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Análisis documental para elaborar un diagnóstico sobre la situación de la publicidad de los alimentos en nuestro país : Publicidad de los alimentos: la amenaza de la confusión

Los expertos consideran que la publicidad de los alimentos introduce conceptos confusos, pese a que la ley y los códigos éticos tratan de proteger a los consumidores

La salud, el reclamo principal

Reclamos publicitarios en exceso
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La salud es un valor fundamental para el consumidor y le influye a la hora de tomar decisiones. En el estudio de la Obra Social Fundación La Caixa, las expertas Cecilia Díaz y María González aseguran que “la preocupación por estar sano comienza en este siglo a ser tan relevante como lo fue en el pasado la obsesión por la delgadez”. Por su parte, la psicóloga experta en trastornos alimentarios de la conducta, Ana Isabel Gutiérrez, va algo más allá y habla de “patologización de la vida cotidiana, todo es una enfermedad”.

El consumidor dispone, según la ENS, de una gran variedad de productos en el mercado, que le permiten diseñar una dieta equilibrada y atractiva. Pero ese mercado también está repleto de reclamos publicitarios y las decisiones de compra se tornan muy complicadas. Por tanto, si bien el consumidor de este siglo XXI es “más crítico y exigente, conoce sus derechos y los ejerce”, también vive “saturado de información (no siempre rigurosa y científica) y está contaminado por un exceso de publicidad que bordea en muchas ocasiones los límites de la veracidad”.

Además, la ENS indica que la población utiliza la publicidad como una fuente de información sobre temas alimentarios, a pesar de que, a veces, “es engañosa o no está contrastada científicamente”. Opina que se ofrecen “mensajes positivos y respuestas cerradas que resuelvan los problemas de manera satisfactoria y rápida” porque “el consumidor no siempre analiza los mensajes con sentido crítico”. Pone como ejemplo los mensajes de los productos para adelgazar cuando dicen: “adelgace comiendo lo que le apetezca, no tiene que renunciar a los alimentos que le gustan y puede tomarlos en la cantidad deseada”.

En esta materia, el periodista Mikel López Iturriaga, en su blog “El Comidista”, insiste en que la industria alimentaria se aprovecha de la “vagancia del consumidor, que prefiere confiar en ellos antes que esforzarse en mantener una dieta razonable”.

El discurso de la ciencia

Esta preocupación por la salud se ha reflejado en la publicidad alimentaria. Lo demuestra en el análisis de anuncios de alimentación y bebidas (solo no alcohólicas), desde 1960 hasta 2007, realizado por Díaz y González. En total, extrajeron 248 imágenes de Internet, 63 anuncios de libros dedicados a la publicidad y 112 anuncios de revistas. Demostraron que, a partir del año 2000, “el discurso de la ciencia médica impregna los anuncios alimentarios, con importantes argumentaciones sobre los efectos beneficiosos de los alimentos o sus componentes sobre la salud”.

Además, las expertas recuerdan que es, en esta época, cuando aparecen los alimentos funcionales: “si los expertos afirman que es necesario ingerir varias frutas al día, las empresas ofrecen en un cómodo envase esa mágica ración; si la ciencia dice que el colesterol se reduce gracias a los componentes del pescado azul, la industria cuenta con alimentos que concentran, en una reducida toma, los beneficios de estas sustancias y añaden omega 3 a la leche o antioxidantes a la fruta. Bien puede parecer que es el producto el que logra el objetivo de estar sano”.

Para José Manuel López Nicolás, profesor titular del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Murcia, los alimentos funcionales no deberían ser necesarios, ya que las legumbres, el pescado o la fruta (alimentos de gran valor nutricional) ofrecen los nutrientes necesarios para gozar de buena salud. Matiza que el problema está en que “no comemos lo que realmente necesitamos y podemos creer que tomando alimentos funcionales comerciales resolvemos la falta de nutrientes. El marketing y la publicidad han hecho creer a muchos consumidores que son ‘productos milagro'”.

Por su parte, uno de los periodistas especializados en alimentación más relevantes del momento, Michael Pollan, asegura que las afirmaciones que se leen en las etiquetas o que se escuchan en sus anuncios de alimentos funcionales se suelen basar en datos incompletos e investigaciones deficientes.

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