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: Problemas más habituales en los pies

El calzado ha de ser cómodo, funcional y con un tacón de no más de cuatro centímetros. Caminar con comodidad y cuidar la columna, evitar lumbalgias y artrosis vertebrales, los objetivos

Problemas más habituales en los pies

Pies, ¿para qué os quiero?

Son los grandes olvidados del cuerpo humano. No se cuidan como se merecen y, por si fuera poco, en ocasiones los martirizamos con un calzado inadecuado. Los problemas más comunes que sufren nuestros pies son, según el tipo de calzado, los que siguen:

  • Bailarinas y zapatos extra planos: Tienen suelas finas y flexibles que no proporcionan el soporte adecuado para el pie ni amortiguan eficazmente el impacto de las pisadas. Su uso frecuente puede producir dolor en el tendón de Aquiles, contracturas, calambres y dolor en el arco plantar y en el talón. Es aconsejable no emplear este calzado para caminar mucho: mejor calzar un zapato con tacón de entre 2 y 4 cm. No está de más incorporar plantillas específicas para absorber el impacto de la pisada.
  • Zapatos puntiagudos: La puntera estrecha oprime los dedos, con el riesgo de que se monten unos sobre otros. La opresión empuja los bordes de las uñas hacia el interior de la piel y así aparecen la uñas encarnadas o uñeros. A la larga, esa presión genera una protuberancia ósea, el dedo de martillo.
  • Tacones altos: Dolor en las plantas de los pies, en los dedos, juanetes, callosidades, problemas lumbares… Los zapatos de tacón alto causan muchos e importantes problemas. Si además son tacones finos, impiden que la pisada sea firme y propician torceduras en el tobillo y caídas, porque el tacón se introduce más fácil en el pavimento. Lo mejor es que no superen los 4 cm, pero si no nos resistimos a llevarlos, que no superen los 6-8 cm, no los usemos a menudo e intentemos utilizar una almohadilla de gel o silicona para aliviar la presión en la planta.
  • Plataformas: Aunque por su apariencia pueda parecer lo contrario, este tipo de suela no está preparada para absorber los impactos de la pisada, de manera que provocará dolor en rodillas, cadera y zona lumbar.
  • Zapatillas deportivas: Están diseñadas para hacer deporte y son adecuadas para este uso, pero no para otros. Si se abusa de las deportivas, los pies se someten a un excesivo calor y humedad, lo que causa hipersudoración que, a su vez, puede desencadenar la aparición de hongos e infecciones. Conviene alternar diferentes tipos de calzado y utilizar calcetines de fibras naturales.
  • Chanclas o sandalias de dedo: Su inconveniente es que apenas amortiguan el impacto debido a que sus suelas son blandas, carecen de tacón y el el pie no está sujeto. Pueden ocasionar torceduras de tobillo, rozaduras y ampollas en los espacios entre dedos. Otro problema es que la piel de los talones se seca, se muere y aumenta la presencia de callos en esa zona. Para evitar su aparición, conviene utilizar las confeccionadas con material suave y una suela rígida y consistente.

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