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: Turrones: los dulces de la Navidad

Cualquier tipo de turrón, por su elevado aporte energético, se debe tomar como un "alimento-capricho" en contadas ocasiones

Turrones con menos calorías

Las calorías en los turrones proceden del azúcar y la miel y de los frutos secos que forman parte de su composición. En los últimos años ha crecido la producción y venta de turrones con menos calorías asociados al concepto de cuidado de la salud y adelgazamiento o, por lo menos, a la posibilidad de no engordar. Y es que gran parte de los consumidores no quieren descuidar su dieta ni siquiera en Navidad.

  • Turrones “sin azúcar”. Se comercializan de distintas clases: turrones duros, blandos, de yema tostada, de chocolate o praline… Por ley, estos turrones no deben tener más de 0,5 gramos de azúcar por 100 gramos de producto. Este término se diferencia de otro, el de “bajo contenido en azúcares”, referido a los turrones que contienen un máximo de 5 gramos de azúcar (del total de hidratos de carbono) por 100 gramos. Un vistazo general a las distintas marcas de turrones concebidos como más saludables por su menor contenido en azúcares permite comprobar que la gran mayoría contienen entre 1,5 y 5 gramos de azúcares por 100 gramos (entre 7 y 30 veces menos azúcares -aunque no menos calorías- que las versiones originales). Se trata entonces de turrones con “bajo contenido en azúcares”, pero no “sin azúcar”.
  • Turrones “sin azúcares añadidos”. La norma dice que los turrones de este tipo deben garantizar que durante su elaboración no se añadan ni monosacáridos (glucosa, jarabe de glucosa, fructosa, jarabe de fructosa) ni disacáridos como la sacarosa o azúcar común o la lactosa (los más comunes), ni tampoco ningún alimento utilizado por sus propiedades edulcorantes, como puede ser la miel. La norma también ordena que si los azúcares están presentes de forma natural en los alimentos, como puede suceder en un turrón con trozos de frutas, en el etiquetado deberá incluirse la indicación “contiene azúcares naturalmente presentes”.

La precisión en esta definición ha permitido que tras la declaración “sin azúcares añadidos” no quepa la posibilidad que se daba otros años de que un turrón “sin azúcar” no lleve azúcar añadido pero sí fructosa, sustancia cuyo consumo se ha de limitar en determinadas situaciones como la obesidad, la diabetes tipo II y la hipertrigliceridemia.

¿Mazapán o polvorón?

La diferencia nutricional más importante entre el mazapán y el polvorón no es tanto su valor energético, que en ambos es considerable (entre 450-500 Kcal/100 gramos), sino la calidad de las grasas utilizadas. Para elaborar el polvorón se usa manteca de cerdo como ingrediente base que, si bien concentra abundantes ácidos grasos monoinsaturados -y más si se trata de manteca de cerdo ibérico-, también contiene ácidos grasos saturados y colesterol, cuyo exceso se ha de evitar como medida de prevención cardiovascular. Por el contrario, en el mazapán, la materia prima grasa son las almendras, lo que hace de este dulce una fuente excelente de ácidos grasos insaturados y ausencia de colesterol, características beneficiosas para la salud cardiovascular.

Además, el polvorón, a diferencia del mazapán, contiene harina, de manera que el primero se desaconseja en caso de celiaquía o intolerancia al gluten. El mazapán original se elabora solo con una mezcla de almendras y azúcares, a excepción de los denominados “mazapanes con fécula” que, por la adición de fécula o harinas, se desaconsejan ante esta intolerancia alimentaria.

Solución: Polvorones con menos grasas

El polvorón se considera un tipo de mantecado que, además de manteca de cerdo, añade almendra en distintas proporciones, aunque se les suele denominar a ambos productos de manera indistinta. En el mercado hay polvorones con una composición nutritiva más cuidada y saludable: mejor perfil de grasas, menos azúcares y menos calorías.

En los nuevos polvorones se ha sustituido parte de la manteca de cerdo por aceites vegetales como el de girasol o el de oliva, por lo que mejora de manera sustancial la calidad de la grasa, si bien no deja de ser un producto graso y energético. La sustitución del azúcar por edulcorantes menos energéticos como el maltitol, por ejemplo, ha permitido obtener un producto menos calórico, pero con un aspecto y una textura parecida al original.

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