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Trasplante de órganos : Solidaridad que regala vida

La mejora en la lucha contra el rechazo y la disminución de los efectos secundarios marcan la evolución de los trasplantes de órganos donados, campo en el que España es líder mundial

Inmunosupresores, la clave de la recuperación

El principal problema al que se enfrenta una persona receptora de un órgano ajeno no es la cirugía ni el desarrollo del rechazo agudo, ni siquiera las complicaciones infecciosas del postrasplante inmediato, sino la pérdida progresiva de la función del órgano trasplantado a medio plazo y el desarrollo de complicaciones médicas relacionadas con el tratamiento inmunosupresor. Actualmente, la esperanza media de vida del injerto tras la intervención puede superar en algunos casos los 20 años, pero la larga supervivencia del órgano trasplantado requiere que el sistema inmunológico permanezca frenado, ya que de otra forma rechazaría el injerto que le es ajeno.

Gracias a los inmunosupresores, aumenta mucho la supervivencia de los órganos transplantados

Este estado de supresión del sistema inmunológico se consigue con los fármacos inmunosupresores, cuyo desarrollo tecnológico ha experimentado enormes avances en los últimos 30 años, permitiendo reducir la tasa de rechazo agudo al 10%. Sin embargo, aunque estos medicamentos han supuesto grandes mejoras en la prevención y el tratamiento del rechazo agudo, los pacientes suelen pagar un alto precio porque su efecto no protege ante los problemas a largo plazo, como la enfermedad crónica del injerto.

Además, su uso aumenta el riesgo de que los pacientes desarrollen infecciones, tumores, trastornos digestivos, hipertensión, problemas óseos, lesiones vasculares o alteraciones del metabolismo de los lípidos y los hidratos de carbono, que afectan a su calidad de vida. Con el objeto de disminuir en un futuro la incidencia de tumores en la población trasplantada, ya se están utilizando y desarrollando algunos inmunosupresores que tienen efectos antitumorales. Además, hay nuevos medicamentos que pueden permitir la individualización del tratamiento, evitando los fármacos que se relacionan con una peor calidad de vida, como los esteroides.

El primer proyecto europeo de investigación cooperativa en el área de la tolerancia inmunológica en trasplantes en el que participa la Organización Nacional de Trasplantes (RISET) incluye una primera fase de cinco años de duración (2006-2010) que tiene como objetivo buscar los mecanismos biológicos que permitan a los pacientes trasplantados evitar de forma permanente el rechazo, sin necesidad de fármacos inmunosupresores.

La consecución de esta meta ayudaría a mejorar la calidad de vida de los pacientes y reduciría en más de un 80% los altos costes sanitarios. Según datos de la ONT, los costes anuales de la medicación inmunosupresora de los trasplantados pueden oscilar entre los 6.000 y los 9.000 euros. Con programas de inmunotolerancia, estos costes se reducirían en más de un 80%, situándose entre 1.200 y 2.000 euros anuales.

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