Alimentos infantiles
El pasillo de la alimentación infantil es cada vez más largo e intrincado y es fácil que los padres y madres nos dejemos llevar por los mensajes del packaging de sus productos. Al fin y al cabo, queremos lo mejor para nuestros hijos. ¿Pero realmente es lo mejor? ¿Las opciones que nos ofrecen están alineadas con lo que opinan pediatras, nutricionistas y autoridades sanitarias sobre lo que hay que comer en la etapa más sensible del desarrollo? Gracias a un estudio reciente, tenemos la respuesta a esa pregunta, y es preocupante: solo el 20% de los productos infantiles comercializados en España cumple los criterios nutricionales que marca la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El proyecto InfantBase
Baby & Toddler Food Composition Database–InfantBase es la primera base de datos exhaustiva que hace una radiografía de lo que llevan realmente los productos para lactantes y niños de corta edad que se venden en España. El proyecto, coordinado por Nancy Babio, investigadora de la Unidad de Nutrición Humana de la Universidad Rovira i Virgili (URV), se ha realizado desde la misma universidad y el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) de Reus. Se trata de una base de datos que reúne la información nutricional y de ingredientes de 850 referencias de 42 marcas, recopiladas entre junio y octubre de 2023 en los principales supermercados del país y sus plataformas online. “Esta base de datos pretende hacer visible la realidad del mercado con datos objetivos y comparables”, nos cuenta Nancy Babio. Se trata de una herramienta diseñada para que pediatras y dietistas-nutricionistas puedan evaluar productos concretos. “Esto es de un valor tremendo para los equipos de pediatría, pediatras de atención primaria y enfermería pediátrica”, opina Pepe Serrano, pediatra de atención primaria. “A fin de cuentas, somos los encargados de recomendar la alimentación en esta época precoz de la infancia”, añade Serrano. La base de datos permite a los especialistas discernir cuáles de estos productos son recomendables y cuáles no.
No obstante, en última instancia, la base de datos también persigue otro objetivo, que es informar e influir en las políticas públicas para mejorar la regulación de este tipo de productos, especialmente en lo que concierne a la publicidad. “Esta investigación demuestra que puede y debe servir para impulsar cambios reales en políticas públicas y espero realmente que el Real Decreto de Publicidad dirigida a menores sea aprobado”, asegura Babio.
Infant base: Baby & toddler food composition database.
Tabla de composición de productos para lactantes y niños de corta edad (hasta tres años) comercializados en España.
Metodología
Se identificaron 67 marcas y se analizaron 850 productos destinados a lactantes y menores de tres años. Se incluyeron zumos, infusiones, cereales secos (para hacer en papilla o añadir al biberón), purés, potitos, yogures y otros lácteos, y snacks.
Bañados en azúcar
El estudio llega a diversas conclusiones que se publicaron en la revista European Journal of Pediatrics: “De todas, la más preocupante es que muchos productos destinados a bebés son dulces, pobres nutricionalmente y, en ocasiones, engañosos en su presentación desde el punto de vista de los criterios de la OMS”, explica Babio. En concreto, aproximadamente el 60% de los productos analizados tiene exceso de azúcar, pero en el caso de los purés de frutas, la cifra se dispara.
“Los criterios de la OMS establecen menos de 7,5 gramos de azúcar por 100 kilocalorías. Pero el 99% de los purés analizados supera claramente este límite de azúcar y en muchos casos aportan energía casi exclusivamente en forma de azúcares libres”, señala la investigadora. Esto no solo tiene implicaciones negativas para el metabolismo, sino también educativas, ya que se acostumbra al niño o a la niña a un sabor intensamente dulce desde el inicio, condicionando así sus preferencias alimentarias en el futuro. “A medio plazo y a largo plazo el tremendo problema de esto es la obesidad: cada vez tenemos unas tasas de obesidad infantil más elevadas, que además se ceban en las clases más desfavorecidas. Otro problema muy en paralelo es la diabetes mellitus tipo 2, que cada vez la vemos más precoz”, indica el pediatra.
Sin una regulación clara
Otra de las conclusiones del estudio es que, en una de cada cuatro comidas y en los purés de frutas y verduras analizados, la densidad energética es baja: aportan poca energía por 100 gramos, pese a que se presentan como comidas completas. Además, el 25% de los productos de tipo “comida salada”, como tarritos de verduras o snacks, son deficientes en proteína y el 7% de los alimentos superan el límite máximo de sodio permitido por la OMS: para los niños y niñas de 2 a 7 años, la cantidad máxima recomendada es de 3 gramos, y en los lactantes y menores de 2 años se aconseja evitar la sal añadida y los alimentos que la contengan en exceso.
Todas estas cifras demuestran que la mayoría de los productos infantiles y de niños de corta edad –en concreto 8 de cada 10– no cumplen alguna de las cuatro recomendaciones establecidas por la OMS en cuanto a su contenido nutricional:
- No permitidos. Se prohíben ciertos ingredientes, como azúcares libres, edulcorantes artificiales, golosinas, bebidas saborizadas y grasas trans.
- Limitados. Se limita el contenido de fruta en las comidas saladas, cereales secos y productos lácteos. El objetivo es restringir la comercialización de alimentos que, a pesar de contener fruta, son altos en azúcares libres, grasas saturadas o sodio y que pueden hacer pensar a las familias que, como llevan fruta, son saludables.
- Estándares máximos. Se establecen límites en el valor energético y la cantidad de azúcares, sodio y grasas permitidos. Por ejemplo, se define un máximo de 50 kcal por porción en snacks, un límite del 15% de energía proveniente de azúcares en comidas saladas y límites específicos para el sodio y la grasa.
- Estándares mínimos. Se definen requisitos mínimos de proteínas y densidad energética según la categoría del producto.
¿Por qué no se cumplen estas recomendaciones? “Porque el marco normativo actual lo permite”, nos cuenta Nancy Babio. “Todos estos productos nacen de un interés comercial. Lo único imprescindible en estos productos es que cumplan requisitos sanitarios para evitar intoxicaciones y esto está ajustado al máximo. Lo que no está ajustado es que estos productos sean, además, nutricionalmente de alta calidad”, remata Serrano. Así, la ley no obliga a los fabricantes a seguir los criterios establecidos por la OMS, “pero si queremos que nuestros niños estén bien alimentados y se eviten las prevalencias crónicas, estos criterios son esenciales”, añade Babio.
Poca proteína y mucho azúcar.

Más ‘marketing’ que nutrición
Otro de los hallazgos preocupantes tiene que ver con el etiquetado y la promoción de estos productos. Ninguno de ellos satisface todos los criterios de la OMS, por ejemplo, información sobre lactancia materna, edad de inicio adecuada o ausencia de alegaciones de salud engañosas, entre otros. Las etiquetas, uno de los principales reclamos para padres y madres, dejan mucho que desear. “Por ejemplo, un producto que dice ‘puré de ternera con verduras’ puede tener muchos otros ingredientes, como arroz, fruta y mucho más. En este producto uno de los últimos ingredientes es la carne o las verduras. Lo que dice el criterio es que el ingrediente que da nombre al producto sea el mayoritario”, detalla Babio.
Otro problema relacionado con las etiquetas es que, en muchos casos, confunden a los consumidores. “Según el estudio, casi un 30% de los productos que se etiquetan como aptos para menores de seis meses llevan ingredientes como cereales o miel. Están dirigidos a niños y niñas entre cuatro y seis meses y llevan ingredientes que no son recomendables para estas edades. Eso es grave”, se lamenta Babio.

Deberes pendientes y urgentes
Las conclusiones de InfantBase son rotundas: “Las entidades que agrupan a los profesionales de la pediatría y de la dietética y nutrición deben exigir a la administración normativas más estrictas sobre alegaciones nutricionales y publicidad dirigida a la infancia, para reducir el riesgo de confusión de las familias o personas cuidadoras”. Babio opina que habría que eliminar las declaraciones nutricionales de salud, que generan un halo saludable, o determinados envases con personajes infantiles”, entre otras cosas.
Además del continente, también habría que regular el contenido para tener ingredientes y formulaciones saludables: “Regular la formulación no limita la libertad, sino que protege a los menores. Lo que debemos promover es que la industria tenga en cuenta estos criterios para mejorar; para que estén alineadas con la salud. Como investigadores, queremos brindar una evidencia científica para que se desarrolle una regulación y que se refleje en las políticas públicas”, incide la investigadora. El pediatra Pepe Serrano abunda en el tema: “Solo se puede llegar a este estándar más elevado de calidad con la legislación. Hasta que no haya una normativa que obligue, son muy pocas las modificaciones que se van a hacer”.
Ante los resultados del estudio InfantBase, CONSUMER ha querido recabar la opinión de la industria. La Asociación Nacional de Fabricantes de Productos de Dietética Infantil (ANDI) –que agrupa a 15 empresas españolas del sector– asegura que todos sus miembros respetan los requisitos de composición nutricional establecidos por la legislación europea y nacional, además de ofrecer información clara y veraz a padres y madres. “Todas nuestras empresas cumplen con las cantidades de macro y micronutrientes para alimentos infantiles, así como con los estrictos límites de sustancias que pudieran resultar perjudiciales”, aseguran. “Nuestro objetivo es fomentar una composición nutricional adaptada a las necesidades de los bebés y niños pequeños y asegurar la transparencia del etiquetado, siempre en línea con las recomendaciones pediátricas”, añaden. A través de esta asociación, se promueve la inversión en I+D con el objetivo de mejorar las fórmulas para lactantes, preparados de continuación y crecimiento, cereales infantiles, snacks, purés de frutas y verduras, pescados y carnes para bebés y niños menores de 3 años.
¿Es tan importante el cambio?
El tema no es baladí, ya que si la alimentación a partir de los tres años es importante, lo que se come durante los primeros 1.000 días de vida es determinante. “Ahí está en desarrollo todo el organismo del bebé”, cuenta Serrano. “Nunca se aprende tanto como lo hacemos los primeros meses de vida. Nunca crecemos tanto como esos primeros meses. Nunca ninguno de nuestros órganos se desarrolla tanto como en esa etapa vital. Por tanto, el cuidado que debemos tener en todo eso es extremo. Y una de las principales armas que tenemos para el cuidado es la alimentación”, añade el pediatra.
Además, la apetencia por determinados alimentos se aprende comiendo. Y si aprendemos a comer bien, comeremos bien toda la vida. Nancy Babio insiste en que una alimentación adecuada en los primeros años de vida de los menores: “Reduce el riesgo futuro de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y también las enfermedades cardiovasculares”.
Pepe Serrano. Pediatra de atención primaria
“Hace falta una ley actualizada”
Solo una parte de los productos cumple los criterios nutricionales mínimos. ¿Qué pueden hacer las familias?
Tienen que acostumbrarse a mirar las etiquetas de los productos y a conocer, aunque sea solo por encima, esas cantidades máximas de azúcares y esos mínimos que deberían tener estos productos. En caso de duda, pueden consultar a su pediatra.
¿Cómo puede una familia reconocer cuándo un producto aporta valor y cuándo, quizá, no tanto?
La mayor parte de las veces, por no decir todas, las etiquetas no dejan de ser un reclamo publicitario más. No se trata tanto de reconocer lo que aporta el producto, sino de saber que muchas veces estos productos no aportan nada y que pueden ser contraproducentes: llevan un exceso de grasas y de azúcares e incluso mezclas para incrementar la palatabilidad.
Algunos productos se etiquetan para menores de seis meses. ¿Qué debería entender una familia cuando ve este tipo de mensajes?
Cuando una familia ve productos etiquetados para menores de seis meses –en algunos casos pone que son válidos a partir de los cuatro meses– tendría que seguir la recomendación que le ha hecho su equipo de pediatría y que sigue los criterios de la OMS: la lactancia materna o artificial exclusivas hasta los seis meses. Por debajo de esa edad, salvo algún caso muy específico que el pediatra determinaría, no es necesario añadir ningún producto a la alimentación.
Ningún producto cumple todos los criterios de promoción de la OMS. ¿Qué mejoras realistas deberían implementarse?
Las medidas para que los productos se ajusten a los criterios de la OMS solo pueden estar basadas en una ley actualizada, fundamentada en la evidencia científica, supervisada por profesionales y que, además, se obligue a su cumplimiento. Si cualquiera de esos criterios no está correctamente legislado y no se persigue su incumplimiento, esos mensajes ambiguos que despistan a las familias seguirán apareciendo en los productos menos saludables en la dieta de nuestros hijos.