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: Verdad o mentira: cigarros electrónicos, no hay calada inocua

NACIÓ CON LA IDEA DE AYUDAR A DEJAR DE FUMAR, PERO HA CONVERTIDO EN ADICTOS A MUCHOS QUE NUNCA HABÍAN FUMADO. SEGÚN UNA ENCUESTA DEL MINISTERIO DE SANIDAD, LA MITAD DE LOS ADOLESCENTES LO HA PROBADO Y EL 92% LO CONSIDERA UNA ALTERNATIVA SALUDABLE AL TABACO. PERO LA CIENCIA CUESTIONA SU INOCUIDAD Y ALGUNOS PAÍSES YA PROHÍBEN SU VENTA. DESMONTAMOS LOS MITOS DETRÁS DE ESTOS DISPOSITIVOS.

Nació con la idea de ayudar a dejar de fumar, pero ha convertido en adictos a muchos que nunca habían fumado. Según una encuesta del ministerio de sanidad, la mitad de los adolescentes lo ha probado y el 92% lo considera una alternativa saludable al tabaco. Pero la ciencia cuestiona su inocuidad y algunos países ya prohíben su venta. Desmontamos los mitos detrás de estos dispositivos.

El vapor del vapeo no resulta tóxico / Falso

Cuando se habla de las sustancias que lleva el cigarrillo electrónico, hay que mencionar las que están en el líquido y las que se producen como consecuencia de su calentamiento y que se manifiestan a través del vapor.

  • El líquido con el que se cargan contiene mayoritariamente propilenglicol (considerado seguro cuando se utiliza en la alimentación, los medicamentos o la cosmética, pero se desconoce si lo es al inhalarse), la glicerina (segura, también, por vía oral) y la nicotina (en dosis entre 0 y 36mg/ml), sustancia tóxica y adictiva. También se añaden saborizantes y otros aditivos, generalmente, para disminuir la irritación en la faringe.
  • El vapor está cargado de diferentes sustancias, algunas en común con el tabaco, como el formaldehído, el acetaldehído y las acroleínas, además de metales como níquel, cromo y plomo. Todos estos compuestos están asociados con el riesgo de padecer cáncer. Aunque es cierto que en los cigarrillos electrónicos se encuentran en concentraciones más pequeñas que en el tabaco, según señala la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) se producen en una cantidad suficiente para ser capaces de desarrollar la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), infecciones respiratorias, neurotoxicidad (toxinas que atacan al tejido nervioso) y enfermedades vasculares.

El tabaco es mucho peor para la salud / Verdadero

“Cualquier cosa comparada con el daño que provoca el humo del tabaco siempre saldrá ganando. Pero eso no significa ni que el vapeo sea inocuo ni que su consumo no represente un problema para la salud”, señala Jaime Signes, neumólogo y coordinador del Área del tabaco de SEPAR. Es cierto que los cigarrillos electrónicos no contienen ni queman tabaco, un proceso que produce unos 7.000 productos químicos, incluidos al menos 70 que causan cáncer. Pero también se ha observado que el nivel de algunas de las sustancias potencialmente cangerígenas que comparte con el tabaco, en concreto el formaldehído y la acroleína, es tan alto como el del humo del cigarrillo. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE UU (FDA) examinó el líquido de 18 marcas de vapeadores y observó sustancias tóxicas y cancerígenas que los fabricantes no habían declarado en su composición (aprovechando el vacío legal en su regulación). Ejemplo: el dietilenglicol, utilizado también como anticongelante.

Tiene un riesgo reducido / falso

El vapeo es relativamente nuevo (los primeros dispositivos aparecieron en 2000), por lo que no existen informes epidemiológicos de años que nos confirmen sus efectos a largo plazo. Estudios realizados in vitro (en estructuras celulares) y en seres vivos (animales y humanos) han confirmado ya que son capaces de provocar crisis de asma en adolescentes y un aumento de síntomas respiratorios en personas con patologías crónicas pulmonares (EPOC). Un estudio publicado en la revista Thorax ha demostrado que el vapor aumenta la producción de químicos inflamatorios y desactiva las células protectoras, encargadas de mantener los espacios libres de partículas potencialmente dañinas. Recientemente, investigadores de la Universidad de Nueva York expusieron a 40 roedores al humo de los vapeadores y, después de un año, nueve de ellos desarrollaron cáncer de pulmón y más de la mitad se vieron afectados por cambios genéticos.

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