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El 40,6% de los menores de entre tres y ocho años en España sufre sobrepeso u obesidad, y la mayoría de ellos seguirán padeciéndolo de adultos. A la atracción que niños y adolescentes sienten por el azúcar y los alimentos ultraprocesados, se une otro condicionante que empaña aún más su bienestar: solo un 37% de ellos alcanza la hora mínima diaria de actividad física que recomienda la OMS. : Ejercicio físico: la mejor medicina frente a la obesidad

El 40,6% de los menores de entre tres y ocho años en España sufre sobrepeso u obesidad, y la mayoría de ellos seguirán padeciéndolo de adultos. A la atracción que niños y adolescentes sienten por el azúcar y los alimentos ultraprocesados, se une otro condicionante que empaña aún más su bienestar: solo un 37% de ellos alcanza la hora mínima diaria de actividad física que recomienda la OMS.

¿Por qué las niñas son más sedentarias?

El género es otro factor de riesgo de sufrir sedentarismo. Los jóvenes en edad escolar son mayoritariamente sedentarios, pero el porcentaje es aún mayor en niñas. ¿Cuál es el motivo? Germán Ruiz Tendero, doctor en Ciencias del Deporte y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, lo explica: “Es algo multifactorial: intereses personales, cultura, biología, influencias de los iguales y la familia, el propio entorno físico, sistema educativo, las experiencias de vida…”. Pero este experto, más que intentar dar con la causa, prefiere aportar soluciones:

  • La importancia de la madre activa. El interés de la mujer por el deporte crece cada año. Prueba de ello es que en la primera encuesta de hábitos deportivos que se hizo en España en 1968, un 6,8% de las mujeres españolas practicaba algún deporte, frente al más del 18% de los hombres. Hoy en día, un 44,4 % de españolas practican deporte habitualmente, pero son ellos todavía los que más deporte realizan: un 51%. Ruiz Tendero reconoce que “para que se produzca un giro en los porcentajes es importante poner en valor la figura activa y deportiva de la madre, ya que tendrá un mayor impacto en las niñas que si estas solo observan al padre”. El hecho de que el deporte masculino tenga más presencia mediática y que sean menos los referentes femeninos no ayuda tampoco a la hora de acabar con los estereotipos de género. Combatirlos comienza con una mayor aceptación social de la mujer deportista, comenzando por la figura de la madre activa. Aunque ambos, padre y madre, son referentes para sus hijos, por cuestiones de identificación y comprensión de las emociones, la madre es el modelo de conducta a seguir de la hija.
  • Compartir la experiencia. No basta con apuntar a las niñas a un deporte, hay que participar de esa experiencia, acompañándolas, viéndolas jugar o haciendo la actividad física juntos (incorporando hermanos y amigos). Como dice la neurociencia, si una actividad viene asociada a una emoción positiva, uno se siente acompañado y querido, por lo que nuestras opciones de éxito para la generación de hábitos saludables se verán incrementadas.
  • Incorporar en nuestras actividades a las menores desde muy pequeñas. Aún hoy en día, pese al gran avance de participación e implicación de las mujeres en el deporte, los padres tienen el convencimiento de que los chicos son “más activos” que las chicas, según destaca el estudio La influencia parental en la motivación y participación de los alumnos en actividades físico-deportivas en edad escolar, de la Universidad Complutense de Madrid. “No hay que preocuparse tanto por cuestiones ideológicas, como si nuestras hijas se inclinan más a los mal llamados deportes de chicos o chicas, sino que tengan libertad de escoger aquello que a ellas les gusta y les permita ser más activas, tener experiencias de éxito, pero también una educación en el fracaso, lo cual lleva a la superación personal”, apunta el profesor y autor del estudio Ruiz Tendero.
  • Buscar un equilibrio sin caer en el sedentarismo. En la adolescencia, los intereses cambian. En este punto, las amigas y amigos serán clave para permanecer activas: si el grupo de toda la vida no se mueve, habrá que incorporar entornos sociales activos de forma paralela, como apuntarse en familia a un grupo de montaña, animarla a formar parte de algún equipo de la zona para practicar un deporte… La pubertad es un buen momento para hablar sobre la imagen corporal. Si el objetivo de practicar una actividad física es únicamente mejorar el cuerpo, al final las probabilidades de convertirse en mujeres activas a medio y largo plazo serán menores.
  • Incorporar referentes en el deporte femenino como modelos en las aulas. Son pequeños gestos que suman mucho. Los viajes de ocio activo desde el colegio también dejan una huella muy positiva en la infancia (esquí, natación, campamentos…). “Si hay que hacer una salida escolar, podemos ir a ver un partido de fútbol femenino para apoyarlo y, de paso, mejorar el pensamiento táctico a la vez que lo trabajamos en nuestras clases”, aconseja Germán Ruiz Tendero.

Razones por las que los niños y las niñas tienen que moverse

  1. Aumenta el tamaño de su corazón y su resistencia respiratoria. Con una sola contracción, el corazón de un niño activo envía al resto del organismo más sangre que el de un niño sedentario. Las personas inactivas desarrollan vasos sanguíneos de menor elasticidad, dimensión y capacidad vasodilatadora, un escenario que predispone a la hipertensión.
  2. Mejora la condición física. Más agilidad, potencia de reflejos, aumento de velocidad y refuerza su resistencia.
  3. Disminuye el desarrollo de la arterioesclerosis. La acumulación de grasa en las paredes de las arterias es una enfermedad de adultos que ya se está diagnosticando en menores.
  4. Se incrementan los glóbulos blancos en circulación. Esto crea una mejor defensa ante el desarrollo de células cancerígenas y de infecciones causadas por virus y bacterias.
  5. Mayor rendimiento académico. El ejercicio es un alimento para su cerebro, ya que le asegura una buena llegada de sangre y con ello ayuda al desarrollo de este órgano. El proyecto Active Brains, de la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Granada, analizó el impacto de la actividad física en los cerebros de 110 niños entre 8 y 11 años con sobrepeso u obesidad. Según sus conclusiones, los menores que hacen ejercicio constante tienen más materia gris, lo que redunda en un mayor y mejor rendimiento escolar.
  6. Aumenta la producción de hormonas. Por ejemplo, la del crecimiento (GH), que facilita en gran medida el desarrollo de los huesos, músculos y el resto de las articulaciones.
  7. Beneficios emocionales. Los niños que practican ejercicio físico regularmente tienden a tener mayor autoestima y una actitud más positiva. También logran dormir mejor y son capaces de afrontar mayores desafíos, tanto físicos como emocionales.
  8. Mejora la sociabilización. El deporte enseña a aceptar las reglas, valorar el compañerismo, a integrarse con los otros y a asumir responsabilidades.
  9. Relega hábitos insanos. Contribuye a que los menores no se inicien en el alcohol y el tabaco.

Reduce la grasa corporal. Con ello, las posibilidades de sufrir sobrepeso.

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