008 se sacrificaron 10.362 animales de compañía en los 12 centros donde proporcionaron esta información (en el resto de las ocasiones, indicaron que no les estaba permitido facilitar los datos).

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