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El tamaño del jardín, el coste de los sistemas y el tiempo que se quiera dedicar al cuidado de las plantas determinarán la elección
Gran parte del éxito del jardín se basa en un óptimo diseño del sistema de riego. Si se hace a mano, se pueden corregir carencias de agua de algunas zonas del jardin y adoptar medidas adecuadas para que ningún rincón quede sin regar. Pero si se opta por un sistema mecánico, hay que elegir meticulosamente la mejor ubicación de los aspersores, difusores y goteos para asegurar una cobertura perfecta a todas las plantas y zonas del césped. La cantidad de agua necesaria para ajustar el sistema depende del tipo de arbusto, su grado de desarrollo, el sustrato de la tierra, la estación del año, la climatología, el viento, la humedad ambiental, la cantidad de las últimas lluvias, la humedad ambiente, y un largo etcétera. Se puede concluir, pues, que la única manera de acertar con el riego es el mimo: el jardinero ha de observar e interpretar las señales que las propias plantas envían.
El método que se escoja depende del tamaño del jardín, del coste de los sistemas y del tiempo que se quiera dedicar al cuidado de las plantas.
El mejor momento para regar césped y plantas es a primera hora de la mañana
Una planta dentro del hogar recibe mucha menos luz de la que originariamente necesitaría. Para aguantar, los estomas se abren parcialmente, la planta transpira poco y por tanto, consume menos agua. Si anegamos el substrato, éste permanecerá largo tiempo en estas condiciones puesto que hay poco consumo de agua. Las raíces se asfixian y la planta muere. Cuando una planta está en el interior hay que regarla hasta el límite de la tacañería. Incluso conviene que nos acostumbremos a observarla cada día y esperemos a regarla cuando muestre los primeros síntomas, casi imperceptibles, de que necesita agua.
Un concepto que poco tiene que ver con el riego es la conveniencia de suministrar humedad al ambiente. En el caso de plantas en el interior se puede tener el ejemplar encima de una superficie con agua (un plato grande), cuidando de levantar la maceta con algún objeto sólido, como piedras, con el fin de que el agua no empape las raíces. La evaporación del agua del plato bastará para compensar los ambientes secos de en hogares. Las plantas de exterior suelen estar más a gusto en una zona que contenga una gran cantidad de vegetación, como puede ser un parque. La transpiración de la masa verde a su alrededor proporciona una humedad adecuada. En el caso de plantas en ambientes más secos como pequeños jardines poco frondosos, hay que compensar esta carencia con cualquiera de los métodos que la imaginación y la conveniencia aconsejen. Desde tener un sistema de aspersores que se ponga en marcha medio minuto cada hora (cuidando de que el agua no moje las hojas al sol) hasta rociados manuales con manguera. Cualquier método es bueno con tal de proporcionar humedad ambiente.
Es cierto que jardineros profesionales recomiendan regar por la mañana en invierno y por la tarde en verano, entendiendo que en el estío se aprovecha mejor el agua en las horas vespertinas porque no se evapora tan deprisa. Pero la premisa, sin ser falsa, olvida que si se riega por la tarde o noche, el agua permanece largo tiempo ahogando las raíces, sin ser utilizada. El mejor momento para regar es pues la primera hora de la mañana. En el caso de un césped en el que los aspersores pueden estar funcionando durante una hora, habrá que ajustar el programador para que el riego finalice al alba, un rato antes de que salga el sol.
Sin importar el sistema que se escoja, el objetivo es siempre el mismo: devolver a las raíces el agua que necesitó la planta, y por tanto usó, y que se evaporó. Se debe considerar el tipo de tierra, la flora que se posee y el clima al decidir cuánto y cómo a menudo se debe regar. El suelo arenoso retiene menos agua que el arcilloso; las plantas grandes usan más agua que las recién brotadas; el tiempo caluroso y ventoso deseca la tierra.
En vez de seguir un horario basado en cálculos o en el calendario, vigile sus plantas para saber cuándo necesiten agua, aunque siempre teniendo en cuenta que:
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