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Bodas : Una carrera de fondo a ritmo de talonario

Los gastos de una boda oscilan entre los 10.000 y los 43.000 euros y gran parte de este presupuesto se queda en el banquete, con menús que varían desde los 60 euros por comensal hasta los 125 euros por invitado, barra libre incluida

Presupuestos para todos los bolsillos

/imgs/20070401/img.informe.03.jpg Las convenciones y los usos sociales hacen que toda boda se acompañe de una serie de “adornos” tan aleatorios como populares: ropa especial, un ágape para los invitados, flores, coche de lujo, obsequios, música, noche de bodas y viaje de novios.

Ya sea una boda religiosa o civil, la novia es la “estrella” del día. Ir blanca y radiante, como reza la canción, tiene su precio: desde 800 euros a los 6.000 euros, o más. A esto hay que sumarle los complementos (ropa interior, zapatos, ramo), sin olvidar el peinado y el maquillaje, entre 330 euros y 1.950 euros más.

El canon por la música lo paga el restaurante, aunque repercute en la factura final de los recién casados

El novio adquiere cada vez más protagonismo y aunque su indumentaria es bastante más barata, las distancias se acortan a pasos agigantados. Ellos tienen la opción de alquilar un traje o chaqué, por lo que se puede salir medio airoso del envite con unos 400 euros (entre 90 en caso de arrendamiento y 360 si se decide por la compra). Pero la cosa no queda ahí. La lista de añadidos es grande y aquí sí que es normal optar por la compra. Hablamos de camisa, chaleco, corbata, pañuelo para la solapa, calzado… Otros “detalles” como alianzas, invitaciones, flores para engalanar la iglesia y los vehículos, reportaje fotográfico y de vídeo, música, animación y recuerdos representan entre 1.940 euros y 9.200.

/imgs/20070401/img.informe.04.jpg No obstante, la partida más importante del presupuesto se la lleva el banquete. Pocas parejas escatiman en este apartado, ya que mientras otros detalles pueden pasar inadvertidos a los invitados, si éstos se llevan una mala impresión en el ágape, la boda puede considerarse un fracaso. Una comida o cena económica con aperitivo supone unos 60 euros por comensal, mientras que una boda con más presupuesto y barra libre de bebidas costaría una media de 125 euros por invitado. Y tras la vorágine del día “D”, el destino preferido por los novios españoles es un hotel de lujo con todo incluido en una playa caribeña. El precio varía según la temporada, pero ocho días en un destino de estas características puede suponer a la pareja entre 3.000 y 6.000 euros, caprichos aparte.

Reportaje de boda. No siempre eligen los novios

/imgs/20070401/img.informe.05.jpg Colectivos de profesionales de la fotografía y parejas de novios llevan tiempo denunciando un hecho: las cortapisas a la libre elección de los ciudadanos sobre quién realizará el reportaje gráfico de la ceremonia. Algunos párrocos y restaurantes imponen sus fotógrafos en exclusiva, hasta el punto de impedir la celebración de banquetes e incluso ceremonias si no se aceptan unas condiciones previas. Esta práctica es cada día más habitual y, además de limitar la capacidad de decisión de los novios, produce importantes beneficios económicos a las iglesias, determinadas empresas fotográficas y restauradores.

Ante estos abusos que denuncian consumidores y la mayoría de fotógrafos que no se benefician de esas exclusivas, los tribunales han establecido que es ilícito impedir la entrada en cualquiera de estos lugares de un profesional elegido por quienes celebran y pagan la reunión. Así las cosas, el párroco no puede oponerse a celebrar la ceremonia porque los novios se hayan negado a contratar los servicios fotográficos ofertados por la empresa que cuenta con su beneplácito, ni tampoco se pueden oponer los fotógrafos habituales de la parroquia en cuestión. Los restaurantes tampoco pueden oponerse a celebrar el convite por esta misma razón.

De hecho, hay sentencias que establecen que es ilícita la obstrucción a la entrada de un profesional elegido por quienes celebran y pagan la reunión. Las cláusulas de contratación de los servicios de imagen, que fijan algunos restaurantes, son abusivas por prestar un servicio accesorio que no se ha solicitado y no respetar la Ley General de defensa de los consumidores y usuarios, al imponer servicios que no se han solicitado, ni la bilateralidad de un contrato que exige el Código Civil, por lo que se declaran nulas.

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