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Analizada la accesibilidad de un recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal en 18 capitales del país : Una de cada tres ciudades aún conserva barreras arquitectónicas para ser accesible

Las mayores deficiencias para una persona en silla de ruedas se hallaron callejeando y en los centros deportivos municipales con piscina

Deporte para casi todos

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¿Son los centros deportivos municipales con piscina accesibles para todos? La calificación media del estudio en esta tercera prueba fue de ‘aceptable’. Mientras que en San Sebastián logran un ‘excelente’; y en Alicante, Granada, Madrid, Valencia y Zaragoza obtienen un ‘muy bien’; en Barcelona, Cádiz, Córdoba, Murcia, Pamplona y Vitoria consiguieron un ‘bien’. Las notas más bajas se quedaron en A Coruña y Valladolid (aceptable’), y Oviedo (‘regular’).

Merece la pena destacar los casos de Bilbao, Málaga y Sevilla. Como en el resto de las ciudades analizadas, se accedió hasta la recepción para pedir permiso y ver las instalaciones porque la persona en silla de ruedas tenía la intención de practicar natación y quería comprobar primero si las instalaciones estaban convenientemente adaptadas. En Málaga y en Sevilla no se permitió el acceso. En Bilbao, en cambio, fue imposible acceder al centro debido a la existencia de un escalón de unos 20 centímetros y 8 escaleras en el interior del edificio que impedían el acceso a la persona con dificultades de movilidad. Los empleados del centro informaron de que no estaba adaptado y le recomendaron acudir a otro más nuevo.

Lo más conveniente es que la entrada al edificio esté al mismo nivel que la calle y así ocurrió en Córdoba, Murcia, San Sebastián, Valencia y Vitoria. En el resto, por el contrario, había rampas o escaleras con rampas que salvaban el desnivel. Además, la puerta debe ser lo suficientemente ancha para que quepa una silla de ruedas. El peor ejemplo se encontraba en el centro deportivo municipal de Vitoria con una puerta manual que pesaba mucho y era estrecha.

Durante el trayecto hacia la piscina, si se topaban con escaleras (en once de visitas), había medios alternativos para continuar: ascensores (en Barcelona, Cádiz, Córdoba, Madrid, Murcia, Oviedo, San Sebastián, Vitoria y Zaragoza) o rampas (A Coruña y Valladolid). Una vez en la piscina, en todos los casos la puerta de acceso era ancha (mínimo 80 centímetros) y permitía pasar a una silla de ruedas. Sin embargo, se observaron carencias en cuanto a sistemas de accesibilidad que ayudasen a las personas con dificultades de movilidad a meterse en el agua: faltaban rampas de acceso a la zona de menor profundidad (en nueve de las 15 piscinas visitadas), plataformas elevadoras que funcionasen bajo el agua (en siete), escaleras de acceso adaptadas (en seis) y grúas o elevadores (en cinco). Por último, casi todos los centros contaban con aseos y duchas adaptadas, aunque en Oviedo reconocieron que tenían otro uso (un almacén improvisado).

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