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Guía de compra: conservas de atún : Todos los tipos de atún

Proporcionan una cantidad notable de hierro, yodo, vitaminas del grupo B y ácidos grasos esenciales.

Todos los tipos de atún

El atún en lata, uno a uno

  • En aceite de oliva. La fama del aceite de oliva es suficiente como para no dudar a la hora de escogerlo. Numerosos estudios han mostrado claros beneficios cardiovasculares para su consumo habitual, sobre todo, si se trata de aceite de oliva virgen. No obstante, no se debe pensar que saludable significa bajo en calorías, dado que aporta las mismas calorías que el resto de aceites.
  • En aceite de girasol. Hasta hace unos pocos años, los nutricionistas pensaban que los ácidos grasos del aceite de girasol (sobre todo el omega-6) resultaban perjudiciales ante un consumo habitual. No obstante, nuevos datos han constatado que su ingesta no afecta en absoluto a la salud. El aceite de girasol es más sensible al calor que el de oliva, pero como el aceite de girasol de las latas de atún no ha sido sometido a altas temperaturas, no supondrá una preocupación.
  • En aceite vegetal. Aunque no existen grandes diferencias en cuanto a grasa total o grasas saturadas, lo cierto es que el perfil nutricional de estos aceites suele ser un poco peor (el tipo de grasas saturadas es menos saludable), por lo que si el bolsillo lo permite, es mejor decantarse por los enlatados con aceite de oliva o girasol.
  • En escabeche. Se trata de preparaciones cuya base es el vinagre y que mejora de forma notable el sabor del atún. A diferencia de lo que ocurre con el resto de presentaciones, los atunes en escabeche pueden contener potenciadores del sabor, como el glutamato monosódico (E-621), desaconsejados para un consumo habitual. Suelen tener, también, un contenido notable en sal.
  • Al natural. Su contenido en grasas es muchísimo menor, dado que no se han conservado en aceite, por lo que resultan una opción interesante en personas que deben controlar o bien las calorías o bien las grasas que toman. Es importante recordar que salvo en las situaciones anteriores, no tiene sentido limitar las grasas del atún enlatado.
  • Con tomate. Se trata de una receta de atún con salsa de tomate, que suele acompañarse de aceite de girasol. Lo cierto es que no existen notables diferencias nutricionales entre esta presentación y el resto, aunque aportará un mayor contenido en carotenoides, unas sustancias presentes en el tomate y que en nuestro organismo se transforman en vitamina A.
  • Sin sal. Se trata de la opción más recomendable, dado que una buena parte de la población española sufre hipertensión. Aunque no se padezca dicha enfermedad, consumimos demasiada sal (el doble de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud) y los atunes enlatados suelen contener bastante sal, así que tiene sentido decantarse por esta opción siempre que esté disponible.

¿Qué mirar en las etiquetas?

Además de revisar de si se trata de atún rojo (Thunnus thynnus), debemos fijarnos, sobre todo, en su contenido en sal. Según la AESAN (actual AECOSAN), un alimento tiene mucha sal cuando iguala o supera 1,25 gramos de sal por cada 100 gramos de alimento, algo que sucede en muchas de las latas de atún del mercado. Por otra parte, un alimento aporta poca sal (es la situación ideal) cuando tiene 0,25 gramos (o menos) de sal por cada 100 gramos de alimento. Esto solo se observa en los productos que especifican que son “bajos en sal”. Si en la etiqueta no indica su contenido en sal, sino en sodio, se debe multiplicar la cifra de sodio por 2,5 para saber cuánta sal aporta. Otro aspecto a considerar es el tipo de aceite que acompaña al atún. Siempre es más recomendable si se trata de aceite de oliva, mejor si es virgen. Por último, si nos preocupan las calorías o las grasas (no olvidemos que sus grasas son saludables), escogeremos atún “al natural”.

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