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Guía de compra: pizzas : Pizzas, sabor redondo de Italia sobre la mesa

Se deben consumir esporádicamente, pero hay opciones más saludables, como las pizzas caseras si se elaboran con harina integral, sin queso (o con muy poco), sin embutido y con poca sal (mejor si es yodada)

¿Qué lugar ocupan en nuestra dieta?

Su lugar en la dieta

¿Cuánta pizza tomamos los españoles? ¿Es un consumo preocupante? Según datos de la encuesta ENIDE, llevada a cabo por el Ministerio de Sanidad, los adultos tomamos poco más de 100 gramos mensuales de pizza. Así, la baja ingesta que se observa en la media de la población española no parece suponer ningún problema desde el punto de vista nutricional. En todo caso, al tratarse de una media entre todos los adultos, es posible que existan grupos de población que tomen menos o incluso que no tomen (como las personas mayores), mientras que otros grupos consumen más pizza de forma habitual. Dado que el perfil nutricional de las pizzas precocinadas no es demasiado saludable, es preciso advertir a la población de que su consumo debe ser ocasional.

Nuestros niños, según el estudio enKid, llevado a cabo en una muestra representativa de la población infantil y juvenil española, toman unos 500 gramos mensuales de pizza, mientras que las niñas toman un poco menos, 300 gramos cada mes. De nuevo, habrá grupos de niños (como los adolescentes) que tomen más que otros. No extraña, por tanto, que la pizza esté entre los alimentos que más grasas totales y más grasas saturadas aporta a los niños españoles.

Existen estudios, como el coordinado por la doctora Lisa Powell y publicado en febrero de 2015 en la revista Pediatrics, que revelan que en los días que comen pizza, tanto niños como adolescentes consumen muchas más calorías, grasas y sal que en los días en los que no lo hacen. La doctora Powell consideró que reducir el consumo de pizza es importante, pero que también es preciso mejorar su perfil nutricional y que el tamaño de la ración individual disminuya. Insistió, asimismo, en que lo ideal es acompañarla de una ensalada.

Así pues, lo dicho para los adultos es todavía más importante en los niños: la ingesta de estos productos debe disminuir si queremos que el perfil nutricional de la dieta de nuestros niños mejore. Esto último es muy necesario: la obesidad infantil en España es un problema sanitario de primer orden, que incluso puede disminuir, a nivel poblacional, la esperanza de vida.

A la luz de los anteriores datos y de lo que refleja el semáforo nutricional que se incluye en estas páginas, resulta difícil establecer una frecuencia recomendada del consumo de pizzas preparadas. Las guías alimentarias no especifican una recomendación concreta y las sitúan en el grupo de productos a consumir solo de forma esporádica. Es algo que tiene sentido, sobre todo si tenemos en cuenta que el patrón de alimentación de la población española no cumple con los criterios que debe seguir una dieta saludable.

Es preciso, en todo caso, matizar la anterior recomendación porque, tanto en adultos como en niños una pizza casera elaborada con harina integral, sin queso (o con muy poco queso), sin embutido y con poca sal (mejor si es yodada), puede ser una opción saludable. Sobre todo si incluimos una buena dosis de hortalizas en la pizza. Su contenido en fibra dietética será mayor (casi el doble), su aporte calórico menor y la cantidad de grasas totales, grasas saturadas y sal disminuirá de forma notable. Y es que, aunque nos parezca impensable una pizza sin queso, la verdad es que hasta finales del siglo XIX e incluso principios del siglo XX, la mayor parte de platos de pizza no llevaban queso.

Pizza: el tamaño de una ración

Al hablar de pizzas es imprescindible detenerse en la importancia de controlar el tamaño de la ración. Los fabricantes cada vez ofrecen raciones más grandes, algo que también sucede en muchos restaurantes, donde es habitual que nos sirvan platos de pizza que pesan más de 400 gramos.

En la actualidad, se sabe a ciencia cierta, gracias a análisis científicos rigurosos, que cuanto mayor es el tamaño de la ración de comida que nos ofrecen, más cantidad comemos. Así, si tenemos en cuenta que la media de las pizzas analizadas contienen 250 kilocalorías en cien gramos, una pizza de 400 gramos nos aportará 1.000 kilocalorías: la mitad de las calorías establecidas como cantidad orientativa para una persona en todo el día. Si acompañamos el plato de pizza de una copa o dos de vino y de un postre, es muy probable que acabemos por consumir en esa comida todas las calorías que deberíamos tomar en un día.

Por lo tanto, todo suma. Es importante que las pizzas se elaboren con harina integral y tengan menos sal, queso y embutido para que sean más saludables. Y también los es saber que el tamaño de la ración que nos sirvamos (o que nos sirvan) puede influir en el control del peso corporal y la prevención de enfermedades crónicas relacionadas con la alimentación.

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