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Guía de compra: zumos : Clasificación

Aportan vitaminas, minerales y nos ayudan a hidratarnos pero es preferible no emplearlos como sustitutos sistemáticos de la fruta

Clasificación

Según el proceso de elaboración, los ingredientes y el tratamiento de conservación aplicado, los zumos se pueden dividir en:

  • Concentrados. Se elaboran a partir de un concentrado de zumo que se obtiene tras eliminar gran parte del agua del zumo y posteriormente se refrigera o congela. Es una práctica frecuente con ciertas frutas como la naranja, piña y algunas tropicales. Después, en el momento de su envasado final, se incorpora el agua extraída. La legislación permite que en esta reconstitución se añadan sustancias aromatizantes y vitaminas que provengan del concentrado del propio zumo de fruta o de otro zumo de frutas de la misma especie. Hasta el año pasado se permitía la adición de azúcar, aunque dicha práctica se ha prohibido por la Directiva 2012/12/UE, y por ello a partir del 28 de octubre de 2015 ningún zumo de frutas contendrá azúcares añadidos. Los zumos concentrados deben indicar en su etiqueta “zumo a base de concentrado” o una expresión similar.
  • Exprimidos (refrigerados o ambiente). El zumo de naranjas exprimidas utiliza como materia prima el propio zumo, y no recurre a concentrados ni se somete a evaporación alguna. Para eliminar y prevenir la aparición de bacterias o mohos, se aplican tratamientos térmicos, similares a los de la leche. En función del sistema elegido, los zumos pueden ser refrigerados o ambiente (no requieren frío). Los primeros se han pasteurizado, es decir, se calientan durante un breve intervalo de tiempo y han de conservarse en el frigorífico hasta su consumo. Los ambiente han recibido un tratamiento térmico algo más intenso (más calor durante más tiempo), UHT, que garantiza su esterilización (ausencia de microorganismos) y consigue que el envase no requiera frío. Hay que aclarar que “refrigerado” no es sinónimo de “zumo de naranjas exprimidas” ya que hay zumos de concentrado que también son refrigerados. El zumo refrigerado debe permanecer en el frigorífico, mientras que el ambiente solo lo requiere una vez abierto el envase. De este modo, mantienen sus propiedades nutritivas y cualidades gustativas entre 2 y 6 días después de abiertos.
  • Néctares. A veces, se confunde el término zumo con el de néctar, pero las diferencias nutritivas entre ambos productos son significativas. El néctar de frutas es el producto obtenido a partir de frutas trituradas (hechas puré) a las que se les ha añadido agua, azúcar (miel u otros edulcorantes) y ácidos de fruta, por lo que aportan más calorías. La adición expresa de azúcares a esta bebida, que no debe ser superior al 20% del peso total del producto acabado, ha de tenerse en cuenta especialmente por personas diabéticas y por quienes deben controlar su peso. Desde el punto de vista nutricional, se trata de la opción menos recomendable para un consumo frecuente.
  • Con o sin pulpa. Al zumo, una vez elaborado, tanto si es concentrado, ambiente o refrigerado, el fabricante puede decidir añadirle la pulpa que haya perdido después de la extracción. Si es así, es obligatorio que esto figure en la etiqueta. Siempre es mucho más recomendable un zumo con pulpa añadida (sea envasado o casero) ya que ello aumenta la cantidad de fibra dietética ingerida. La fibra de los alimentos, además de contribuir al normal funcionamiento del intestino, se ha asociado en diversos estudios a potenciales beneficios para la salud del corazón.
  • Zumo con leche. Es frecuente que los zumos envasados se complementen con leche. De esta manera, se incrementa su contenido en varias vitaminas y minerales, sobre todo calcio, aunque también aumentará el contenido en grasas, salvo que la leche sea desnatada. Muchas veces, la publicidad de estos productos hace que el consumidor contemple estos productos como sustitutos del desayuno en caso de falta de apetito, prisas o para niños a quienes no les gusta la leche o la fruta. La realidad es que no equivalen a una ración de lácteos y otra de fruta, como se puede pensar, ya que en la composición media de estas bebidas destaca el zumo de frutas a base de concentrado con un modesto o incluso escaso contenido en leche. Además, la mayoría de estas bebidas son una mezcla de zumos de diferentes frutas. Esto, junto a la leche, genera una la mezcla indefinida de sabores que puede condicionar la educación del paladar de los niños.

En busca de posibles ahorros

Ahorrar se está convirtiendo en una constante en nuestras economías domésticas. Muchas veces, tendemos a pensar que los productos más básicos, con una presencia mayoritaria en nuestra cesta de la compra y con un precio que no destaca por concentrar grandes desembolsos (pan, leche, zumo, huevos…) están exentos de la búsqueda de posibles ahorros. Comprobemos qué muestran los números si nos preguntamos:

  • ¿Cuál es más barato: el zumo hecho en casa o el envasado? Si atendemos a las frecuencias de consumo recomendado, una familia compuesta por tres miembros (padres y un hijo) debería consumir en una semana un máximo de 3,5 litros de zumo. En euros, si apuestan por el de tipo envasado gastarán alrededor de 2,38 euros (un brick de un litro de zumo económico de marca blanca cuesta unos 0,68 euros). Si en cambio, se prefiere la preparación casera, su gasto en naranjas asciende al triple: 7,35 euros. ¿Cómo lo hemos calculado? Para un vaso de zumo hecho en casa se necesitan 3 naranjas medianas (de unos 165g). Un kilo de naranjas de zumo cuesta en torno a los 0,85 euros. Así, el vaso de zumo casero (200ml) cuesta 0,42 céntimos y el litro 2,10 euros.
  • ¿Y si compramos marca blanca? De nuevo, tomamos como referencia el consumo semanal de zumo de la familia del ejemplo anterior: 3,5 litros. Si enfrentamos el gasto que supone comprar tal cantidad de zumo de marca blanca (que cuesta 0,68 euros) con el de su homólogo fabricante (en torno a los 0,93 euros). En ambos casos, se trata de un zumo de naranjas exprimidas que se conserva a temperatura ambiente. Comprobamos que el ahorro al optar por la marca blanca ronda el 27%.

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