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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Analizada la accesibilidad de un recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal en 18 capitales del país : Una de cada tres ciudades aún conserva barreras arquitectónicas para ser accesible

Las mayores deficiencias para una persona en silla de ruedas se hallaron callejeando y en los centros deportivos municipales con piscina

Las 18 ciudades, una a una

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A Coruña

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en A Coruña

A Coruña conserva barreras arquitectónicas para las personas en silla de ruedas

La accesibilidad se calificó con un ‘regular’ en la prueba del recorrido por la ciudad

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En el caso de A Coruña, se contó con la colaboración desinteresada de COGAMI (Confederación Galega de Persoas con Discapacidade). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido que se inició en la Avenida Montserrat, pero que hubo que cambiar por Cuatro Caminos-Avenida Von Hundoldf. Después, se tomó la línea 1A Avenida Montserrat y la Línea 5 San Pedro de Mezonzo. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Complexo Deportivo Elviña.

La ciudad gallega se sitúa en la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘aceptable’. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘regular’, el viaje en autobús con un ‘bien’ y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘aceptable’.

Un paseo con barreras

Durante el recorrido, se produjeron situaciones de peligro. En concreto, la falta de acondicionamiento y el tráfico de una de las zonas que se visitaron (la Avenida Montserrat) obligaron a la persona con movilidad reducida y a su acompañante a cambiar de trayecto por el riesgo que suponían.

En líneas generales, en la visita por las calles coruñesas se comprobó en algunas zonas el pavimento no era estable porque había adoquines levantados y desniveles en las aceras. En otras zonas, la acera no tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros debido a algunos sumideros o vehículos mal aparcados que dificultaban el paso.

Por otra parte, la acera y la calzada no se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), pero los bordillos estaban rebajados en todo el trayecto y coincidían con el nivel de la calzada. En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 6 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, el semáforo funcionaba correctamente, aunque no en todos se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada, estaban pintados correctamente y la pintura no era resbaladiza.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas. En el recorrido realizado en la ciudad coruñesa, se encontraron y estaban salvadas por una rampa, pero ésta no era lo suficientemente ancha (mínimo 120 centímetros de anchura), no había suficiente espacio para maniobrar y el pavimento no era antideslizante.

Un viaje con pocas sorpresas

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En A Coruña, fue aquí donde se encontró el defecto principal: en la Línea 1A no había espacio reservado al autobús y delante de la marquesina había coches aparcados. Por lo demás, el pavimento de las paradas era estable y sin gravilla, arena o tierra suelta.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, había una zona adaptada para personas con silla de ruedas con sistema de anclaje, cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible.

Por último, aunque el conductor de la Línea 5 estuvo muy pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante, arrancaron antes de que la silla estuviese anclada al cinturón y conducía bastante rápido.

El acceso a la piscina

La entrada al centro no estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal), pero había rampa para salvar las escaleras; y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador no tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros), pero durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso y todos los accesos estaban habilitados a personas en sillas de ruedas.

Una vez en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar con una silla de ruedas. Sin embargo, se observaron carencias en cuanto a sistemas de accesibilidad que ayudasen a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: faltaban rampas de acceso a la zona de menor profundidad, plataformas elevadoras que funcionasen bajo el agua y grúas o elevadores.

Alicante

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Alicante

Alicante, adaptada a personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad se valoró con un ‘aceptable’, pero la del viaje en autobús y el centro deportivo municipal con piscina se calificó con un ‘muy bien’

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En el caso de Alicante, se contó con la colaboración desinteresada de COCEMFE (Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido desde el Ayuntamiento hasta la calle Gerona. Después, se tomó la línea 5 Explanada-San Blas. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Monte Tossal.

La ciudad alicantina se sitúa por encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘aceptable’, y el viaje en autobús y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘muy bien’.

Un paseo con barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento no era estable porque había baldosas rotas y sueltas y alcantarillas que sobresalían, y en otras el suelo era resbaladizo. Sin embargo, la acera tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, algunos bordillos no estaban rebajados, por lo que la persona con movilidad reducida se ve obligada a ir por la calzada unos 20 metros porque no puede subir a la acera hasta que llega a un vado con rampa.

En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 6 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, el semáforo funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada, pero la pintura estaba desgastada.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad alicantina no se encontraron. Sí se hallaron obras y aunque estaban valladas, suponían un obstáculo en el camino.

Un viaje con pocas sorpresas

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. Sin embargo, en la de Alicante, no había suficiente espacio en ella. Además, el pavimento era estable pero resbaladizo.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, había una zona adaptada para personas con silla de ruedas con cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible. No había, sin embargo, sistema de anclaje.

Por último, el conductor estuvo pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba completamente ubicada y anclada.

El acceso a la piscina es posible

La entrada al centro no estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal), pero había rampa para salvar el desnivel; y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros) y durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso.

Una vez en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Sin embargo, se observaron carencias en cuanto a sistemas de accesibilidad que ayudasen a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: faltaban rampas de acceso a la zona de menor profundidad y grúas o elevadores. Sí había escaleras de acceso adaptadas (con peldaños amplios y pasamanos) y plataformas elevadoras que funcionan bajo el agua.

Barcelona

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Barcelona

Barcelona, adaptada para personas en silla de ruedas

La accesibilidad se calificó con un ‘bien’ en las tres pruebas realizadas

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En el caso de Barcelona, se contó con la colaboración desinteresada de ASPAYM (Asociación de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos). La visita consistió en tres fases: primero, se hizo un recorrido por Provençals de un máximo de 20 minutos; después, se tomó la línea 36 Pujadas-Espronceda; y por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina CAN Felipa.

La ciudad condal se sitúa por encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, en las tres se valoró la accesibilidad de la ciudad con un ‘bien’.

Un paseo con barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que en algunas zonas el pavimento no era estable porque había adoquines sueltos y baches. Sin embargo, el suelo era antideslizante. La acera tenía una anchura de paso libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros, aunque a veces las papeleras y los alcorques de los árboles suponían un obstáculo.

Por otra parte, no siempre la acera y la calzada se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), pero en esos casos, los bordillos estaban rebajados y coincidían con el nivel de la calzada. En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 22 ocasiones pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, el semáforo funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada y estaban pintados correctamente, aunque a veces la pintura era resbaladiza.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad barcelonesa no se encontraron. Sí se hallaron obras y estaban convenientemente valladas.

Un viaje con pocas sorpresas

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En Barcelona, había espacio suficiente para la silla de ruedas y no se hallaron obstáculos. Además, el pavimento de las paradas era estable y sin gravilla, arena o tierra suelta, y las informaciones expuestas estaban a una altura accesible para personas en silla de ruedas.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Sin embargo, una vez dentro, aunque había una zona adaptada para personas con silla de ruedas, faltaba un sistema de anclaje. Sí disponía de cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible.

Por último, la actitud del conductor merece una reflexión, dado que no esperó a que la persona con dificultades de movilidad estuviera completamente ubicada en su sitio antes de arrancar.

El acceso a la piscina

La entrada al centro no estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal), pero había rampa para salvar el desnivel; y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros) y aunque durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso, todos los accesos no estaban habilitados a personas en sillas de ruedas: se observó por ejemplo que algunas rampas eran demasiado estrechas.

Una vez en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Sin embargo, se observaron carencias en cuanto a sistemas de accesibilidad que ayudasen a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: faltaban rampas de acceso a la zona de menor profundidad, plataformas elevadoras que funcionasen bajo el agua y escaleras de acceso adaptadas. Sí que contaban con grúas o elevadores.

Por último, disponían de aseos y duchas adaptadas. El acceso a estas instalaciones estaba libre de obstáculos por norma general y las puertas de acceso eran lo suficientemente anchas.

Bilbao

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Bilbao

Bilbao aún conserva barreras arquitectónicas para ser accesible a personas en silla de ruedas

La persona en silla de ruedas no pudo acceder al centro deportivo municipal con piscina y el personal de las instalaciones confirmó a EROSKI CONSUMER que no estaban adaptadas

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En el caso de Bilbao, se contó con la colaboración desinteresada de FEKOOR (Federación Coordinadora de Personas con Discapacidad Física de Bizkaia). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido por Blas de Otero-Iruña-Morgan-Ribera-Botica Vieja. Después, se tomó la línea de autobús A-4 Zorrozaurre-Deusto. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Polideportivo Municipal de Deusto.

La ciudad bilbaína se sitúa por debajo de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘regular’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘bien’, el viaje en autobús con un ‘aceptable’ y la persona en silla de ruedas no pudo acceder al interior de las instalaciones deportivas municipales, ya que se trataba de una instalación sin adaptar (así lo anunció el personal de la entrada).

Un paseo con pocas barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento no era estable siempre porque había baldosas rotas y sueltas, trampillas de ventilación y sillas y mesas de los bares que suponían un obstáculo.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), pero en esos casos, los bordillos estaban rebajados. En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 11 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, este funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada, estaban pintados correctamente y no resbalaban.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad bilbaína no se encontraron.

Un viaje con alguna sorpresa

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. Sin embargo, en la de Bilbao, un árbol impedía el acceso a la parada. Además, las señales, paneles y carteles con información estaban demasiado altos para leerlos

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. La rampa, plataforma elevadora o piso bajo se atascó y solo consiguieron abrirla mediante un golpe. La puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro) y una vez dentro, el pasillo era tan estrecho que en una silla de ruedas no se podía acceder a la canceladora. Por otro lado, había una zona adaptada para personas con silla de ruedas con cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible. No había, sin embargo, sistema de anclaje. El conductor estuvo pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba anclada al cinturón.

Instalaciones deportivas municipales

En Bilbao, el personal del centro polideportivo municipal con piscina confirmó que las instalaciones no estaban adaptadas para una persona en silla de ruedas. De hecho, sugirieron visitar otro polideportivo más o menos cercano, remodelado y adaptado recientemente: el de San Ignacio.

EROSKI CONSUMER confirmó con el colaborador de FEKOOR que el acceso al centro era imposible porque había un escalón de 20 centímetros sin rampas o ascensores que lo salvasen. Además, dentro del edificio, había que bajar

Cádiz

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Cádiz

Cádiz aún conserva barreras arquitectónicas para ser accesible a personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad se valoró con un ‘regular’

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En el caso de Cádiz, se contó con la colaboración desinteresada de FEGADI (Federación Gaditana de Personas con Discapacidad Física y Orgánica). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido desde la plaza San Juan de Dios-calle Pelota-Compañía-plaza de las Flores-calle Columela-General Luque-plaza de las Tortugas. Después, se tomó la línea de autobús 1 Plaza España-Cortadura. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Ciudad de Cádiz.

La ciudad gaditana se sitúa por encima en la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘aceptable’. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘regular’, el viaje en autobús con un ‘muy bien’, y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘bien’.

Un paseo con barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que en algunos tramos las aceras eran estrechas y también se encontraron algunos obstáculos (a pesar de que debe haber una zona libre de ellos igual o mayor a 120 centímetros): eran papeleras, bancos, macetas, rejillas de ventilación, sumideros o alcantarillas y sillas y mesas de los bares.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, algunos bordillos tenían una altura superior a 14 centímetros y no estaban rebajados.

En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 3 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones. Todos los que se vieron tenían una anchura adecuada, pero en algunos casos no estaban pintados correctamente.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas. En el recorrido realizado en la ciudad gaditana también se encontraron y estaban salvadas por rampas. También había obras y aunque estaban valladas, suponían un obstáculo en el camino y hubo que rodearlas.

Un viaje con pocas sorpresas

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. Sin embargo, en la de Cádiz, no había suficiente espacio en ella. No obstante, el pavimento de las paradas era estable y sin gravilla, arena o tierra suelta.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, había una zona adaptada para personas con sistema de anclaje, silla de ruedas con cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible. Sin embargo, la máquina canceladora de billetes está situada en el otro extremo con la dificultad a la hora de pagar que ello supone.

Por último, el conductor estuvo pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba anclada al cinturón.

El acceso a la piscina es posible

La entrada al centro no estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal), pero había rampa y ascensor para salvar el desnivel; y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador no tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros) y durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso.

En la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Sin embargo, no ocurría lo mismo con las puertas de acceso a los vestuarios.


Córdoba

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Córdoba

Córdoba está adaptada a personas en silla de ruedas

La accesibilidad del recorrido por la ciudad y del centro deportivo municipal con piscina se valoró con un ‘bien’, aunque la del viaje en autobús se calificó con un ‘aceptable’

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En el caso de Córdoba, se contó con la colaboración desinteresada de FEPAMIC (Federación de Asociaciones de Minusválidos Físicos y Orgánicos de Córdoba). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido desde la plaza de las Tendillas hasta la avenida Ronda de los Tejares. Después, se tomó la línea de autobús 5 de Renfe-Ciudad Sanitaria. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Polideportivo Vista Alegre.

La ciudad cordobesa se sitúa por encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido y la visita al centro deportivo municipal con piscina se valoró con un ‘bien’, y el viaje en autobús con un ‘aceptable’.

Un paseo con pocas barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento era estable y antideslizante. Además, la acera tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros, aunque en ocasiones, las papeleras y los árboles o jardineras suponían un obstáculo.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, algunos bordillos no estaban totalmente rebajados al llegar a una intersección. En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 5 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, el semáforo funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada, estaban bien pintados pero no señalizados con pavimento táctil.

Un viaje con alguna sorpresa

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En la de Córdoba, había suficiente espacio en ella y el pavimento era estable y sin gravilla, arena o tierra suelta.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba, pero era muy elevada. La puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro), pero también se comprobó que la persona en silla de ruedas no hubiese podido pagar si hubiese ido solo porque la máquina expendedora se encontraba al otro lado del vehículo. Una vez dentro, había una zona adaptada para personas con silla de ruedas con sistema de anclaje, cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible. Por último, el conductor arrancó cuando la silla estaba anclada al cinturón.

El acceso a la piscina es posible

Antes de entrar al centro deportivo municipal, no se vieron plazas reservadas a personas con movilidad reducida que conduzcan. Sin embargo, el acceso era el ideal: la entrada al centro estaba al mismo nivel que la calle y la puerta era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros) y durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso.

Una vez en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. También había varios tipos de sistemas de accesibilidad para ayudar a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: por ejemplo, rampas de acceso a la zona de menor profundidad y grúas o elevadores.

Granada

Accesibilidad en las ciudades: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Granada

Granada, adaptada a personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad se valoró con un ‘aceptable’, pero la del viaje en autobús y el centro deportivo municipal con piscina se calificó con un ‘muy bien’

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En el caso de Granada, se contó con la colaboración desinteresada de ASPAYM (Asociación de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido desde la plaza del Carmen hasta la calle Poeta Manuel de Góngora. Después, se tomó la línea de autobús 11 Plaza del Carmen. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Complejo Deportivo Núñez Blanca.

La ciudad granadina se sitúa por encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘aceptable’, y el viaje en autobús y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘muy bien’.

Un paseo con barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento era irregular y resbaladizo en algunas zonas. Sin embargo, la acera tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros, aunque en ocasiones las rejillas de ventilación, sumideros o alcantarillas suponían un obstáculo.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, los bordillos estaban rebajados, aunque siempre acababan en un resalte de unos dos centímetros entre la calzada y la acera que complicaba el paseo a la persona en silla de ruedas.

En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 10 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, este funcionaba correctamente, pero no siempre se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, eran algo estrechos (el mínimo son 1,80 metros).

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad granadina no se encontraron.

Un viaje con pocas sorpresas

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En la visita en Granada, había suficiente espacio en ella y el pavimento era estable, sin gravilla, arena o tierra suelta.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, no había pasamanos pero sí una zona adaptada para personas con silla de ruedas con cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible. No contaba, sin embargo, con sistema de anclaje.

A la hora de pagar, la máquina canceladora de billetes se encontraba al otro lado del autobús, lo que dificultaba a la persona en silla de ruedas el simple acto de pagar. Por último, el conductor estuvo pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba anclada al cinturón.

El acceso a la piscina es posible

La entrada al centro no estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal), pero había rampa para salvar el desnivel; y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros) y durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso.

Ya en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Sin embargo, se observaron carencias en cuanto a sistemas de accesibilidad que ayudasen a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: faltaban rampas de acceso a la zona de menor profundidad y plataformas elevadoras que funcionasen bajo el agua. Sí había escaleras de acceso adaptadas (con peldaños amplios y pasamanos) y grúas o elevadores.

Málaga

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Málaga

Málaga aún conserva barreras arquitectónicas para ser accesible a personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad se valoró con un ‘aceptable’, pero la del viaje en autobús con un ‘muy bien’. En el centro polideportivo municipal no permitieron el acceso

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En el caso de Málaga, se contó con la colaboración desinteresada de ASPAYM (Asociación de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido por Alameda Principal-Alameda de Colón-calle Muelle Agustín Heredia. Después, se tomó la línea de autobús 1 Parque del Sur. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Polideportivo Ciudad Jardín.

La ciudad malagueña se sitúa por debajo de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘regular’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘aceptable’ y el viaje en autobús con un ‘muy bien’. Sin embargo, en el polideportivo municipal no permitieron el acceso y el usuario en silla de ruedas no pudo comprobar si las instalaciones estaban adaptadas para un uso futuro.

Un paseo con barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento era estable y antideslizante. Sin embargo, las farolas, papeleras, árboles o jardineras, alcorques, sillas y mesas de los bares, y vehículos mal aparcados suponían en muchas ocasiones un obstáculo.

Por otra parte, la acera y la calzada estaban al mismo nivel (es lo ideal) durante todo el trayecto. En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 5 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, el semáforo funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada, pero la pintura de algunos estaba desgastada.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad malagueña no se encontraron. Sí se hallaron obras: estaban valladas y no supusieron un obstáculo en el camino.

Un viaje con pocas sorpresas

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. Las visitadas en Málaga sí había suficiente espacio y el pavimento era estable y sin gravilla, arena o tierra suelta.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, no había pasamanos pero sí una zona adaptada para personas con silla de ruedas con cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible. No había, sin embargo, sistema de anclaje.

Por último, el conductor estuvo muy pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba anclada al cinturón.

No permitieron el acceso

El acceso al centro deportivo municipal con piscina se hizo con mucha dificultad a través de una puerta giratoria muy estrecha. Aunque en recepción ofrecieron alguna información (confirmaron que había aseos y duchas adaptadas), no permitieron a la persona en silla de ruedas comprobar si las instalaciones estaban adecuadamente adaptadas para un uso futuro. Era imprescindible un permiso oficial, a diferencia de lo que ocurría en el resto de ciudades, donde esa gestión era innecesaria.

Madrid

Accesibilidad en las ciudades: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Madrid

Madrid, adaptada a personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad y la del viaje en autobús se valoraron con un ‘bien’, y el centro deportivo municipal con piscina se calificó con un ‘muy bien’

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En el caso de Madrid, se contó con la colaboración desinteresada de PREDIF (Plataforma Representativa Estatal de Discapacitados Físicos). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido por Alcalá-Concepción Jerónima- Puerta del Sol-calle Mayor-zona Ayuntamiento. Después, se tomó la línea de autobús 53 Sol-Arturo Soria. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Polideportivo Chamartín.

La ciudad madrileña se sitúa por encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido y el viaje en autobús se valoraron con un ‘bien’, y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘muy bien’.

Un paseo con pocas barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento era estable y antideslizante por norma general. Sin embargo, en algunas partes del trayecto, los adoquines provocaban que las ruedas de la silla se trabasen, corriendo el riesgo de caer al suelo.

Casi siempre, la acera tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros, aunque a veces las rejillas de ventilación y las sillas y mesas de los bares supusieron un obstáculo.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, algunos bordillos no estaban rebajados, lo que obligó a la persona con dificultades de movilidad a dar un rodeo. En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 10 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, este funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada y estaban bien pintados.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad madrileña no se encontraron.

Un viaje con pocas sorpresas

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En la visitada en Madrid, había suficiente espacio en ella y el pavimento de las paradas era estable antideslizante y sin gravilla, arena o tierra suelta.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, la máquina marcadora de billetes no era accesible porque está colocada al otro lado del autobús, junto al conductor. Sí había una zona adaptada para personas con silla de ruedas con sistema de anclaje y pulsador de llamada a una altura accesible.

Por último, el conductor estuvo pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba anclada.

El acceso a la piscina es posible

La entrada al centro no estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal), pero había rampa para salvar el desnivel; y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros) y durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso.

Ya en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. También contaban con sistemas de accesibilidad que ayudasen a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: por ejemplo, rampas de acceso a la zona de menor profundidad y grúas o elevadores.

Murcia

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Murcia

Murcia, adaptada a personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad se valoró con un ‘aceptable’, la del viaje en autobús y el centro deportivo municipal con piscina se calificó con un ‘bien’

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En el caso de Murcia, se contó con la colaboración desinteresada de ASPAYM (Asociación de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido desde la plaza Circular hasta la calle Maestro Salvador Ortiz. Después, se tomó la línea de autobús 1 Nueva Condomina. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Centro Municipal La Flota.

La ciudad murciana se sitúa por encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘aceptable’, y el viaje en autobús y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘bien’.

Un paseo con barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento era estable y antideslizante. Sin embargo, la acera no tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros, los vehículos y las mesas y sillas de los bares impedían el paso.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, los bordillos estaban rebajados y tenían un altura inferior a 14 centímetros.

En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 12 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, este funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada y estaban bien pintados.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas. En el recorrido realizado en la ciudad murciana se encontraron y como medios alternativos había rampas no mecánicas. Éstas no tenían barandillas, no tenían una anchura mínima de 120 centímetros ni había suficiente espacio para maniobrar.

Un viaje con pocas sorpresas

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En las visitadas en Murcia, había suficiente espacio y el pavimento era estable, antideslizante y sin gravilla, arena o tierra suelta.

Cuando llegó el autobús, no se vio la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, había una zona adaptada para personas con silla de ruedas con cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible. No había, sin embargo, sistema de anclaje.

El acceso a la piscina es posible

La entrada al centro estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal) y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador ubicado en el área de recepción contaba con una parte más baja (un máximo de 80 centímetros), pero estaba ocupada con carteles de información. Aun así, durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso.

Ya en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Sin embargo, se observaron carencias en cuanto a sistemas de accesibilidad que ayudasen a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: faltaban rampas de acceso a la zona de menor profundidad, aunque contaban con otras medidas como las escaleras de acceso adaptadas, grúas o elevadores y plataformas elevadoras que funcionaban bajo el agua.

Oviedo

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo con piscina en Oviedo

Oviedo aún conserva barreras arquitectónicas para ser accesible a personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad se valoró con un ‘bien’, pero la del viaje en autobús se calificó con un ‘aceptable’ y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘regular’

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En el caso de Oviedo, se contó con la colaboración desinteresada de ASPAYM (Asociación de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido desde la plaza del Ayuntamiento a la calle Martínez Marina. Después, se tomó la línea de autobús 2 Lugones. Por último, se visitó el centro deportivo con piscina El Cristo.
La ciudad ovetense se sitúa en la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad  se refiere: la nota final es un ‘aceptable’. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘bien’, el viaje en autobús con un ‘aceptable’ y la visita al centro deportivo con piscina con un ‘regular’.  

Un paseo con pocas barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento no era estable en algunas zonas porque había agujeros y baches, y en otras el suelo era resbaladizo (en especial, en días de lluvia). Sin embargo, la acera tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, los bordillos estaban rebajados y no superaban los 14 centímetros de altura

En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 4 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, este funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada y estaban bien pintados.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad ovetense no se encontraron. Sí se hallaron obras: estaban valladas y no supusieron un obstáculo en el camino.

Un viaje no del todo accesible

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. Sin embargo, en una de las visitadas en Oviedo, se encontró un obstáculo que suponía un peligro: se trataba de una alcantarilla y un agujero.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, había una zona adaptada para personas con silla de ruedas con sistema de anclaje, cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible.

Un centro con carencias

La entrada al centro no estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal), pero había rampa para salvar el desnivel; y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador no tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros) y durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso. Sin embargo, no todos los accesos estaban habilitados. De hecho, solo se podía acceder a una de las piscinas mediante escaleras (no hay rampas ni ascensores) y había que avisar para que abriesen la zona de pistas de tenis.

Además, aunque existen aseos y vestuarios adaptados, no se pueden utilizar porque se destinan a cuarto de masajes o almacén. En las piscinas, no hay escaleras de acceso adaptadas, ni rampas de acceso a la zona de menor profundidad, ni tampoco grúas, elevadores o plataformas elevadoras que funcionen bajo el agua.

Pamplona

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Pamplona

Pamplona, una de las mejores ciudades adaptadas para personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad y la del viaje en autobús se valoró con un ‘muy bien’ y el centro deportivo municipal con piscina se calificó con un ‘bien’

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En el caso de Pamplona, se contó con la colaboración desinteresada de ACODIFNA (Coordinadora de Disminuidos Físicos de Navarra). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido por Sanducelay-Marcelo Celayeta-Artica-Vuelta Aranzadi-Avenida San Jorge. Después, se tomó la línea de autobús 7 Villava-Chantrea-Barañain. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Aranzadi.

La ciudad pamplonesa se sitúa por muy encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘muy bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido y el viaje en autobús se valoró con un ‘muy bien’, y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘bien’.

Un paseo sin apenas barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento era estable y antideslizante. La acera tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, los bordillos estaban rebajados, aunque se observó que la altura de algunos era demasiado alta (más de 14 centímetros).

En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 4 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, este funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada y estaban bien pintados.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad pamplonesa no se encontraron. Ni tampoco obras.

Un viaje accesible

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En las visitadas en Pamplona, había suficiente espacio en ella y el pavimento era estable, pero las señales, paneles y carteles se encontraban a demasiada altura, lo que dificultaba leer la información que contenían.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, había una zona adaptada para personas con silla de ruedas con sistema de anclaje, cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible.

Por último, el conductor estuvo pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba anclada al cinturón.

El acceso a la piscina es posible

La entrada al centro no estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal), pero había rampa para salvar el desnivel; y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros) y durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso.

Ya en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Sin embargo, se observaron carencias en cuanto a sistemas de accesibilidad que ayudasen a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: faltan escaleras de acceso adaptadas, rampas de acceso a la zona de menor profundidad y plataformas elevadoras que funcionan bajo el agua. Sí que había grúas o elevadores. Por último, a pesar de que había aseos adaptados, no se observaron duchas adaptadas.

San Sebastián

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en San Sebastián

San Sebastián, una de las mejores ciudades adaptadas para personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad y la del viaje en autobús se valoró con un ‘muy bien’ y el centro deportivo municipal con piscina se calificó con un ‘excelente’

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En el caso de San Sebastián, se contó con la colaboración desinteresada de ADEMGI: (Asociación de Esclerosis Múltiple de Gipuzkoa). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido desde el Boulevard a la plaza Easo. Después, se tomó la línea de autobús 28 Amara-Ospitaleak. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Paco Yoldi.

La ciudad donostiarra se sitúa por muy encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘muy bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido y el viaje en autobús se valoró con un ‘muy bien’, y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘excelente’.

Un paseo sin apenas barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento era estable y antideslizante. La acera tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros.

Por otra parte, la acera y la calzada se encontraban al mismo nivel (es lo ideal) durante todo el trayecto. En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 4 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, el semáforo funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada y estaban bien pintados, pero no estaban señalizados con pavimento táctil.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad donostiarra no se encontraron. Ni tampoco obras.

Un viaje accesible

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En las visitadas en San Sebastián, había suficiente espacio en ella y el pavimento era estable y antideslizante.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, había una zona adaptada para personas con silla de ruedas con sistema de anclaje, cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible.

Por último, el conductor estuvo pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba anclada al cinturón.

El acceso a la piscina es posible

La entrada al centro estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal) y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros) y durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso.

Ya en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Para introducirse en la piscina, había varios tipos de sistemas de accesibilidad como escaleras de acceso adaptadas, rampas de acceso a la zona de menor profundidad y plataformas elevadoras que funcionan bajo el agua, entre otras.

Sevilla

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Sevilla

Sevilla aún conserva barreras arquitectónicas para considerarla accesible a personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad se valoró con un ‘regular’, pero la del viaje en autobús se calificó con un ‘bien’

No permitieron el acceso al centro deportivo municipal con piscina

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En el caso de Sevilla, se contó con la colaboración desinteresada de ASPAYM: (Asociación de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido por la plaza Nueva-calle Velázquez-Tetuán-La campana-Santa María La Blanca-Plaza del Duque de la Victoria. Después, se tomó la línea de autobús 13 Duque-Pino Montano. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina C.D. Fundición.

La ciudad sevillana se sitúa por debajo de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘regular’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘regular’ y el viaje en autobús con un ‘bien’. Sin embargo, en el polideportivo municipal no permitieron el acceso y el usuario en silla de ruedas no pudo comprobar si las instalaciones estaban adaptadas para un uso futuro.

Un paseo con barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que en algunas zonas el pavimento no era estable y tenía muchos desniveles. Además, la acera no tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros y se tropezaron con rejillas o arquetas levantadas, así como con vehículos mal aparcados.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, algunos bordillos no estaban bien rebajados y terminaban en un escalón o tenían una altura superior a los 14 centímetros.

En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 15 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, el semáforo funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada, pero la pintura estaba desgastada.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad sevillana no se encontraron.

Un viaje accesible

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En las visitadas en Sevilla, había suficiente espacio y el pavimento era estable y antideslizante.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). En el interior del autobús, había una zona destinada a personas con silla de ruedas con cinturón de seguridad, pero se observó que los pulsadores de llamada no estaban a una altura accesible.

Por último, el conductor estuvo pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba anclada al cinturón.

No permiten el acceso al centro

El acceso al centro deportivo municipal con piscina se hizo con mucha dificultad porque aunque había una rampa para salvar el desnivel, ésta estaba muy empinada. Después, en recepción, el mostrador tenía una altura mayor de 80 centímetros.

Aunque en recepción ofrecieron alguna información (confirmaron que había aseos y vestuarios adaptados), no permitieron a la persona en silla de ruedas comprobar si las instalaciones estaban adecuadamente adaptadas para un uso futuro.

Valencia

Accesibilidad en las ciudades: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Valencia

Valencia, adaptada a personas en silla de ruedas

La accesibilidad del recorrido por la ciudad y del viaje en autobús se valoró con un ‘bien’, y la del centro deportivo municipal con piscina con un ‘muy bien’

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En el caso de Valencia, se contó con la colaboración desinteresada de ASPAYM (Asociación de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido desde la plaza del Ayuntamiento a la plaza de España. Después, se tomó la línea 9 La Torre-Universidad de Valencia. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Rambleta.

La ciudad valenciana se sitúa por encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido y el viaje en autobús se valoraron con un ‘bien’ y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘muy bien’.

Un paseo con pocas barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento era estable y antideslizante. Sin embargo, la acera tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros, aunque en ocasiones los contenedores suponían un obstáculo.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, algunos bordillos no estaban bien rebajados porque había un escalón. En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 12 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, este funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada, pero la pintura estaba desgastada y eran resbaladizos.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad valenciana no se encontraron. Sí se hallaron obras y no estaban valladas.

Un viaje con pocas sorpresas

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. Sin embargo, en las visitadas en Valencia, no había suficiente espacio. Sin embargo, el pavimento era estable y antideslizante.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, no se vio un pasamanos, pero había una zona adaptada para personas con silla de ruedas con cinturón de seguridad. No había, sin embargo, sistema de anclaje. Además, la máquina canceladora se encontraba situada demasiado lejos para que la persona en silla de ruedas abonase sin problemas el billete.

Por último, el conductor estuvo pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba anclada al cinturón.

El acceso a la piscina es posible

La entrada al centro estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal) y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador no tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros), pero durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso y los accesos estaban habilitados a personas con dificultades de movilidad.

Ya en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Se observaron sistemas de accesibilidad como plataformas elevadoras que funcionan bajo el agua.

Valladolid

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Valladolid

Valladolid, adaptada a personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad se valoró con un ‘muy bien’, la del viaje en autobús con un ‘bien’ y el centro deportivo municipal con piscina con un ‘aceptable’

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En el caso de Valladolid, se contó con la colaboración desinteresada de ASPAYM (Asociación de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido desde la plaza Mayor hasta la plaza España. Después, se tomó la línea de autobús 8 Parquesol-Belén. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Polideportivo Huerta del Rey.

La ciudad vallisoletana se sitúa por encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘muy bien’, el viaje en autobús con un ‘bien’ y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘aceptable’.

Un paseo sin barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento era estable y antideslizante. La acera tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros, aunque a veces se encontraron arquetas y sillas y mesas de los bares que dificultaban el paso.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, los bordillos estaban rebajados, pero con excesiva pendiente.
En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 3 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, el semáforo funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada y estaban bien pintados.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad vallisoletana no se encontraron.

Un viaje con pocas sorpresas

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En las visitadas en Valladolid, había suficiente espacio y el pavimento era estable y sin gravilla, arena o tierra suelta. Además, las señales, paneles y carteles de la parada estaban colocados a una altura que permitía su lectura.

Cuando llegó el autobús, se observó que no llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba pero tenía demasiada pendiente y sin un acompañante la persona en silla de ruedas no podía subirla. La puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, no había pasamanos, aunque sí una zona adaptada para personas con silla de ruedas con sistema de anclajes y pulsador de llamada a una altura accesible. No había, sin embargo, cinturones de seguridad.

Por último, el conductor estuvo pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba anclada al cinturón.

El acceso a la piscina es difícil

La entrada al centro no estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal), pero había rampa para salvar el desnivel; y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros), pero no contaba con un hueco en la parte inferior para que el usuario en silla de ruedas pudiese aproximarse.

Los aseos están adaptados, pero están cerrados y era necesario pedir llave. Una vez en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Sin embargo, se observaron carencias en cuanto a sistemas de accesibilidad que ayudasen a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: escaleras de acceso adaptadas ni tampoco rampas de acceso a la zona de menor profundidad.

Vitoria

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Vitoria

Vitoria, adaptada a personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad se valoró con un ‘aceptable’, pero la del viaje en autobús se calificó con un ‘muy bien’ y el centro deportivo municipal con piscina con un ‘bien’

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En el caso de Vitoria, se contó con la colaboración desinteresada de EGINAREN EGINEZ (Asociación de Personas con Discapacidad Física de Álava). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido desde la plaza Nueva hasta la calle Olaguíbel. Después, se tomó la línea de autobús 8 Unibertsitatea. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Iparralde.

La ciudad vitoriana se sitúa por encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘aceptable’, el viaje en autobús con un ‘muy bien’ y la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘bien’.

Un paseo con barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento no era estable en algunas zonas porque había socavones, baldosas rotas y alcantarillas abolladas. Además, la acera en otras partes del recorrido no tenía una anchura de paso libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros y hubo que realizar maniobras. También se encontraron obstáculos: macetas, adornos de comercios y mesas de bares

Por otra parte, la acera y la calzada se encontraban al mismo nivel (es lo ideal). En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 4 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, este funcionaba correctamente pero no siempre se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada y estaban bien pintados.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas, pero en el recorrido realizado en la ciudad vitoriana no se encontraron.

Un viaje con pocas sorpresas

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En las visitadas en Vitoria, había suficiente espacio y eran antideslizantes. Además, las señales, paneles y carteles de la parada estaban colocados a una altura que permitía su lectura.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, había una zona adaptada para personas con silla de ruedas con sistema de anclaje, cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible. En cuanto a los cinturones de seguridad, en ocasiones resultaban de poca utilidad porque no son lo suficientemente largos para abarcar toda la silla.

Por último, el conductor estuvo pendiente de la persona en silla de ruedas y de su acompañante y arrancó cuando la silla estaba anclada al cinturón.

El acceso a la piscina es posible

La entrada al centro estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal). Sin embargo, la puerta de acceso pesaba mucho, era manual y muy estrecha para una silla de ruedas, por lo que era muy difícil abrirla.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros) y durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso. Las carencias se centraron en el ascensor que se utilizó en el interior del edificio: no tenía una puerta automática, tampoco amplia y en la cabina no hay espacio para la persona en silla de ruedas y su acompañante por lo que es muy difícil maniobrar (100 centímetros ancho por 125 centímetros de profundidad).

Ya en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Se observaron varios tipos de sistemas de accesibilidad que ayudasen a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: por ejemplo rampas de acceso a la zona de menor profundidad y grúas o elevadores.

Zaragoza

Accesibilidad: recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal con piscina en Zaragoza

Zaragoza, adaptada a personas en silla de ruedas

La accesibilidad de la prueba del recorrido por la ciudad se valoró con un ‘bien’ y la visita al centro deportivo municipal con piscina se calificó con un ‘muy bien’, pero el viaje en autobús se quedó con un ‘aceptable’

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En el caso de Zaragoza, se contó con la colaboración desinteresada de Fundación DFA (Disminuidos Físicos Aragón). La visita consistió en tres pruebas: en primer lugar, se realizó un recorrido desde la plaza del Pilar hasta la plaza Rebolería. Después, se tomó la línea CI2 Camino de las Torres-Pablo Ruiz Picasso. Por último, se visitó el centro deportivo municipal con piscina Siglo XXI.

La ciudad zaragozana se sitúa por encima de la media del resto de capitales en lo que a la accesibilidad se refiere: la nota final es un ‘bien’, a diferencia del ‘aceptable’ general. Por tipo de prueba, el recorrido se valoró con un ‘bien’, la visita al centro deportivo municipal con piscina con un ‘muy bien’ y el viaje en autobús con un ‘aceptable’.

Un paseo sin apenas barreras

Durante el recorrido, el técnico de la revista y su acompañante en silla de ruedas comprobaron que el pavimento no era estable porque había baldosas sueltas. Sin embargo, la acera tenía una zona libre de obstáculos igual o mayor a 120 centímetros.

Por otra parte, la acera y la calzada no siempre se encontraban al mismo nivel (es lo ideal), y en esos casos, los bordillos estaban rebajados y no tenían un altura mayor de 14 centímetros.

En este sentido, hubo que atravesar la calzada en 9 ocasiones, pero siempre había un paso de peatones y/o un semáforo. En todos los casos, este funcionaba correctamente y se podía cruzar en un tiempo razonable y sin prisas. En cuanto a los pasos de peatones, todos tenían una anchura adecuada y estaban bien pintados.

La presencia de escaleras es uno de los impedimentos más importantes al que tienen que hacer frente las personas en silla de ruedas. En el recorrido realizado en la ciudad zaragozana se encontraron y estaban salvadas por una rampa excesivamente pronunciada.

Un viaje poco accesible

La accesibilidad del servicio debe comenzar por las paradas. En las visitadas en Zaragoza, había suficiente espacio y eran antideslizantes.

Cuando llegó el autobús, se observó que llevaba la pegatina indicativa de estar adaptado. Contaba además con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo que funcionaba y la puerta de entrada era lo suficientemente ancha (tenía una anchura de al menos un metro). Una vez dentro, no había pasamanos, pero sí una zona adaptada para personas en silla de ruedas con sistema de anclaje, cinturón de seguridad y pulsador de llamada a una altura accesible. Sin embargo, la máquina canceladora se encontraba lejos para que una persona en silla de ruedas pueda validar el billete.

Por último, el conductor no estuvo pendiente de la persona con dificultades de movilidad ni tampoco de su acompañante porque no esperó y arrancó el autobús antes de que la persona en silla de ruedas estuviese completamente ubicada y bien fijada.

El acceso a la piscina es posible

La entrada al centro no estaba al mismo nivel que la calle (lo ideal), pero había rampa para salvar el desnivel; y la puerta de acceso era lo suficientemente ancha para que cupiese una silla de ruedas.

Una vez dentro del edificio, se comprobó que el mostrador no tenía la altura adecuada (un máximo de 80 centímetros), aunque durante el trayecto hacia la piscina no se hallaron obstáculos que impidiesen el paso.

Una vez en la piscina, la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Se observaron sistemas de accesibilidad que ayudaban a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: rampas de acceso a la zona de menor profundidad, escaleras de acceso adaptadas y grúas o elevadores, entre otros.

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