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Guía de compra: yogures : Yogur, un incondicional en la nevera

De diferentes sabores, formatos y precios, este producto aporta proteínas de calidad y notables cantidades de calcio. Su consumo ha aumentado mucho en los últimos años. Hoy, de media, un adulto toma 53 gramos al día y un niño, 120 gramos

Dudas sobre yogures y salud

¿Un “milagro nutritivo”?

El milagro nutritivo siempre ha sido (y será) una dieta saludable en su conjunto, y no el uso (o el abuso) de un nutriente, ingrediente o alimento de forma aislada. Es indudable que el yogur aporta proteínas de gran calidad y fácil asimilación, pero también es cierto que la población española excede de forma considerable las recomendaciones de ingesta de proteínas. También contiene notables cantidades de calcio, aunque consumimos una cifra de calcio que cubre las ingestas recomendadas.

En cuanto a los beneficios atribuibles a las bacterias presentes en este alimento, lo cierto es que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no ha aprobado ninguna declaración de salud para ellas, salvo un posible papel en la digestión de la lactosa en personas con intolerancia a este tipo de azúcar.

Aun así, nada de ello resta importancia a este delicioso alimento, que contribuye a cubrir la ingesta de nutrientes relevantes para la salud, pero sí conviene recordar que “más no es mejor” y que “sobreconsumir” cualquier alimento desplazará la ingesta de otros productos (en este caso, sobre todo, el tradicional postre de fruta fresca).

¿El yogur adelgaza?

Salvo algunas excepciones, los yogures presentan un contenido moderado en calorías porque se suelen elaborar con leche parcial o totalmente desnatada. No extraña, por tanto, que los estudios disponibles tiendan a mostrar que el consumo de yogur se asocia a un mejor control del peso corporal. No obstante, no son estudios concluyentes. Es muy probable que ciertas características que presentan las personas que consumen a menudo yogur (por ejemplo, mayor nivel socioeconómico, más práctica de ejercicio físico, menos consumo de alcohol, etc.) sean los verdaderos determinantes de la disminución en el riesgo de padecer obesidad. Por todo ello, no se puede concluir que “el yogur adelgace”.

En todo caso, conviene recordar que hay yogures con un notable aporte calórico. En general, los yogures azucarados, con sabor a frutas (o con frutas) o griegos son los que más calorías aportarán.

La normativa

El 11 de abril de 2014 se aprobó una nueva Norma de Calidad para el yogur (el Real Decreto 271/2014). Entre sus novedades, orientadas a mejorar la competitividad del sector, destaca que los operadores de empresas alimentarias serán quienes determinen la vida útil del producto en la fecha de consumo preferente. Cumplida esta fecha, se puede tomar el yogur pasados unos días, sin que ello suponga un riesgo para la salud porque se elabora con leche pasteurizada, aunque puede aumentar su acidez. La nueva norma, además, clasifica los yogures en los siguientes tipos:

  • Yogur natural.
  • Yogur natural azucarado.
  • Yogur edulcorado.
  • Yogur con fruta, zumos y/u otros alimentos.
  • Yogur aromatizado.
  • Yogur pasterizado después de la fermentación (ha perdido la viabilidad de las bacterias lácticas)

Grasa del yogur

El contenido mínimo de materia grasa de los yogures, en su parte láctea, será del 2%, excepto en el caso de los yogures semidesnatados (debe ser inferior a 2% y superior a 0,5%) o desnatados (será igual o inferior a 0,5%). Como se puede observar, no existe un contenido máximo de grasa en los yogures no semidesnatados o desnatados, lo que significa que se pueden hallar yogures con cifras bastante altas de grasa, que cumplen la legislación.

Aunque ciertos medios indican que existe una discusión en el ámbito sanitario sobre si las grasas totales o las grasas saturadas son o no desaconsejables, los consensos científicos coinciden en que una dieta saludable suele ser pobre en grasas saturadas. Los lácteos con mucha grasa pueden aparecer en una dieta sana, sin lugar a dudas, pero en cantidades que oscilen de “pequeñas” a “modestas”.

En suma, conviene revisar la etiqueta y recordar que lo más recomendable es que una ración contenga menos de 5,2 gramos de grasa. Si el yogur aporta más de 14 gramos de grasa o más 4 gramos de grasa saturada, estamos ante un producto sin duda desaconsejable para una ingesta habitual.

Yogures y salud

  • Los bífidus: ¿merece la pena pagar ese plus? Se suele atribuir a los yogures “bífidus” potenciales efectos sobre el sistema digestivo, el sistema inmune y la defensa ante patógenos. Lo cierto es que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no permite acompañar estos productos de ninguna declaración de salud, dado que no hay pruebas que nos permitan saber si los yogures con bifidobacterias son mejores que un yogur normal.
  • Probióticos. Los probióticos son microorganismos vivos que, en teoría, tienen efectos saludables en nuestra flora intestinal, lo que podría ejercer beneficios, de forma indirecta, en otros órganos o sistemas corporales. El yogur contiene Lactobacillus dekbrueckii, variedad bulgaricus, y Streptococcus salivarius, variedad thermophilus. Aunque la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no ha aprobado ninguna de las 129 solicitudes que le han hecho sobre supuestos beneficios atribuibles a la ingesta de probióticos (por ejemplo, “mejora las defensas”, “regula la flora intestinal”, “promueve unos buenos movimientos del intestino”, etc.), sí ha aprobado la declaración “mejora la digestión de la lactosa a quienes tienen dificultades para digerirla”.

Para poder acompañar un yogur o una leche fermentada de esta declaración, el producto debe cumplir unos requisitos concretos: cada gramo de producto debe aportar un mínimo de 108 unidades formadoras de colonias iniciadoras con Lactobacillus dekbrueckii, variedad bulgaricus, y Streptococcus salivarius, variedad thermophilus.

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