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Guía de compra: salsa de tomate : Consumo y análisis nutricional

Es una de las salsas más populares del mundo y, por su versatilidad, aporta color y sabor a cualquier plato

Consumo y análisis nutricional

Su lugar en la dieta

Según el estudio Enkid, que evalúa los hábitos alimentarios y el estado nutricional de la población infantil y juvenil española, los menores de 24 años consumen, de media, unos 50 gramos diarios de salsa de tomate. Esto supone un consumo en términos anuales de más de 18 kilos. Los adultos, por el contrario, apenas superan los 3,5 kilos anuales.

Estos datos, además de ofrecernos una clara visión de las preferencias alimentarias, nos aportan pistas sobre el gasto en este tipo de producto.

En cuanto a las zonas geográficas, en el este, que incluye Cataluña, Valencia y las Islas Baleares, se consume más tomate crudo, mientras que en el norte se consume más salsa de tomate.

Semáforo nutricional

El tomate es un alimento con escasa cantidad de calorías. De hecho, 100 g de tomate aportan solamente 20 kcal. La mayor parte de su peso es agua (95%). Contiene azúcares simples que le confieren un ligero sabor dulce y algunos ácidos orgánicos que le otorgan el sabor ácido característico.

Ahora bien, el tomate frito tiene unas 77 kcal por cada 100 g, casi 5 veces más que la conserva de tomate pelado y triturado. Las grasas presentes rondan los 5,3 gramos por cada 100 g de producto (en el tomate triturado apenas llegan a 0,1 g). En contrapartida, el tomate frito contiene casi un 30% menos de azúcar que el tomate maduro crudo (2,5 gramos de azúcar por cada 100 g).

Si bien la ingesta de determinadas salsas se desaconseja para su consumo habitual, las de tomate frito industriales no suponen una gran preocupación desde el punto de vista nutricional para un consumo diario, si se toman con moderación. Además de aportar color y sabor a los platos, como desvela el semáforo nutricional, las diferentes salsas de tomate comercializadas en el mercado no preocupan en lo que respecta a los denominados “nutrientes conflictivos” (calorías, grasas saturadas, azúcares o sal).

Aunque su contenido en azúcares no es especialmente bajo (salvo en el caso del tomate frito sin sal o light, cuya presencia es menor que en el resto de salsas), la contribución de estos azúcares a la ingesta global es poco importante debido a que la salsa de tomate se consume en cantidades limitadas (menos de 10 gramos diarios de media en adultos).

El tomate es una rica fuente de ciertos minerales (como el potasio y magnesio). De su contenido en vitaminas destacan la A, B1, B2, B5 y la C. Presentan también ácido fólico, betacaroteno, flavonoides y licopeno (pigmento que da el color rojo característico) y potasio. El desarrollo de nuevas variedades de tomates ha permitido seleccionar algunas con propósitos agroindustriales, las que en relación a las de consumo en fresco, presentan en general un mayor contenido de licopeno.

Para el semáforo nutricional hemos establecido una ración de 45 g, equivalente a 3 cucharadas soperas. Como se puede apreciar, las diferentes salsas de tomate y tomate frito que se encuentran en el mercado no preocupan en lo que respecta a determinados “nutrientes conflictivos” (calorías, grasas saturadas, azúcares o sal).

La adición de ingredientes y la fritura aumentan las calorías del producto final. Así, el tomate frito es la preparación más calórica de todas. La mayor parte de su energía procede de las grasas.

Licopeno: las bondades de la piel de los tomates

El licopeno es un carotenoide de alto poder antioxidante que se encuentra principalmente en el tomate, conserva sus propiedades funcionales después de ser procesado, no presenta toxicidad y es el responsable del color rojo de esta hortaliza. El licopeno, presente en importantes cantidades, tiene propiedades que pueden beneficiar de manera muy importante a nuestra salud.

El licopeno es más eficaz cuando los tomates son procesados o cocinados, es decir, en productos elaborados como el caso de la salsa de tomate frito. El tomate cocinado o procesado con pequeñas cantidades de aceite libera el licopeno que se halla en la piel de los tomates crudos (la pared celular se rompe durante la cocción, de forma tal que este licopeno es absorbido de manera más fácil por el organismo). Los niveles de licopeno medios cada 100 gramos van desde los 3 mg del tomate crudo a los 12 mg, 15 mg o 22 mg para la salsa pizza, kétchup o tomate frito respectivamente.

La ingesta de licopeno puede considerarse como una medida preventiva y terapéutica no farmacológica para diferentes tipos de enfermedades, pero se requiere el trabajo de los profesionales de la nutrición y la salud para incrementar su consumo a través de la educación alimentaria, y proponer a partir de los resultados de investigaciones científicas sus niveles de consumo diario, que puede parece ser insuficiente en la actualidad.

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