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Guía de compra: yogures : Yogur, un incondicional en la nevera

De diferentes sabores, formatos y precios, este producto aporta proteínas de calidad y notables cantidades de calcio. Su consumo ha aumentado mucho en los últimos años. Hoy, de media, un adulto toma 53 gramos al día y un niño, 120 gramos

¿Cuál compro?

Suberencias de compra

La presencia del yogur en nuestros hogares es muy frecuente. La gran variedad de opciones que se pueden encontrar en las cámaras frigoríficas de los supermercados dificulta mucho la elección. Mientras paseamos ante semejante escaparate, nos ronda la pregunta de cuál conviene elegir en cada momento y para qué tipo de persona. Las siguientes son algunas recomendaciones. ¿Cuál es el mejor yogur para…?

Todos los días

Se aconseja tomar unas dos raciones al día de lácteos (leche, yogur o queso) y una ración de lácteos equivale a dos unidades del típico yogur (de 125 gramos). Los más recomendables son el yogur desnatado (natural o natural edulcorado), el bífidus desnatado y el yogur con L-Casei 0%. Por lo tanto, es posible tomar dos unidades de estos tres tipos de yogures cada día. La otra ración de lácteos podría provenir de un vaso de leche o de una ración de queso fresco.

En la cocina

El yogur es un ingrediente muy útil para diferentes platos: como aderezos de ensaladas, pescados y carnes blancas a la plancha; en salsas templadas e, incluso, en repostería. En líneas generales, se recomiendan los yogures naturales en sus variados formatos: con leche entera, semi y desnatados; con los más cremosos del estilo griego y hasta con los yogures elaborados con leche de oveja. Pero sin azúcar, ya que su sabor ligeramente ácido complementa multitud de elaboraciones.

Los niños

Hay muchos productos dirigidos a niños con apariencia de yogur que, en realidad, son postres lácteos hechos con leche o queso (para ser un yogur, según la legislación, deberían elaborarse con bacterias lácteas). Por eso, es importante revisar la etiqueta de estos productos porque pueden contener notables cantidades de azúcares añadidos. En todo caso, las mejores opciones para los niños son las mismas que para los adultos: yogur desnatado (natural o natural edulcorado), bífidus desnatado o yogur con L-Casei 0%.

Los adultos con problemas de colesterol

Cualquier yogur que contenga esteroles o estanoles vegetales puede ejercer modestas reducciones sobre el colesterol sanguíneo. Los que se encuentran en el mercado no tienen grandes cantidades ni de azúcares ni de grasas (tampoco de sal), por lo que cualquiera será recomendable, siempre que su uso no sustituya el consejo sanitario ni el seguimiento de un buen estilo de vida.

Personas con diabetes

Las personas con diabetes, además de vigilar la cantidad de azúcares que consumen, deben ser conscientes de que el exceso de peso que pueden padecer incrementa el riesgo de sufrir un evento cardiovascular. Estas personas deben priorizar los yogures desnatados y sin azúcares añadidos, así como reservar para ocasiones muy esporádicas los yogures azucarados, con sabor a frutas (o con frutas) o griegos.

Combatir el estreñimiento

La mejor manera de combatir el estreñimiento es acudir al médico y a un dietista-nutricionista. Entre los consejos más útiles, está el de aumentar el consumo de fibra dietética, presente en alimentos de origen vegetal poco procesados (arroz y harina integrales, fruta fresca, legumbres, frutos secos, etc.), y también en alimentos enriquecidos. Existen yogures con fibra dietética añadida o con ciertas bacterias que, en teoría, ayudarían al tránsito intestinal, pero la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no permite que estos productos se acompañen de declaraciones que hagan pensar al consumidor que la diarrea o el estreñimiento puedan mejorar con ellos. En cualquier caso, tiene sentido escoger los yogures con fibra añadida, siempre sin descuidar la ingesta de hortalizas y frutas (una ración de fruta puede contener más cantidad de fibra que un yogur con fibra añadida).

De vez en cuando

Para momentos especiales, conviene reservar tres yogures. El yogur entero con frutas (una ración aporta más del 20% de las ingestas recomendadas de azúcares), el bebible azucarado (aporta un 31%) y el griego (supone el 18% de las ingestas recomendadas de grasas y casi el 40% de grasas saturadas en una ración).

Apuntes para el ahorro

Marcas, formatos, envases e ingredientes añadidos. Estos son los principales vectores que determinan el precio de un yogur. Un precio que, sin duda, es muy variable y que registra importantes diferencias según la elección de producto que se haga. No son unos pocos céntimos: entre el yogur más caro y el más barato hay varios euros de diferencia. Las opciones más costosas son hasta siete veces más caras que las más económicas.

El dato es claro y el tamaño de la horquilla, concreto: un kilo de yogur cuesta entre 1 y 7 euros. Basta comparar los precios para comprobarlo. Sin embargo, no es tan sencillo encontrar los patrones de esa gran diferencia, ya que no hay una única razón que determine el coste final de un yogur. En ocasiones, prima la marca. Otras veces, es el formato de presentación o el material con el que está hecho el envase. Pero también inciden muchísimo los ingredientes añadidos, como cereales, mermeladas o frutas, y también de calcio, fibra o esteroles vegetales, por citar algunos ejemplos.

En términos generales, los yogures que se comercializan en tarros o frascos de cristal son más caros que los que se venden en envases de plástico. Asimismo, los botellines -que tienen más capacidad, unos 750 ml- suelen ser más económicos que los envases individuales. No obstante, algunos packs de vasos pequeños (en general, de cuatro u ocho unidades) son una opción muy interesante y barata. En cuanto al tipo de yogur, las presentaciones que incorporan otros ingredientes -cereales, fruta, chocolate, etc.- y las que se presentan como “funcionales” -con fibra o calcio, por ejemplo- son más costosas que los yogures simples. Y, entre estos, suelen costar más caros los yogures de sabores y azucarados que el yogur básico, al natural.

Ahora bien, es preciso tener en cuenta que estas “líneas maestras” no siempre se cumplen. En ocasiones, pierden nitidez ante el “factor marca”. Así, en contra de lo que cabría esperar, un yogur con frutas o fibra de una marca puede ser más barato que un yogur simple de otra. A modo de ejemplo: una tarrina de 200 gramos de yogur natural Lactebal cuesta 0,85 euros. Por ese mismo precio, encontramos un pack de 500 gramos de yogur con frutas del bosque Eroski o 280 gramos de yogur enriquecido con fresas de Danone.

Entonces, ¿cómo ahorrar en la compra? Un buen punto de partida es determinar qué tipo de yogur nos gusta o preferimos consumir, ya que la enorme variedad de opciones que hay en el mercado impide comparar unos tipos de yogur con otros -no es lo mismo uno bebible natural que uno cremoso con arándanos, por ejemplo-. Una vez que hayamos elegido el adecuado a nuestras preferencias o necesidades, podremos comparar precios dentro de su categoría. Entre los yogures naturales y los que tienen sabores, el precio vendrá determinado por el tipo de envase y por la marca. Entre los que incorporan ingredientes o nutrientes, también. Cuanto más se asemeje a un postre que a un yogur, más caro será el producto.

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