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: Vía libre

Disfrutar del aire fresco sin aglomeraciones. Seguramente, muchos buscamos sugerencias con ese reclamo en estos días. Recorrer los antiguos trazados del ferrocarril se perfi la como una opción saludable, segura y sostenible. Nos aguardan 3.000 kilómetros de vías verdes. Peatones y ciclistas, sois bien recibidos.

Una vía verde es un itinerario que discurre sobre antiguas infraestructuras ferroviarias y que se diferencia de otros caminos por su origen, vinculado al tren, y por su accesibilidad. Todos estos senderos, que en España suman casi 2.900 kilómetros, han sido acondicionados para ser recorridos a pie, en bici o con patines por adultos y niños, así como para que las personas con discapacidad puedan disfrutar de ellos. 

Ahora que la covid-19 ha modificado el turismo tal y como lo conocíamos hasta la fecha, estos hermosos caminos se perfilan como una interesante opción para respirar aire puro y disfrutar del verano sin aglomeraciones. Transitarlos con prevenciones está permitido desde la fase 1, pero siempre respetando las medidas establecidas por las autoridades sanitarias –tardaremos en olvidarlas– y guardando la distancia de seguridad. Entre una bici y un peatón, por ejemplo, lo recomendable es dejar 10 metros. Entre dos ciclistas, 20. 

“Es posible que en julio y agosto haya más afluencia de la habitual debido a las previsiones de incremento del turismo de interior, rural y de proximidad”, aventura Arantxa Hernández, jefa del área de Vías Verdes de la Fundación de Ferrocarriles Españoles (FFE), institución que registró la marca en 1994. Según ella, la seguridad está garantizada, ya que se trata de espacios con baja densidad de uso, “especialmente los ubicados en la llamada España vaciada”. Aun así, apela a la responsabilidad individual y colectiva. “Lanzarse a descubrir estos caminos tras la crisis sanitaria no solo es una alternativa sensata, sino también una manera de mitigar el déficit de naturaleza derivado del confinamiento y de ayudar a la economía local de las zonas que atraviesan”, señala. 

Cada tren, una historia

En la actualidad, existen en nuestro país 120 vías verdes. Empezaron a recuperarse en 1993 por el Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente de la época, una tarea en la que hoy participa el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, principal inversor en infraestructuras, pero también Adif, gobiernos autonómicos, diputaciones y ayuntamientos, así como distintos grupos ciclistas, ecologistas y colectivos ciudadanos. En la web www.viasverdes.com pueden consultarse los detalles de todos los itinerarios disponibles, repartidos por casi todas las Comunidades Autónomas. 

Cada ruta cuenta con una ficha en la que se especifica la longitud, el tipo de superficie, las infraestructuras, los accidentes geográficos o el patrimonio cultural distribuido por el sendero o la historia de la ruta. La app móvil Vías verdes y Red Natura 2000 (para Android), que geo-localiza cualquier punto de las rutas, y el canal de YouTube Vive la vía también son buenas herramientas para decidirse por una u otra. Las hay para todos los gustos: de montaña, de llanura, de costa, de interior, de bosque, de campiña, mediterráneas, atlánticas… “Si algo tienen en común, es su combinación de magia y naturaleza”, asegura Hernández.

Los niños, más que bienvenidos... incluso en carritos

En general, los itinerarios son fáciles, accesibles y seguros y, por lo tanto, perfectos para menores. La pendiente máxima suele rondar el 3-4% de desnivel, pero si se va con niños quizás una buena idea sea escoger una ruta con predominio de bajada.No obstante, todo dependerá de la edad de los menores y de lo acostumbrados que estén a pedalear. Cuando se salga en familia, desde Vías Verdes recomiendan acudir sin una meta concreta, puesto que seguramente los niños se entretendrán con cada cosa que encuentren a su paso. “Vale la pena dejar que disfruten del camino a su propio ritmo. Mejor ir con espíritu relajado, y no a devorar kilómetros”, señala Sharon Martínez de Eguílaz, de Vías Verdes. Otro buen aliciente, aseguran, puede ser escoger una ruta que tenga antiguas estaciones de ferrocarril recuperadas “para hacer una parada, tomar algo y dejar que los niños jueguen soñando con viejos trenes”. En los trazados es habitual ver a familias usando sillitas o carritos para transportar a los niños pequeños. También sistemas como trailgator, que permite remolcar bicis infantiles con una bicicleta de adulto en caso de fatiga. Todos están permitidos.

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