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Queso rallado : No es para consumo habitual

Los quesos rallados nos permiten ahorrar tiempo y esfuerzo, pero conviene prestar atención porque podemos encontrar grandes diferencias entre ellos. A continuación, mostramos algunas claves para conocer este producto.

No es para consumo habitual

En resumen, los quesos contienen proporciones notables de grasas, grasas saturadas y sal y aportan una cantidad importante de calorías. Todos estos factores son puntuados de forma negativa en el sistema Nutri-Score, lo que explica que todos obtengan una D. Ahora bien, esto no significa que no podamos comer queso. En realidad, es un alimento que tiene cabida dentro de una dieta saludable, pero no para un consumo diario. Si nos fijamos en una guía dietética de referencia, como la de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, veremos que la recomendación es “limitar el consumo”. Además, es importante tener presente que no todos los quesos son iguales. De hecho, conviene priorizar el queso fresco sobre el resto.

El envase importa

Los quesos rallados se venden generalmente en bolsas de plástico que pueden parecer muy similares, pero en realidad existen algunos detalles diferentes entre ellas. Quizá el que primero llama la atención es el tamaño. Los quesos analizados se comercializan en formatos comprendidos entre los 60 g de Ferrarini y los 200 g de Eroski emmental, aunque lo más habitual es encontrar envases de 150 g. El tamaño guarda relación con el tipo de queso. Las variedades de queso curado, como parmesano y Grana Padano, tienen poca agua, así que ocupan menos volumen que otros más frescos, como la mozzarella. Además, los primeros tienen sabores y aromas intensos, así que normalmente necesitamos añadir poca cantidad a los platos. Por eso se comercializan en formatos más pequeños que cuando se trata de otras variedades más suaves, como mozzarella. De este modo se consigue que el precio no sea tan elevado, ya que esas variedades suelen ser más caras que esta última.

El envase tiene una importancia fundamental en la conservación. Por ejemplo, en los quesos maduros se utilizan bolsas completamente opacas, ya que son más sensibles a volverse rancias, un proceso que se ve favorecido por la exposición a la luz. En otras variedades menos curadas y también menos sensibles a la luz, el envase tiene una pequeña parte transparente que permite ver el producto.

La mayoría de los quesos están envasados en atmósfera protectora, es decir, van acompañados de una mezcla de gases inocuos –normalmente dióxido de carbono, nitrógeno y oxígeno– que tienen la misión de alargar su vida útil. Esto no ocurre en los quesos fundidos, ya que reciben un tratamiento térmico de pasteurización y, además, contienen conservantes, concretamente sorbato potásico, que evita el desarrollo de mohos.

En cualquiera de los casos, cuando abrimos el envase se pierde la protección, así que la vida útil se reduce drásticamente: la duración es de aproximadamente cinco días. Por eso, si no vamos a comerlo todo de una vez, es deseable cerrar bien la bolsa para que el producto se conserve mejor y no entren aire, humedad o microorganismos, como mohos. Para ello los productos analizados incluyen un sistema de cierre, que en todos los casos es de tipo zip, salvo en Millán Vicente, que consiste en una tira adhesiva, lo cual puede resultar más incómodo.

Grandes diferencias de precio

Los precios de los productos analizados están comprendidos entre 1,03 € de El Caserío en polvo y El Caserío Filatto y los 2,59 € de Arla. Pero para hacer una comparación más justa conviene evaluar el precio por ración, que está comprendido entre 0,18 € de Eroski emmental y 1,15 € de Ferrarini. Era de esperar que este último se encontrara entre los más caros, dado que se trata de un queso de alto valor comercial –se elabora con un queso italiano curado y con denominación de origen–, pero su precio parece demasiado elevado, sobre todo teniendo en cuenta que Eroski Seleqtia reúne esas mismas características y es mucho más asequible (0,48 €). También parece excesivo el precio de Arla (0,52 €), cuando hay otras mozzarellas, como Millán Vicente, con un precio sensiblemente inferior (0,32 €). En cualquier caso, el que presenta una mejor relación calidad-precio es Eroski emmental (0,18 €).

Conclusiones

Los quesos rallados tienen un contenido de sal muy significativo y una proporción elevada de grasa, lo que hace además que su aporte calórico sea alto. Por eso no son recomendables para un consumo habitual. En cualquier caso, hay notables diferencias entre ellos. Para empezar, hay que distinguir entre quesos y quesos fundidos. Estos últimos, como El Caserío Filatto y El Caserío en polvo se comportan mejor ante el calor (no se separa la grasa del resto del producto), pero tienen menos proporción de grasas y proteínas debido a su menor contenido de ingredientes lácteos. Por eso son de una categoría comercial inferior, lo que explica su bajo precio (0,39 €/ración). Además, tienen una cantidad muy elevada de sodio (lo que se traduce en aproximadamente un 6% de sal), así que conviene decantarse por los quesos.

Entre los quesos podemos encontrar diferentes opciones; por ejemplo, con un solo tipo o una mezcla de ellos, o con variedades de mayor o menor grado de maduración. En este sentido, la elección depende sobre todo de nuestros gustos (sabor, aroma y textura) y del uso que le vayamos a dar. Por ejemplo, si vamos a cocinar una pizza quizá nos interese utilizar mozzarella. En este caso la mejor elección sería Millán Vicente, que es el que tiene una mejor relación calidadprecio (0,32 €/ración).

Si lo que queremos es un queso curado de sabor intenso y de alta calidad comercial podemos optar por Ferrarini o por Eroski Seleqtia, que gozan de denominación de origen protegida. Entre ellos la mejor elección es, sin duda, Eroski Seleqtia, con una relación calidad-precio muy buena (0,48 €/ración). En términos generales, la mejor elección es Eroski emmental, que destaca sobre todos los demás, no solo por su buena relación calidad-precio, con tan solo 0,18 €/ración, sino también por su escaso contenido de sal (0,7%).

Recomendaciones de compra

  1. Tipo de producto. Observa la etiqueta para saber si se trata de un sucedáneo de queso, de queso fundido o de queso. La mejor elección es el queso, que además nos da información de la variedad.
  2. Ingredientes. Es importante saber si el producto contiene leche o si en su lugar tiene otros derivados lácteos menos apreciados, como suero de leche, proteínas lácteas…
  3. Información nutricional. Generalmente cuanto mayor es la proporción de grasa y proteínas, más apreciado es el queso.
  4. Cantidad de sal. Más de 1,25% se considera una cantidad excesiva.
  5. Precio. Varía mucho entre diferentes productos. En algunos de los más caros el precio no parece justificado, considerando sus características.

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