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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Analizada la accesibilidad de un recorrido por la ciudad, viaje en autobús urbano y visita a un centro deportivo municipal en 18 capitales del país : Una de cada tres ciudades aún conserva barreras arquitectónicas para ser accesible

Las mayores deficiencias para una persona en silla de ruedas se hallaron callejeando y en los centros deportivos municipales con piscina

Un viaje sin sorpresas

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Los autobuses urbanos son un medio de transporte más, aunque no parecen serlo tanto para las personas en silla de ruedas. Durante la visita, aseguraron que no lo utilizaban en exceso y menos sin alguien que les acompañe. De hecho, dos de los acompañantes en silla de ruedas (en Bilbao y A Coruña) reconocieron que nunca lo habían usado. Los problemas, en general, se centran en el mal funcionamiento de las rampas.

Pese a esto, los trayectos en autobús que realizó EROSKI CONSUMER se valoraron con un ‘bien’. Las mejores calificaciones fueron las de Alicante, Cádiz, Granada, Málaga, Pamplona, San Sebastián y Vitoria (‘muy bien’); y A Coruña, Barcelona, Madrid, Murcia, Sevilla, Valencia y Valladolid (con un ‘bien’). Las peores notas se quedaron en Bilbao, Córdoba, Oviedo y Zaragoza (un ‘aceptable’), aunque no hubo ningún suspenso. La accesibilidad del servicio debe comenzar en las paradas. Sin embargo, en el 22% de las que se visitaron no había espacio suficiente para la silla de ruedas (en la de Alicante, Bilbao, Cádiz y Valencia). En una de cada cuatro se hallaron obstáculos: en A Coruña había coches aparcados; en la ciudad bilbaína un árbol estaba demasiado cerca de la marquesina; en la gaditana había bancos; y en la ovetense, faltaban adoquines y había un agujero peligroso. Aun así, en todas las ciudades, el pavimento de las paradas era estable y sin gravilla, arena o tierra suelta.

Cuando llegó el autobús, se observó que el de Murcia y el de Valladolid no llevaban las pegatinas que indicaran que estuviesen adaptados. Eso sí, todos contaban con la plataforma elevadora, rampa o piso bajo, aunque en Bilbao se atascó al principio. En Córdoba, también funcionaba, pero la rampa tenía una pendiente muy pronunciada.

A la hora de acceder al autobús, se comprobó que las puertas de todos los vehículos analizados eran lo suficientemente anchas (con una anchura de al menos un metro). Aun así, cancelar o pagar el billete se convertía en una odisea si no había un acompañante en Bilbao, Cádiz, Córdoba, Granada, Madrid, Sevilla, Valencia y Zaragoza. En estos casos, la máquina canceladora se encontraba junto al conductor, es decir, lejos de donde accedía la persona con dificultades de movilidad. En la parte positiva cabe destacar que en todos los urbanos había una zona adaptada para personas con silla de ruedas.

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