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SEGURIDAD ALIMENTARIA : Y ESTO, ¿ME LO PUEDO COMER?

A MENUDO, AL ABRIR LA NEVERA, NOS ASALTAN DUDAS RESPECTO AL BUEN ESTADO DE LOS ALIMENTOS. CARNES, PESCADOS, FRUTAS, VERDURAS Y MUCHOS OTROS ARTÍCULOS SE DETERIORAN CON FACILIDAD, Y LOS REMEDIOS CASEROS PARA EVITAR EL DESPERDICIO ALIMENTARIO PONEN MUCHAS VECES EN RIESGO NUESTRA PROPIA SALUD. APRENDE A LEER QUÉ QUIERE DECIR CADA PRODUCTO SEGÚN EL ASPECTO QUE PRESENTE.

Ojo con los huevos.

  • Atención a los cambios de temperatura. Los huevos son muy sensibles a estas variaciones. Por eso, en los establecimientos se encuentran sin refrigerar, pero en casa han de guardarse en la nevera. “Es peor el cambio del frío al calor del transporte y al frío de nuevo, que aguantar a temperatura ambiente hasta la refrigeración”, cuenta Del Caño.
  • Cómo almacenarlos. Hay que guardarlos en el mismo envase en que vinieron (nada de hueveras) y al fondo del frigorífico. En la puerta es donde menos se refrigeran y más expuestos están a esos cambios de temperatura.
  • El truco del agua. Si tienes dudas acerca de la idoneidad de su consumo, prueba a introducirlos en un vaso de agua: deben ir al fondo; si flotan, deséchalos inmediatamente. Y si al abrirlos desprenden un olor fuerte, descártalos.

CON LOS QUESOS, DEPENDE.

  • No todos son iguales. Las recomendaciones no son las mismas para todos los tipos de queso, ya que sus características son muy diferentes.
  • Formas de conservación. Un queso fresco solo durará unos días en la nevera desde el momento en que lo abrimos, mientras que uno curado puede aguantar varios meses en un lugar fresco y seco. “Sus características fisicoquímicas (con una baja actividad de agua, fundamentalmente por la concentración de sal y grasa) hacen de ellos productos bastante seguros y que únicamente permiten el crecimiento de mohos y levaduras”, aduce Robles. Sin embargo, “alguno de estos microorganismos -Fusarium, Aspergillus y Penicillium- pueden producir compuestos tóxicos (micotoxinas) con síntomas gastrointestinales agudos”, añade.
  • Qué hacer con el trozo con moho. Los quesos firmes y secos pueden consumirse siempre que se retiren las capas deterioradas. No obstante, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) puntualiza que, al hacerlo, se pueden arrastrar parte de las toxinas. Por ello, algunos investigadores van más allá y recomiendan desechar todo el producto mohoso, independientemente de su textura o de la cantidad de agua que contenga.

VERDURAS, MARGEN DE SEGURIDAD.

  • Desechar siempre un poco más. En las verduras firmes (como, por ejemplo, la coliflor), puedes eliminar solo las partes que se encuentren en malas condiciones, pero retirando bastante superficie alrededor de la misma para evitar posibles contaminaciones. La falta de humedad puede, a su vez, ocasionar que las hojas y los tallos se vuelvan flácidos.
  • La fecha importa. Mantén siempre refrigeradas las ensaladas de bolsa y respeta al máximo su caducidad. Una vez superada, debe descartarse, aunque no haya signos de deterioro.

OTROS ALIMENTOS EN PROBLEMAS.

Las dudas abarcan muchos otros productos habituales en la cesta de la compra. Hacer una lista exhaustiva sería una labor imposible, pero conviene recordar los más relevantes:

  • Pan de molde. Si detectamos moho en una rebanada, se recomienda tirar todo el paquete. Las esporas tienen numerosas raíces que se extienden por la bolsa aunque no sean visibles.
  • Leche abierta. Si es fresca, consumirla en un par de días. Para la uperisada (UHT), cuatro o cinco.
  • Fiambres y jamón cocido. 48 horas, una vez abiertos.
  • Patatas. Deben conservarse en lugar seco y sin luz, para evitar la formación de acrilamida. El frío y el sol hacen que aumenten los niveles, por la degradación de los almidones. Y nunca deben conservarse junto a las cebollas, porque duran menos.
  • Productos enlatados. Si las latas están abombadas o tienen algún agujero o deterioro visible, hay que descartarlas de inmediato. Podrían contener bacterias causantes del botulismo.
  • Carne picada. Aguanta dos días en la nevera. Es un producto que se ha manipulado previamente y, al estar picado, presenta una mayor superficie de posible contaminación para que actúen las bacterias.
  • Comida cocinada. Tras la cocción, los alimentos han de mantenerse siempre refrigerados (nunca más de cuatro días) para evitar un posible desarrollo de patógenos como E.coli, salmonela, listeria o norovirus (en el marisco), que pueden causar fiebre, diarrea u otros efectos más graves en la población especialmente sensible (niños y ancianos). Una infección por listeria podría incluso provocar un aborto o causar meningitis.

CÓMO TRATAR LA COMIDA AFECTADA POR MOHO

  1. Si descubres un alimento con moho, evita olerlo de cerca.
  2. Introdúcelo en una pequeña bolsa de papel o envuélvelo en plástico, y tíralo a un contenedor de basura cubierto.
  3. Comprueba los productos que estaban cerca, para asegurarte de que el moho no se ha extendido.
  4. Por lo general, es más seguro desechar la comida con moho, excepto en los quesos y embutidos curados, o verduras firmes como zanahorias o pimientos.
  5. Estos productos (los del punto anterior) pueden conservarse si no están muy afectados por el moho. Para ello, corta con un cuchillo la parte afectada, dejando un margen de al menos dos centímetros en todas las direcciones.
  6. Asegúrate de que el cuchillo no toca las partes contaminadas, y envuelve el alimento en un plástico limpio.
  7. Limpia la parte del frigorífico o de la despensa donde estuviera almacenado ese alimento.
  8. Para evitar la aparición de moho, limpia el interior de la nevera cada pocos meses, usando un limpiador específico para ello o lejía disuelta en agua. Después, aclara el producto con agua limpia y seca las superficies.
  9. Si hay moho en las gomas del frigorífico, trátalo con una mezcla de un litro de agua y tres cucharadas de lejía.

Fuente: Universidad de Minnesota (EE UU).

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