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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Residencias para la tercera edad: analizadas 125 públicas, privadas y concertadas en 18 provincias : Sigue habiendo pocas plazas y cada vez son más caras

Hay listas de espera en el 70% de ellas y un 21% adolecen de carencias de calidad. En los últimos cuatro años, los precios de las públicas han encarecido más, hasta un 23%, pero en general siguen siendo más baratas y mejores que las privadas

18 ciudades, una a una

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A Coruña

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos cinco de A Coruña

Las residencias de mayores visitadas en A Coruña se encuentran entre las peores del país y suspenden en atención asistencial

http://static.consumer.es/revista/imgs/20090401/mapa-coruna.gifLos centros visitados en la provincia gallega obtienen un mediocre ‘aceptable’, cuando la media nacional es de un ‘bien’, y son un 3% más baratos que el resto de residencias de la muestra. Los servicios disponibles para que los mayores se sientan ‘como en casa’ son los mejores de todo el estudio

En el caso de la provincia de A Coruña se estudiaron cinco residencias para mayores (dos públicas, dos privadas y una de carácter concertado) que obtuvieron un mediocre ‘aceptable’, peor que la media de todo el estudio de la revista (‘bien’) y peor también que la calificación que obtuvieron en el anterior informe realizado hace cuatro años (en 2005 lograron un ‘bien’).

Esta mala nota se justifica en los mediocres resultados logrados en accesibilidad y limpieza (no superan el ‘aceptable’) pero especialmente en la atención asistencial que ofrecen a sus residentes (suspende con un ‘regular’). Así, un centro no dispone de servicio de rehabilitación y fisioterapia, hay otro que carece de camas articuladas, sólo dos residencias alojan a los residentes con menor movilidad en la planta baja y en más de la mitad de los centros visitados falta una sala de consulta médica. En lo que se refiere a la accesibilidad, una residencia no tenía rampa en las escaleras que dan acceso al recinto, y hubo otra en la que los baños comunes no estaban adaptados para discapacitados, además de que faltaban puertas correderas, persianas con sistema automático y muebles con esquinas redondeadas para evitar golpes. Además, hubo dos centros en los que se juzgó necesaria una reforma de la fachada, otros tantos en los que el mobiliario presentaba defectos y más de la mitad de los jardines estaban poco cuidados. Por último, cabe destacar el olor desagradable que un técnico de esta revista percibió en los aseos de una de las residencias visitadas.

Sin embargo, las calificaciones mejoran en materia de seguridad y los servicios que ofrecen estas residencias (ambos apartados obtienen un ‘bien’). Lo mejor en cuanto a la seguridad fue que los trabajadores de cuatro de las cinco residencias estaban debidamente formados en los protocolos de emergencia y que dos centros llevaron a cabo un simulacro de incendio el pasado año. Respecto a los servicios, hubo dos residencias sin lista de espera (algo que sólo ocurre en el 30% de los centros visitados), otros tantos funcionaban como de centro de día y vivienda comunitaria y todos organizaban actividades socio-culturales para sus residentes. Se analizó hasta qué punto las residencias ponían los medios para que los usuarios se sintieran ‘como en casa’ y A Coruña obtuvo una de las mejores calificaciones del informe (‘muy bien’): tres de las cinco residencias visitadas permitían a los usuarios ofrecer un refrigerio a las visitas, todos dejaban a los ancianos llevarse sus enseres personales y todas excepto una les daban la posibilidad a los familiares de permanecer con el residente si se encontraba delicado de salud.

Después de analizar los precios en 125 residencias se ha comprobado que han subido, de media, un 8% los últimos cuatro años, algo menos que el IPC acumulado en el mismo periodo (que fue de un 9,2%). El mayor incremento fue el de las residencias públicas que, aunque siguen siendo más económicas, se han encarecido un 23%. En el caso de las residencias estudiadas en A Coruña, sin embargo, los precios se han reducido un 3% en comparación con la media. Así un residente asistido tendrá que abonar entre 1.467 euros (habitación doble) y 1.617 euros (habitación individual) mientras que la media nacional sube hasta los 1.624 euros. Si el residente puede valerse por si mismo y opta por una habitación individual tendrá que abonar, de media, 1.317 euros (51 euros menos que la media del informe en este caso concreto).

Lo mejor y lo peor de las residencias visitadas en A Coruña

  • Lo mejor: Todos los centros permitían a los residentes salir, recibir visitas y conservar enseres personales. Cuatro tenían servicio de fisioterapia y rehabilitación.
  • Lo peor: Una de las residencias no tenía camas articuladas ni cuartos de baño geriátricos asistidos. Tres no disponían de sala de consulta médica.

Alava

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos ocho de Álava

Las residencias de mayores visitadas en Álava, entre las mejores del país

http://static.consumer.es/revista/imgs/20090401/mapa-vitoria.gifLos ocho centros estudiados en la provincia alavesa obtienen valoraciones sobresalientes en todos los apartados salvo en materia de la accesibilidad, donde se observó alguna que otra carencia. Las tarifas fueron un 22% más caras que la media nacional

En el caso de la provincia de Álava se estudiaron ocho residencias para mayores (cinco públicas, dos privadas y una concertada) que obtuvieron una valoración media de ‘muy bien’, la misma que consiguieron hace cuatro años y superior a la media del estudio (‘bien’). Una nota que se justifica en los inmejorables resultados obtenidos a la hora de calificar las medidas de seguridad (‘excelente’), la oferta de servicios, limpieza, atención asistencial (‘muy bien’) y las medidas puestas en marcha por los centros para que cada residente se sienta como en su propio hogar (apartado que también mereció un ‘muy bien’). Así, todas las residencias visitadas en Álava disponían de un protocolo de actuación en caso de peligro y de extintores de fuego, luces y salidas de emergencia (la única pega en este sentido que sólo la mitad realizaron un simulacro de incendio en 2008); además, la mayoría de los centros admitía a ancianos por estancias temporales, todos las residencías disponían de salas para la lectura y más de la mitad contaban con su propio gimnasio. Se comprobo que los centros estaban limpios y tenían habitaciones y estancias comunes amplias y bien iluminadas. Asimismo, las residencias de la provincia de Álava destacan por ser las que más especialistas médicos tienen (aparte del de cabecera cuentan con internistas, geriatras y psiquiatras) y de media cuentan con un cuidador nocturno por 18 ancianos (cuando la media nacional es un cuidador cada 25 residentes).

En lo que se refiere a las prestaciones que ofrecen estas residencias para que los usuarios se sientan como en casa, cabe destacar que todas les permiten llevar sus enseres personales (recuerdos, objetos, algún que otro mueble) y salvo un centro, el resto permiten que los mayores puedan guardar sus pertenencias bajo llave o salgan del centro siempre que puedan valerse por sí mismos.

Las notas empeoran, aunque no bajan del ‘bien’, a la hora de valorar la accesibilidad Así, dos centros carecían de plazas de parking para discapacitados y otros dos tenían aseos comunes para visitas y familiares que no estaban adaptados para personas discapacitadas.

Después de analizar los precios en 125 residencias se ha comprobado que han subido, de media, un 8% los últimos cuatro años, algo menos que el IPC acumulado en el mismo periodo (que fue de un 9,2%). Pero en las residencias estudiadas en Álava el incremento de tarifas fue superior a la media nacional y se sitúo en el 22%. Así, una habitación para un residente asistido cuesta entre 1.737 euros (habitación doble) y 1.759 euros (habitación individual) en el caso de las residencias alavesas mientras que la media nacional no sube de los 1.624 euros. En caso de que el residente puede valerse por si mismo, tendrá que hacer frente a un pago mensual máximo de 1.588 euros (220 euros más que el precio medio que se paga por residente válido en habitación individual en el resto de ciudades del informe).

Lo mejor y lo peor de las residencias visitadas en Álava

  • Lo mejor: Todas las residencias tenían habitaciones y aseos con timbre de llamada en caso de emergencia cuando el anciano esté solo.
  • Lo peor: Dos centros carecían de plazas de parking para discapacitados y otros dos tenían aseos comunes para visitas y familiares que no estaban adaptados ni resultaban accesibles.

Alicante

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos seis de Alicante

Las residencias de mayores visitadas en Alicante destacan en seguridad y accesibilidad

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Los seis centros visitados en Alicante logran aprobar el estudio con una media de ‘bien’ pero deben mejorar en atención asistencial. Son, de media, un 14% más económicas que las residencias estudiadas en el informe

En el caso de Alicante, se estudiaron seis residencias para mayores (tres públicas, dos privadas y una concertada), que obtuvieron una valoración media de ‘bien’, igual que el índice global del estudio. La nota se justifica en gran parte por los buenos resultados obtenidos en seguridad y en accesibilidad (la primera con un ‘excelente’ y la segunda con un ‘muy bien’), así como en los apartados de infraestructuras y servicios, en las medidas habilitadas para sentirse ‘como en casa’ y en limpieza y mantenimiento (apartados todos ellos valorados con un ‘bien’). Sin embargo, la peor calificación se la llevó una de las partes más importantes del estudio, la atención asistencial: las residencias visitadas en Alicante se conformaron con un mediocre ‘aceptable’.

En materia de seguridad, todos los centros analizados contaban con luces y salidas de emergencia, extintores, alarmas y sistemas de detección de fuego. Además, todos habían establecido un protocolo de emergencia de obligado conocimiento y cumplimiento por todo el personal del centro. Durante la visita, los técnicos de la revista comprobaron el esfuerzo realizado en accesibilidad, ya que en todas las residencias se podía acceder desde la calle al interior sin necesidad de subir o bajar escaleras (habían instalado rampas u otros sistemas para salvar el desnivel) y en la única residencia visitada con parking propio se vieron plazas de aparcamiento para discapacitados. Los aseos comunes y los de las habitaciones estaban convenientemente adaptados con suelo antideslizante, grifos de tipo monomando, plato de ducha sin bordes ni cortinas y con asidero pero, entre otras carencias, se comprobó que en dos residencias faltaban carteles escritos en braille y persianas con sistema automático.

Se estudió también hasta qué punto las residencias tomaban medidas para que el usuario se sintiera ‘como en casa’ y se comprobó que en todos los centros se les permitía recibir visitas en la habitación y llevar a la residencia algunos enseres personales (sólo en una no era posible). En infraestructuras y servicios, la labor realizada por las residencias estudiadas se calificó como buena, ya que en todas contaban un timbre de llamada en cada habitación y en los aseos. Además, la mayoría de los seis centros contaban con recepción las 24 horas del día, gimnasio y asistencia psicológica y cinco disponían de servicio de fisioterapia y rehabilitación aunque en la mitad no había baño completo en las habitaciones. Durante la observación, los técnicos de la revista comprobaron el buen estado de mantenimiento y limpieza del exterior e interior de las instalaciones visitadas, así como de sus habitaciones.

La nota empeora en atención asistencial: aunque todas las residencias visitadas contaban con cuartos de baño geriátricos asistidos, en dos centros atendía únicamente un médico de cabecera (sólo tres contaban con un geriatra además del médico de familia) y en una faltaban camas articuladas.

El estudio comparativo de las tarifas concluye que son un 14% más económicas que la media del informe. Así, una habitación para un residente asistido en la provincia alicantina cuesta entre 1.340 euros (habitación individual) y 1.119 euros (habitación doble). Si, por el contrario, el residente puede valerse por sí mismo y opta por una habitación individual tendrá que hacer frente a un pago mensual máximo de 1.200 euros (168 euros menos que la media nacional para el mismo supuesto).

Lo mejor y lo peor de las residencias visitadas en Alicante

  • Lo mejor: Aseos con todos los elementos de accesibilidad necesarios en las habitaciones. Todas las residencias habían realizado simulacros de incendio en 2008.
  • Lo peor: Los centros no contaban con un médico permanente y un centro no disponía de camas articuladas.

Asturias

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos siete de Asturias

Las residencias de mayores visitadas en Asturias fallan en atención asistencial, accesibilidad y oferta de servicios

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Los siete centros visitados en la comunidad asturiana obtienen un mediocre ‘aceptable’ de media, aunque son un 9% más económicas que la media nacional.

En el caso de Asturias, se estudiaron siete residencias para mayores (una pública y seis privadas), que obtuvieron una valoración media de ‘aceptable’, inferior a la media del estudio (‘bien’). La nota se justifica en gran parte por el suspenso obtenido en materia de infraestructuras y servicios (un ‘regular’), y por los ‘aceptables’ en materia de atención asistencial y accesibilidad. Sin embargo, los sistemas de seguridad instalados se valoraron con un ‘muy bien’ y la limpieza y mantenimiento de las instalaciones, así como las medidas habilitadas para sentirse ‘como en casa’ lograron un ‘bien’.

Las infraestructuras y la oferta de servicios se valoraron con un ‘regular’ por varios motivos: en primer lugar, sólo en cinco residencias analizadas se permitían estancias temporales, pero el resto no ofrecía ningún otro tipo de prestación como centro de día o viviendas asistidas y además, en cinco reconocieron que existía lista de espera de al menos 12 personas. Además, en cuatro no había baño completo en las habitaciones y en dos faltaba el timbre de llamada con aviso a un puesto de control en los baños. Entre otros servicios, también se echaron de menos programas de animación socio-cultural en cuatro residencias y zona de paseo y recreo en una. Con todo, durante la observación, los técnicos de la revista comprobaron el buen estado de limpieza, mantenimiento, iluminación y amplitud de las habitaciones de casi todas las residencias. Otro de los fallos de las residencias asturianas analizadas tenía que ver con la atención asistencial. Y es que aunque todas contaban con baños geriátricos y camas articuladas para los residentes (en tres ocasiones eran sólo para residentes asistidos), en dos centros no había sala de consulta médica, en una faltaba la sala de enfermería y en tres no contaban con un médico permanente. La accesibilidad tampoco fue el fuerte de las residencias asturianas. Se comprobó que en una de ellas no disponía de ningún sistema (ni rampas ni ascensores) para salvar las escaleras de acceso o trasladarse de una planta a otra. Además, en otras seis los aseos no tenían puertas correderas, ni había carteles escritos en braille.

Respecto a las medidas que se aplican para que el residente se sienta ‘como en casa’, se comprobó que en todos los centros se les permitía llevar algunos enseres personales, así como recibir visitas en la habitación. Sin embargo, tres residencias visitadas no contaban con un servicio de fisioterapia y rehabilitación.

Por último, la mejor calificación se obtiene en materia de seguridad, ya que todas las residencias estudiadas contaban con luces y salidas de emergencia, extintores, alarmas y sistemas de detección de fuego, así como con un protocolo de emergencia de obligado conocimiento y cumplimiento por todo el personal del centro.

El estudio comparativo de las tarifas concluye que los precios han subido, de media, un 9,4% los últimos cuatro años cuando la subida del IPC fue de un 8% (las residencias públicas, aunque más económicas, experimentaron una subida mayor de precios, hasta un 23%). Comparado con el precio medio de una residencia en las 18 provincias estudiadas (1.356 eueros), las tarifas en Asturias son un 9% más económicas. Así, una habitación para un residente asistido en Asturias cuesta entre 1.317 euros (habitación individual) y 1.190 euros (habitación doble). En el caso concreto de un residente válido en habitación individual tendrá que abonar una media de 1.252 euros al mes (116 euros menos que la media).

Lo mejor y lo peor de las residencias visitadas en Asturias

  • Lo mejor: En cinco de los siete centros analizados se permitía a la familia o amigos estar con el residente enfermo a cualquier hora del día o de la noche.
  • Lo peor: Faltaban baños completos y programas de animación socio-cultural en cuatro residencias y zona de paseo y recreo en una.

Barcelona

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos once de Barcelona

Las residencias de mayores visitadas en Barcelona fallan en calidad y son un 27% más caras que la media del país

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La subida media de las 125 residencias analizadas fue de un 8% con respecto al informe elaborado en 2005. Las mayores carencias se registraron en la oferta de servicios, la accesibilidad y la limpieza de las instalaciones

En el caso de la provincia de Barcelona se estudiaron 11 residencias para mayores (cuatro públicas y siete de carácter privado) que obtuvieron una valoración media de ‘aceptable’ lo que las sitúa entre las peores de todo el estudio de la revista y por debajo de la media (un ‘bien’). Una nota que se justifica por las carencias encontradas en la oferta de servicios, la accesibilidad y la limpieza, que necesitan mejorar (los tres apartados comparten un mediocre ‘aceptable’). Así, se comprobó que faltaban gimnasios (se echaron de menos en siete centros), servicio de masajes (sólo dos residencias contaban con él) o zona de recreo y paseo (no se vio en tres instalaciones). Además, hubo carencias reseñables en materia de accesibilidad: faltaban rampas o pasarelas para salvar escaleras en tres centros, sólo había puertas correderas en los baños de una residencia y en ninguna se habían colocado carteles escritos en braille. El estado de limpieza de cuatro residencias fue más que mejorable, un centro tenía olores desagradables en los alrededores y en tres residencias visitadas el estado de conservación del interior era deficiente.

Mejores calificaciones obtuvieron las residencias analizadas en Barcelona en materia de atención asistencial y seguridad (ambos apartados se valoraron con un ‘bien’, igual a la media del informe). Por las noches contaban con un cuidador por cada 17 residentes (cuando la media nacional es de un cuidador cada 25 usuarios); todos los centros disponían de cuarto de baño geriátrico y siete residencias contaban con consulta médica. En cuanto a las medidas para garantizar la seguridad de estas instalaciones cabe destacar que todos los centros contaban con un protocolo de emergencia que conocían todos los trabajadores y que abundaban tanto extintores como luces y salidas de emergencia. Por último, y para que los residentes pudieran sentirse ‘como en casa’, (apartado valorado con un ‘bien’) todos los centros geriátricos salvo uno permitían que los ancianos recibiesen visitas de familiares y amigos en sus habitaciones y que pudiesen llevarse sus propios enseres personale.

Después de analizar los precios en 125 residencias se ha comprobado que han subido, de media, un 8% los últimos cuatro años, algo menos que el IPC acumulado en el mismo periodo (que fue de un 9,2%). El mayor incremento fue el de las residencias públicas que, aunque siguen siendo más económicas, se han encarecido un 23%. En el caso de las residencias estudiadas en Barcelona, sus precios fueron un 27% más onerosos que la media nacional. Así, un residente asistido deberá abonar entre 1.800 euros (habitación doble) y 1.833 euros (habitación individual) mientras que la media nacional no sube de los 1.624 euros. Si, por el contrario, el residente puede valerse por si mismo y opta por una habitación individual, tendrá que hacer frente a un pago mensual máximo de 1.633 euros (265 euros más que la media del resto de provincias en el mismo supuesto).

Lo mejor y lo peor de las residencias de Barcelona (datos de la visita)

  • Lo mejor: Todos los centros tenían baños geriátricos asistidos, permitían recibir visitas y conservar enseres personales. Nueve de los once tenían camas articuladas.
  • Lo peor: El estado de conservación de cuatro edificios fue ‘regular’ y en tres ocasiones el interior obtuvo la misma calificación.

Burgos

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos cinco de Burgos

Las residencias de mayores estudiadas en Burgos fallan en la atención asistencial y accesibilidad de sus instalaciones

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Los cinco centros visitados en la provincia castellana obtienen un mediocre ‘aceptable’ de media, aunque son casi un 11% más económicos que la media nacional

En el caso de Burgos, se estudiaron cinco residencias para mayores (todas ellas privadas), que obtuvieron una valoración media de ‘aceptable’, una calificación inferior a la media del informe (‘bien’) e igual que las estudiadas en A Coruña, Asturias, Barcelona, Málaga, Sevilla, Valladolid y Zaragoza. La nota se justifica en gran parte por el suspenso obtenido en materia de atención asistencial (uno de los apartados más importantes del estudio), así como el mediocre ‘aceptable’ con el que se valoró la accesibilidad de las instalaciones visitadas. El resto de bloques (infraestructuras y servicios, las medidas habilitadas para sentirse ‘como en casa’ y la limpieza y mantenimiento) obtuvieron un ‘bien’. La mejor calificación fue para las medidas de seguridad, valoradas con un ‘muy bien’.

La atención asistencial se valoró con un ‘regular’ por varios motivos: en primer lugar, aunque todas las residencias contaban con camas articuladas pero en algunas sólo para los residentes asistidos, en cuatro no había sala de enfermería, en una ni siquiera había médico permanente (en tres contaban con él sólo de manera puntual) y ninguno de los profesionales sanitarios con los que contaban los centros analizados tenían alguna especialidad en el cuidado de los ancianos. La accesibilidad tampoco fue el fuerte de las residencias burgalesas. Durante la visita, los técnicos de la revista comprobaron que aunque en todas disponían de rampas o ascensores para salvar las escaleras de acceso, en cuatro de ellas los aseos comunes no estaban adaptados y los de las habitaciones carecían de suelo antideslizante, grifos de tipo monomando y puertas correderas (conviene señalar, además, que en una de las residencias ni siquiera se mostró el aseo). Además, en uno de los centros no contaban con pasamanos y en ninguno había carteles en braille.

En infraestructuras y oferta de servicios la valoración fue mejor porque en cuatro de las cinco residencias analizadas había cuartos con baño completo y timbre de llamada en cada habitación. Además, contaban con gimnasio y servicio de peluquería. Durante la observación, los técnicos de la revista comprobaron el buen estado de mantenimiento del interior y exterior de cuatro de las cinco residencias visitadas, así como la limpieza y conservación de las habitaciones de todos los centros. Respecto a las medidas que se aplican para que el residente se sienta ‘como en casa’, se comprobó que en todos los centros se les permitía llevar algunos enseres personales, así como recibir visitas en la habitación. Sin embargo, hubo dos centros que no contaban con un servicio de fisioterapia y rehabilitación. Por último, la mejor calificación se obtiene en materia de seguridad, ya que todas las residencias estudiadas contaban con luces y salidas de emergencia, extintores, alarmas y sistemas de detección de fuego, así como con un protocolo de emergencia de obligado conocimiento y cumplimiento por todo el personal del centro.

El estudio comparativo de las tarifas concluye que las residencias visitadsa en Burgos son más económicas, de media, que el índice global del estudio, casi un 11%. Así, un residente asistido en la provincia castellana tendrá que abonar, de media, entre 1.430 euros (habitación individual) y 1.252 euros (habitación doble). Si, por el contrario, el residente puede valerse por sí mismo y opta por una habitación individual (la opción más cara), tendrá que hacer frente a un pago mensual máximo de 1.174 euros (194 euros menos que la media nacional para este mismo supuesto).

Lo mejor y lo peor de las residencias visitadas en Burgos

  • Lo mejor: Todos los centros permitían visitas en las habitaciones y contaban con sistemas de seguridad, como luces y salidas de emergencia y extintores.
  • Lo peor: Sólo en una residencia el médico ofrecía sus servicios de forma permanente.

Cádiz

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos cuatro de Cádiz

Las residencias de mayores estudiadas en Cádiz, entre las peores del país

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Los cuatro centros visitados en la provincia gaditana destacan negativamente en materia de accesibilidad, limpieza y mantenimiento y en medidas para hacer que el residente se sienta ‘como en casa’. Por si fuera poco, son un 18% más onerosas que la media nacional

En el caso de Cádiz, se estudiaron cuatro residencias para mayores (una pública, una privada y dos concertadas), que suspendieron con un ‘regular’ el examen propuesto por CONSUMER EROSKI, convirtiéndose así en la única provincia del estudio que no supera la prueba. Algo que no ocurrió en el 2005 cuando se hizo un informe similar que otorgó a los centros gaditanos una nota de ‘bien’. Las residencias visitadas fallaron, sobre todo, en accesibilidad, limpieza y mantenimiento y en las medidas habilitadas para que los residentes pudieran sentirse ‘como en casa’. Sí aprueban, aunque con un mediocre ‘aceptable’ en materia de infraestructuras, -oferta de servicios y atención asistencial. El único ‘bien’ lo merecieron en seguridad.

El suspenso en accesibilidad se justifica, entre otros motivos, en que en una de las residencias visitadas los baños comunes no estaban adaptados, y lo que es peor, tampoco lo estaban los aseos de los residentes, que no tenían suficiente hueco debajo para las sillas de ruedas, ni suelo antideslizante, ni plato de ducha con asidero. En el resto de residencias faltaban puertas correderas o carteles escritos en braille. Además, durante la visita, se comprobó una falta de mantenimiento, iluminación y amplitud en los cuartos de los residentes, así como en la fachada y el interior de una de las residencias. Es más, se percibieron olores desagradables en los aseos de dicho centro. Respecto a las medidas aplicadas para que el residente se sienta ‘como en casa’, cabe señalar que, aunque en todos los centros se les permitía llevar algunos enseres personales, en la mitad no se podían recibir visitas en la habitación y en una no contaban con un servicio de fisioterapia y rehabilitación.

En infraestructuras y oferta de servicios, la valoración fue algo mejor. Y es que aunque tres centros disponían de baño completo (dos sólo en algunos cuartos), la mitad no contaba con timbre de llamada para emergencias en cada cuarto de baño y una tampoco lo tenía en las habitaciones. Sin embargo, el aprobado se justifica porque todas las residencias contaban con recepción las 24 horas del día y dos tenían también gimnasio y asistencia psicológica.

Respecto a la atención asistencial, cabe señalar que todas las residencias contaban con camas articuladas para los residentes y tenían baños geriátricos asistidos pero en una no había consulta médica y en tres, la sala de enfermería era la misma que se usaba para pasar consulta. Además, en tres de cada cuatro no había médico permanente y ninguno de los profesionales sanitarios era un especialista en el cuidado de los ancianos.

La mejor calificación se obtuvo en materia de seguridad, ya que todas las residencias estudiadas contaban con luces y salidas de emergencia, extintores, alarmas y sistemas de detección de fuego, así como con un protocolo de emergencia de obligado conocimiento y cumplimiento por todo el personal del centro.

Comparadas con la media de las 125 residencias analizadas en el informe, las tarifas en los centros gaditanas son un 18% más onerosas. Así, una habitación para un residente asistido en la provincia andaluza cuesta 2.000 euros (la media nacional son 1.624 euros) mientras que si puede valerse por sí mismo, tendrá que hacer frente a un pago mensual máximo de 1.200 euros (frente al índice global de1.368 euros).

Lo mejor y lo peor de las residencias visitadas en Cádiz

  • Lo mejor: Todas las instalaciones contaban con plan de emergencia y la mitad habían realizado en 2008 algún simulacro de incendio.
  • Lo peor: El exterior de un centro necesitaba reformas, la mitad no permitían recibir visitas en la habitación y una no tenía accesos para discapacitados.

Granada

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos cuatro de Granada

Las residencias de mayores examinadas de Granada destacan por su limpieza y mantenimiento

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Los cuatro centros visitados en la provincia granadina logran aprobar el estudio con una media de ‘bien’. Además, las residencias estudiadas son un 8% más económicas que la media nacional

En el caso de Granada, se estudiaron cuatro residencias para mayores (una pública y tres privadas), que obtuvieron una valoración media de ‘bien’, igual que las estudiadas en Alicante, Guipúzcoa, Madrid y Valencia e idéntica a la calificación global del informe. La nota se justifica en gran parte por los buenos resultados obtenidos en limpieza y mantenimiento, así como en accesibilidad, seguridad y en las medidas habilitadas para que los residentes se sintieran ‘como en casa’ (apartados, todos ellos, calificados con un ‘bien’). Sin embargo, infraestructuras, servicios y atención asistencial apenas lograron un mediocre ‘aceptable’.

Durante la observación, los técnicos de esta revista pudieron comprobar el buen estado de mantenimiento del exterior e interior de las instalaciones, así como la conservación, amplitud, limpieza e iluminación de las habitaciones. Además, tampoco se percibieron malos olores en los aseos. También la accesibilidad obtuvo una buena valoración, ya que en la visita se observó el esfuerzo realizado en esta materia: el acceso de todas las residencias estaba al mismo nivel de la calle y en caso de que hubiera escaleras, estaban salvadas por rampas o ascensores. Los aseos utilizados por los residentes contaban en todos los centros con lavabos con suficiente hueco debajo para las sillas de ruedas, grifos de tipo monomando, plato de ducha sin bordes ni cortinas y con asidero e inodoro con soportes laterales y asidero. Es más, todos los edificios disponían de pasamanos y puertas amplias, aunque carecían de carteles escritos en braille y persianas con sistema automático.

En materia de seguridad, todos los centros analizados contaban con luces y salidas de emergencia, extintores y alarmas. Además, según sus responsables, en todos existía un protocolo de emergencia de obligado conocimiento y cumplimiento por todo el personal del centro.

Por otra parte, se estudió también hasta qué punto las residencias tomaban medidas para que el usuario se sintiera ‘como en casa’ y se comprobó que en todos los centros se les permitía recibir visitas en la habitación y llevar a la residencia algunos enseres personales.

La nota empeora en atención asistencial: aunque todas las residencias visitadas contaban con cuartos de baño geriátricos asistidos y camas articuladas para todos los residentes, en una no había sala de consulta médica ni enfermería y el profesional sanitario no atendía a los ingresados de manera permanente. Además, en todas las residencias visitadas, el médico era de cabecera y no tenía ninguna especialidad en el cuidado de los ancianos. En infraestructuras y servicios, la labor realizada por las residencias estudiadas se calificó sólo como ‘aceptable’, ya que, entre otras carencias, la mitad de ellas no contaba con cuartos de baño completo en ninguna habitación, una no tenía gimnasio ni ofrecía asistencia psicológica, y de las seis, únicamente una contaba con recepción las 24 horas del día.

Comparadas con las tarifas de las 125 residencias analizadas en el estudio, los precios de las residencias visitadas en Cádiz son un 8% más económicos. Asi, un habitación para un residente asistido en la provincia granadina cuesta una media de 1.335 euros. Si, por el contrario, el residente puede valerse por sí mismo y opta por una habitación individual (la opción más cara), tendrá que hacer frente a un pago mensual máximo de 1.218 euros (150 euros menos que la media nacional para el mismo supuesto).

Lo mejor y lo peor de las residencias visitadas en Granada

  • Lo mejor: El estado de conservación del exterior era muy bueno. En general el estado de mantenimiento de las habitaciones y los aseos era bueno.
  • Lo peor: Todas disponían en las inmediaciones paradas de autobuses pero no de taxis. Sólo una contaba con recepción las 24 horas del día.

Guipuzcoa

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos ocho de Guipúzcoa

Las residencias de mayores estudiadas en Guipúzcoa se encuentran en la media de calidad del país aunque son un 37% más caras

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Los ocho centros visitados en la provincia vasca destacan de forma sobresaliente en la seguridad y accesibilidad de susinstalaciones. El resto de apartados estudiados obtienen buenas valoraciones

En el caso de la provincia de Guipúzcoa se estudiaron ocho residencias para mayores (dos públicas, una privada y cinco de carácter concertado) que obtuvieron una valoración media de ‘bien’ lo que las sitúa en la media del estudio. Pese a todo, en el 2005 cuando se hizo un estudio similar, esa nota global era mejor (‘muy bien’).

Accesibilidad (‘muy bien’) y seguridad (‘excelente’) fueron los apartados mejor valorados: todas las residencias contaban con un protocolo de emergencia actualizado y en tres de los ocho centros se realizó un simulacro de incendio el pasado 2008; además, todas las residencias disponían de salidas y luces de emergencia, extintores, alarma y sistemas de detección de fuego. Las condiciones de accesibilidad también fueron correctas: en los ocho recintos se vieron rampas o ascensores para salvar escaleras y para acceder de una planta a otra, todos los aseos comunes para visitas y familiares resultaron accesibles y no faltaron suelos antideslizantes, grifos monomando, platos de ducha e inodoro con asideros, pasamanos y enchufes colocados a la altura necesaria para llegar a ellos desde una silla de ruedas.

Los apartados de infraestructuras y servicios, atención asistencial a los mayores y limpieza obtuvieron una calificación general de ‘bien’ (igual a la media del informe). Pese a las buenas notas, se echaron en falta varios detalles: tres residencias no tenían gimnasio; en dos centros no había jardín, terraza o zona asfaltada para que los residentes pudieran dar un paseo; se echaron en falta baños geriátricos asistidos en otras dos residencias y en la mitad de los centros visitados la enfermería no funcionaba las 24 horas al día. Además, no había servicio de fisioterapia y rehabilitación en tres centros y una de las residencias necesitaba reformas para mejorar su aspecto exterior. Se estudió también hasta qué punto las residencias analizadas permitían a sus residentes sentirse ‘como en casa’. En este sentido, aunque la valoración general fue buena (obtuvo un ‘bien’) también se detectaron varias carencias, la más importante que en dos de las ocho residencias no se permitía a los usuarios recibir visitas en sus habitaciones.

Después de analizar los precios en 125 residencias se ha comprobado que han subido, de media, un 8% los últimos cuatro años, algo menos que el IPC acumulado en el mismo periodo (que fue de un 9,2%). El mayor incremento fue el de las residencias públicas que, aunque siguen siendo más económicas, se han encarecido un 23%. En el caso de Guipúzcoa, sin embargo, los precios son bastante más caros que en la media del estudio, un 37% de diferencia. Así, una habitación para un residente asistido tendrá que abonar entre 2.120 euros (habitación doble) y 2.135 euros (habitación individual), mientras que la media nacional no sube de los 1.624 euros. Por su parte, un residente válido en habitación individual tendrá que hacer frente a un pago mensual de 1.600 euros (la media del informe es 1.368 euros en el mismo supuesto).

Lo mejor y lo peor de las residencias visitadas en Guipúzcoa

  • Lo mejor: Rampas o ascensores en todas las residencias además de habitaciones adaptadas para discapacitados. Cinco centros contaban con geriatras.
  • Lo peor: Seis centros no admitían a ancianos por estancias temporales.

Madrid

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos once de Madrid

Las residencias de mayores visitadas en Madrid se encuentran en la media de calidad del resto de provincias del informe

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Pese a las buenas valoraciones, estos centros deben mejorar la accesibilidad y en la limpieza de sus instalaciones. Los precios de estas residencias madrileñas son un 20% más onerosos que la media nacional

En el caso de la provincia de Madrid se estudiaron once residencias para mayores (todas ellas privadas) que obtuvieron una valoración media de ‘bien’, igual que la media nacional y la misma que merecieron hace cuatro años cuando se hizo un informe similar.

Pese a que la valoración general fue correcta, estas once residencias madrileñas deben mejorar la accesibilidad y la limpieza de sus instalaciones, que se quedaron en un mediocre ‘aceptable’. Los técnicos comprobaron que el mantenimiento del exterior y de la fachada de cuatro centros necesitaba reformas, en dos tenían salas comunes estrechas y en cuatro centros geriátricos no había ni ascensores ni rampas para ir de una planta a otra y en otras tantas no estaban adaptados los aseos comunes para visitas y familiares. Por todo ello la nota que obtienen ambos apartados no escapa de un mediocre ‘aceptable’.

Algo mejor (‘bien’) fue la calificación que merecieron la oferta de servicios, la atención asistencial y las medidas que tomaron estos centros para que los ancianos se sintieran ‘como en casa’. Así, la media de personas en lista de espera, 23, es bastante inferior a la media del resto de residencias de otras provincias (35 ancianos); diez de las once residencias disponían de camas articuladas, ocho de los once centros contaban con consulta médica, únicamente una residencia no permitía que los ancianos se llevasen sus enseres personales y los ancianos de todas ellas podían recibir visitas en su habitación. Asimismo, no hubo ningún centro que no dispusiera de alarma o timbre de llamada en las habitaciones, aunque no puede decirse lo mismo de los aseos (no se vieron timbres en los baños de siete de las 11 residencias).

Por último, la mejor valoración de todo el análisis (un ‘muy bien’) fue a parar a la seguridad de las instalaciones: casi la mitad de las residencias hicieron un simulacro de incendio en 2008, los trabajadores de todos los centros estaban debidamente formados en el protocolo de actuación para casos de emergencia y la dotación de luces y salidas de emergencia, extintores, alarmas o puertas corta fuego es inmejorable.

Después de analizar los precios en 125 residencias se ha comprobado que han subido, de media, un 8% los últimos cuatro años, algo menos que el IPC acumulado en el mismo periodo (que fue de un 9,2%). El mayor incremento fue el de las residencias públicas que, aunque siguen siendo más económicas, se han encarecido un 23%. Comparados los precios de las residencias visitadas en Madrid con la media del estudio, las cifras se sitúan en detrimento de la provincia madrileña, cuyos precios son un 20% más caros que en el resto de ciudades. Así, un residente pagará de media 1.624 euros en estos centros de Madrid, frente a los 1.355 euros de la media del estudio.

Lo mejor y lo peor de las residencias de Madrid

  • Lo mejor: La media de personas en lista de espera, 23, es bastante inferior a la media del resto de residencias de otras provincias, 35 ancianos.
  • Lo peor: Uno de los centros no elaboraba dietas especiales por prescripción médica. Casi ninguno disponía de unidades para tratamientos especializados (como diálisis…)

Málaga

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos siete de Málaga

Las residencias de mayores visitadas en Málaga deben mejorar en calidad

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Los centros malagueños suspenden en la accesibilidad de sus instalaciones y obtienen calificaciones mediocres en limpieza y oferta de servicios. Además, los precios son un 10% más caros que la media del resto de provincias estudiadas en el informe de la revista

En el caso de la provincia de Málaga se estudiaron siete residencias para mayores (todas ellas privadas) que obtuvieron una valoración media de ‘aceptable’, una nota mediocre por debajo de la media nacional y también inferior a la calificación que las residencias malagueñas obtuvieron en un informe similar realizado hace cuatro años (en ambos casos la calificación fue un ‘bien’). En las dos ocasiones, se siguió la misma metodología aunque la muestra de residencias no fue idéntica.

Por apartados, la peor nota fue para la accesibilidad, que suspendió con un ‘regular’. Se comprobó que en una residencia faltaban ascensores y rampas que salvasen las escaleras de la entrada y que en otra faltaban suelos antideslizantes en los aseos de las habitaciones y sistema de aviso para emergencias. También hubo fallos, aunque menos graves, en cuanto a la limpieza de las instalaciones y la oferta de servicios de estas residencias (en ambos casos la valoración fue un mediocre ‘aceptable’): el interior de dos residencias no se encontraba en buen estado, en otros tantos centros no había una ventilación adecuada, sólo dos centros tenían gimnasio y uno ni siquiera organizaba actividades socio-culturales para los residentes.

La atención asistencial y la seguridad merecieron un ‘bien’, la misma nota que se otorgó a estos centros cuando se valoraron las medidas que habían tomado para que los residentes se sintieran ‘como en casa’. De hecho, Málaga es una de las pocas provincias que cuenta con un médico internista en una de las residencias seleccionadas, más de la mitad de los centros están capacitados para atender a personas que requieran un tratamiento especializado (diálisis, trastornos respiratorios…), en seis instalaciones se ofrece un servicio de fisioterapia y rehabilitación y todas cuentan con un protocolo de actuación en caso de emergencia (aunque apenas dos de ellas habían realizado un simulacro de incendio el pasado 2008).

Después de analizar los precios en 125 residencias se ha comprobado que han subido, de media, un 8% los últimos cuatro años, algo menos que el IPC acumulado en el mismo periodo (que fue de un 9,2%). El mayor incremento fue el de las residencias públicas que, aunque siguen siendo más económicas, se han encarecido un 23%. Con todo, la tarifa global se sitúa en los 1.356 euros, mientras que en Málaga, los centros estudiados son un 10% más caros (la media de las 7 residencias analizadas es de 1.488 euros). Así, una habitación para un residente asistido en la provincia andaluza cuesta de media 1.502 euros (la media nacional en este caso se sitúa en los 1.568 euros) y, si por el contrario el residente puede valerse por sí mismo y opta por una habitación individual (la opción más cara) tendrá que hacer frente a un pago mensual máximo de 1.550 euros (182 euros más que el coste global de las 125 residencias analizadas para este supuesto).

Lo mejor y lo peor de las residencias de Málaga

  • Lo mejor: Es una de las pocas provincias que cuenta con médico internista en una de las residencias seleccionadas.
  • Lo peor: En tres residencias no se permitió la visita a los aseos y otras tantas no contaban con sala de curas específica.

Murcia

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos ocho de Murcia

Las residencias de mayores analizadas en Murcia, entre las mejores del país

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Los ocho centros visitados en la provincia murciana destacan de forma sobresaliente en seguridad y en el apartado de sentirse como en casa. Además, las residencias estudiadas son un 5% más económicas que la media nacional

En el caso de Murcia, se estudiaron ocho residencias para mayores (tres privadas y cinco concertadas), que obtuvieron una valoración media de ‘muy bien’ (idéntica a la que consiguieron hace cuatro años en un estudio similar), lo que sitúa a los centros murcianos analizados entre los mejores de todo el estudio, junto a Álava, Navarra y Vizcaya. La nota se justifica por los buenos resultados obtenidos en seguridad (‘excelente’) y en las medidas habilitadas para sentirse ‘como en casa’ (‘muy bien’), además del ‘bien’ logrado en infraestructuras y servicios, atención asistencial, accesibilidad y limpieza y mantenimiento.

En materia de seguridad, cabe destacar que la mayor parte de los centros analizados habían habilitado luces y salidas de emergencia, extintores y sistemas de detección de fuego. Además, todos contaban con un protocolo de emergencia de obligado conocimiento y cumplimiento por todo el personal del centro. Respecto a las medidas implementadas para que el residente se sienta ‘como en casa’, se comprobó que en todos los centros se permitía a los residentes llevar algunos enseres personales y que todos disponían de servicio de fisioterapia y rehabilitación (seis tenían incluso servicio de podología).

En infraestructuras y servicios, la labor realizada por las residencias estudiadas se calificó como buena, ya que en todas ofrecían otros servicios además del de la residencia: en tres había centro de día, en cinco se permitían estancias temporales y, en una de ellas, también había viviendas asistidas para personas mayores. Sin embargo, entre las carencias, destacaba el hecho de que en un centro no había cuartos de baño completos en ninguna de las habitaciones.

Además, durante la observación, los técnicos de la revista comprobaron el buen estado de mantenimiento y limpieza general del exterior e interior de siete instalaciones visitadas, así como de sus habitaciones. Únicamente en una se valoró el aspecto exterior del edificio como deficiente y se percibió una falta de iluminación y amplitud en los cuartos. Por su parte, la accesibilidad era correcta, ya que en siete de los ocho centros observados se podía acceder desde la calle a la residencia sin necesidad de subir o bajar escaleras (sólo una fallaba en este aspecto porque no disponía de rampas u otro tipo de sistemas que las salvasen) y los aseos estaban convenientemente adaptados para personas con discapacidad o falta de movilidad (hueco suficiente debajo del lavabo para las sillas de ruedas, plato de ducha sin bordes ni cortinas y con asidero, etc.)

Por último, en atención asistencial, en todas la residencias estudiadas se contaba con cuarto de baño geriátrico asistido; en cinco, las camas para todos los residentes eran articuladas y sólo en una el médico no estaba disponible de forma permanente (aunque en tres el médico era de cabecera, también se encontró un neumólogo, un geriatra y un experto en cuidados paliativos).

El estudio comparativo de las tarifas permite concluir que, frente a la tarifa global de 1.356 euros, los centros de Murcia son un 5% más económcios. Así, un residente asistido en la provincia murciana deberá abonar entre 1.334 euros (habitación individual) y 1.375 euros (habitación doble). Si, por el contrario, el residente puede valerse por sí mismo y opta por una habitación individual (la opción más cara), tendrá que hacer frente a un pago mensual de 1.267 euros (101 euros menos que la media nacional para el mismo supuesto).

Lo mejor y lo peor de las residencias visitadas en Murcia

  • Lo mejor: La mayoría de los centros tenían jardín y todos contaban con timbre en las habitaciones. Tres centros disponían con neumólogo, especialista en cuidados intensivos y geriatra.
  • Lo peor: Faltaban timbres en los aseos de la mitad de los centros. En tres de las ocho residencias no existía un servicio de registro de las visitas.

Navarra

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos seis de Navarra

Las residencias de mayores de Navarra, entre las mejores del país

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Los seis centros visitados en la provincia navarra destacan de forma sobresaliente en infraestructuras, mantenimiento, seguridad y accesibilidad de las instalaciones y ponen las medidas correctas para que los residentes se sientan ‘como en casa’. Además, las residencias estudiadas son un 18% más económicas que la media nacional

En el caso de Navarra, se estudiaron seis residencias para mayores (cuatro públicas y otras dos de titularidad privada), que obtuvieron una valoración media de ‘muy bien’, lo que sitúa a los centros navarros analizados entre los mejores de todo el estudio, junto a los de Álava, Murcia y Vizcaya. Idéntica valoración que la que se obtuvo en un estudio similar realizado en 2005. La nota se justifica por los buenos resultados obtenidos a la hora de calificar las infraestructuras y los servicios, el mantenimiento y la limpieza, las medidas habilitadas para que los residentes puedan sentirse como en casa, y los sistemas de seguridad y accesibilidad de las instalaciones visitadas: en todos los apartados mencionados la calificación fue un ‘muy bien’.

En materia de infraestructuras y servicios, cinco de las seis residencias estudiadas ofrecían otros servicios además del de la residencia (dos eran también residencias de día, en otras tantas se permitían estancias temporales y en una había también viviendas asistidas) y todas contaban, asimismo, con baño completo en las habitaciones, gimnasio y ayudas técnicas (muletas, sillas de ruedas, etc.). Además, durante la observación, los técnicos de la revista comprobaron el buen estado de mantenimiento y limpieza del exterior e interior de las seis instalaciones incluidas en el informe y su buena accesibilidad, ya que se podía entrar a la residencia sin necesidad de subir o bajar escaleras y los aseos estaban convenientemente adaptados para personas con alguna discapacidad o problemas de movilidad (hueco suficiente debajo del lavabo para las sillas de ruedas, suelo antideslizante, plato de ducha sin bordes ni cortinas y con asidero, puertas correderas, etc.).

En lo relativo a la seguridad, cabe destacar que todas las residencias tienen luces y salidas de emergencia, extintores, sistemas de detección de fuego y alarmas y todas cuentan con un protocolo de emergencia de obligado conocimiento y cumplimiento por todo el personal del centro. La única carencia, en este sentido, que sólo una de ellas realizó un simulacro de incendio el año pasado.

Para que los residentes se sintieran ‘como en casa’ en todos los centros se les permitía llevar a la residencia algunos enseres personales y recibir visitas en su habitación. Es más, en el caso de que el inquilino no se encontrase bien, su familia podía estar con él a cualquier hora del día y de la noche.

Las notas fueron peores en materia de atención asistencial, con un mediocre ‘aceptable’. Y es que aunque en cinco de las seis residencias analizadas las camas para todos los residentes eran articuladas, en una no había cuartos de baño geriátricos asistidos, dos no contaban con sala de consulta médica ni médico permanente y en otros tantos el médico era de cabecera, no estaba especializado en el cuidado de los ancianos.

Después de analizar los precios en 125 residencias se ha comprobado que han subido, de media, un 8% los últimos cuatro años, algo menos que el IPC acumulado en el mismo periodo (que fue de un 9,2%). El mayor incremento fue el de las residencias públicas que, aunque siguen siendo más económicas, se han encarecido un 23%. En las residencias navarras la tarifa media es de 1.107 euros, un 18% menos que el índice global del informe (1.355 euros). Así, un residente asistido tendrá que abonar en la Comunidad Foral cuesta entre 1.467 euros (habitación individual) y 1.309 euros (habitación doble). Si, por el contrario, el residente puede valerse por sí mismo, tendrá que hacer frente a un pago mensual máximo de 852 euros (516 euros menos que la media de las 125 residencias analizadas).

Lo mejor y lo peor de las residencias visitadas en Navarra

  • Lo mejor: odas tienen camas articuladas, permiten acompañar a los residentes enfermos durante la noche y una tiene carteles escritos en braille.
  • Lo peor: Dos centros sin programa de animación socio-cultural, uno sin baños geriátricos y cinco no alojaban en la planta baja a los residentes con menor movilidad.

Sevilla

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos siete de Sevilla

Las residencias de mayores visitadas en Sevilla deben mejorar en limpieza, oferta de servicios y accesibilidad

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Las mejores notas recayeron en los apartados de atención asistencial, elementos para sentirse ‘como en casa’ y seguridad. Los precios las residencias analizadas en Sevilla son un 14% más onerosos que la media

En el caso de la provincia de Sevilla se estudiaron siete residencias para mayores (cuatro privadas, dos concertadas y una pública) que obtuvieron un mediocre ‘aceptable’ inferior a la media nacional (un ‘bien’). Sevilla es una de las provincias que obtiene ahora peor calificación que en un informe similar realizado cuatro años, pasa del ‘bien’ al ‘aceptable’.

Donde más fallos se detectaron fue en la oferta de servicios: dos de las siete residencias visitadas no disponían de gimnasio, en la misma proporción el baño no estaba dentro de las habitaciones y hubo tres que no disponían de alarma de emergencia en los aseos. También hubo carencias en accesibilidad: la mitad de los centros no contaban con rampas para salvar las escaleras de acceso al centro, faltaban puertas correderas en los baños de todas las residencias y no había ni un solo cartel escrito en braille. Además, las residencias visitadsa en Sevilla deben mejorar en materia de limpieza, ya que, las habitaciones de dos centros estaban muy viejas, la iluminación de las habitaciones dobles de la mitad de las residencias era muy deficiente y en la misma proporción, el aspecto exterior de los edificios dejaba mucho que desear.

Pero no todo va a ser negativo en el caso de las residencias sevillanas analizadas. Obtienen un ‘bien’ en atención asistencial, medidas para garantizar que los residentes se sientan ‘como en casa’ y medidas de seguridad. Así, cinco residencias ofrecen servicio de podología, todas permiten a los residentes conservar sus enseres personales, dos residencias contaban con médicos especialistas, casi tres de cada cuatro hicieron un simulacro de incendio el pasado año y los residentes de más de la mitad de los centros disponían de llaves para guardar sus enseres personales en armarios o cajones propios.

Después de analizar los precios en 125 residencias se ha comprobado que han subido, de media, un 8% los últimos cuatro años, algo menos que el IPC acumulado en el mismo periodo (que fue de un 9,2%). El mayor incremento fue el de las residencias públicas que, aunque siguen siendo más económicas, se han encarecido un 23%. Comparadas con el resto de provincias, las tarifas sevillanas resultaron ser un 14% más onerosas. Así, un residente, pagará de media 1.543 euros en estos centros de Sevilla, mientras que el mismo coste medio a nivel nacional es de 1.355 euros.

Lo mejor y lo peor de las residencias de Sevilla

  • Lo mejor: Cinco residencias ofrecían servicio de podología. La mayoría contaban con rampas o ascensores y todas permitían a los residentes conservar sus enseres personales.
  • Lo peor: Sólo dos residencias contaban con médicos especialistas.

Valencia

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos ocho de Valencia

Las residencias de mayores visitadas en Valencia se encuentran en la media de calidad del país

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Las mejores notas fueron a parar a la seguridad y accesibilidad de las instalaciones así como a las medidas implantadas para que estos ancianos se sientan como en su propio hogar. Los precios de estas residencias son un 9% más onerosos que la media

En el caso de la provincia de Valencia se estudiaron ocho residencias para mayores (cuatro privadas, tres concertadas y una pública) que obtuvieron una valoración de ‘bien’, idéntica a la media del estudio de la revista y a la lograda hace cuatro años. Con todo, las mejores valoraciones fueron a para a los apartados de elementos de seguridad y accesibilidad de estas instalaciones, así como las medidas que facilitan para que los residentes se sientan ‘como en casa’ (todos estos apartados comparten una nota de ‘muy bien’). Para muestra, un par de ejemplos: todas las residencias valencianas seleccionadas hicieron un simulacro de incendio el pasado año (las únicas junto con las de Alicante que pueden presumir de un dato tan positivo en este sentido), todos los centros estaban perfectamente acondicionados con rampas y ascensores para salvar escaleras existentes, el 100% de las residencias visitadas en Valencia permitían que sus residentes se llevaran al centro algunos de sus enseres u objetos personales y que pudieran recibir la visita de familiares y amigos en sus propias habitaciones.

Los técnicos de CONSUMER EROSKI observaron, sin embargo, fallos y carencias en apartados tan importantes como calidad de la atención asistencial, limpieza de las instalaciones y oferta de servicios que ponen a disposición de los residentes. Así, echaron en falta más jardines para el paseo y recreo de los ancianos (sólo se vieron en la mitad de los centros), posibilidad de elección de menú por cuestiones de índole religioso o personal (sólo se permitía en tres), más especialistas médicos (el de cabecera era el principal profesional de la mayoría de residencias) y unidades médicas para tratamientos especializados como, por ejemplo, demencia senil o alzheimer (únicamente se vieron en dos residencias). Asimismo, un centro debía mejorar la ventilación de sus instalaciones y en otro el mobiliario dejaba mucho que desear.

Después de analizar los precios en 125 residencias se ha comprobado que han subido, de media, un 8% los últimos cuatro años, algo menos que el IPC acumulado en el mismo periodo (que fue de un 9,2%). El mayor incremento fue el de las residencias públicas que, aunque siguen siendo más económicas, se han encarecido un 23%. En Valencia, la tarifa media de las residencias visitadas es un 9% más onerosa que en la media del estudio. Así, el residente de un centro valenciano pagará de media 1.474 euros mensuales, cuando la media nacional es de 1.355 euros.

Lo mejor y lo peor de las residencias de Valencia

  • Lo mejor: Todos los centros permitían visitas en las habitaciones y ofrecían servicio de peluquería.
  • Lo peor: Sólo dos residencias contaban con médicos especialistas.

Valladolid

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos cinco de Valladolid

Las residencias de mayores visitadas en Valladolid se encuentran por debajo de la media nacional en cuanto a calidad

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Las mayores carencias se observaron en la oferta de servicios, la seguridad y la limpieza de las instalaciones. Los precios de estas residencias son un 23% más económicos que la media

En el caso de la provincia de Valladolid se estudiaron cinco residencias para mayores (tres privadas y dos públicas) que obtuvieron una valoración media de ‘aceptable’, una nota mediocre e inferior a la media del estudio (un ‘bien’). Con todo, las carencias más evidentes se registraron al comprobar la oferta de servicios y medidas de seguridad de los centros, así como la limpieza de las instalaciones. Así, cuatro de las cinco residencias sólo permitían que los residentes recibieran visitas durante un tiempo máximo de 45 horas semanales; en dos centros no había alarma de emergencia en los baños de las habitaciones y uno no contaba con gimnasio. También hubo carencias en seguridad y limpieza: dos de las cinco residencias visitadas no hicieron un simulacro de incendio el pasado año, un centro no tenía ni salidas de emergencia ni alarma, en los alrededores de dos centros se observó que había suciedad y olores desagradables y en la misma proporción de residencias, las salas comunes no eran todo lo luminosas que debían.

En el lado contrario, el examen hecho a la accesibilidad, la atención asistencial y las medidas que favorezcan que estos ancianos puedan sentirse ‘como en casa’, que se valoraron con un satisfactorio ‘bien’: los aseos para visitas de todas las residencias estaban perfectamente adaptados, más de la mitad de los centros contaban con ascensores lo suficientemente anchos como para permitir el paso de una silla de ruedas, había camas articuladas para todos los ancianos en todos los centros analizados; dos residencias tenían médico de cabecera, internista y geriatra para atender a estas personas mayores y en tres centros permitían a los ancianos que se llevaran sus enseres o recuerdos personales.

Después de analizar los precios en 125 residencias se ha comprobado que han subido, de media, un 8% los últimos cuatro años, algo menos que el IPC acumulado en el mismo periodo (que fue de un 9,2%). El mayor incremento fue el de las residencias públicas que, aunque siguen siendo más económicas, se han encarecido un 23%. La tarifa media en una residencia vallisoletana es, sin embargo, un 23% más baja que la media del estudio. Así, un residente pagará de media 1.048 euros en una residencia de Valladolid, mientras que el mismo coste medio a nivel nacional es de 1.355 euros.

Lo mejor y lo peor de las residencias de Valladolid

  • Lo mejor: Todas las residencias tenían camas articuladas y ofrecían servicio de podología y de fisioterapia y rehabilitación.
  • Lo peor: Dos centros carecían de rampas en la entrada, y otros dos no permitían llevar enseres personales.

Vizcaya

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos ocho de Vizcaya

Las residencias de mayores analizadas de Vizcaya, entre las mejores del país

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Los ocho centros visitados en la provincia vizcaína destacan de forma sobresaliente en infraestructuras y servicios, seguridad y accesibilidad de las instalaciones. Pese a todo, las residencias estudiadas son un 31% más caras que la media nacional.

En el caso de la provincia de Vizcaya se estudiaron ocho residencias para mayores (cuatro privadas y otras cuatro de carácter concertado) que obtuvieron una valoración media de ‘muy bien’ lo que las sitúa entre las mejores de todo el estudio y unas de las pocas que consiguen mejorar el resultado obtenido en un informe similar realizado en 2005, un ‘bien’. Esta notable calificación se justifica en los resultados obtenidos en materia de infraestructuras y servicios que ofrecían estas residencias, así como las medidas de seguridad y accesibilidad de las instalaciones visitadas (todos los apartados mencionados obtuvieron un ‘muy bien’). Ejemplos más concretos: la mitad de los centros estudiados en Vizcaya disponían de salas con ordenadores y conexión a internet (algo que sólo hay en el 16% del total de residencias del informe), hubo cinco que tenían gimnasio, todas habían habilitado un sistema de alarma o aviso ante posibles emergencias y tres de cada cuatro tenían jardín para que los usuarios puedan pasear cuando lo deseen. Además, en la mayoría se vieron rampas mecánicas, ascensores anchos para permitir el paso de una silla de ruedas y aseos y habitaciones adaptadas para discapacitados y personas con problemas de movilidad. En lo relativo a la seguridad, cabe destacar que todas las residencias tenían luces y salidas de emergencia, extintores, sistemas de detección de fuego y alarmas y en todas contaban con un protocolo de emergencia de obligado conocimiento y cumplimiento por todo el personal del centro. La única carencia, en este sentido, que sólo una de ellas realizó un simulacro de incendio el año pasado.

Las notas empeoraron, aunque no bajaron del ‘bien’, a la hora de valorar la atención asistencial, las medidas de estas residencias para que sus residentes se sientan ‘como en casa’ y la limpieza de las instalaciones. En el primero de los apartados, hay que destacar que todas las residencias contaban con camas articuladas (aunque en cuatro de ellas sólo para los ancianos asistidos, no para todos los residentes) y baños geriátricos. Todas tenían sala de consulta médica y la mitad contaban con un médico permanente (generalmente médicos de familia y geriatras, por lo que sería necesario que hubiese más especialistas). Siete de las ocho residencias estudiadas permitían a sus residentes llevar sus muebles o enseres personales para que sintieran la residencia como su hogar y todas excepto una les dejaban recibir visitas en su habitación.

El estudio de las tarifas realizado por esta revista concluye que las residencias públicas, aunque siguen siendo más económicas que las privadas y concertadas, se han encarecido, de media, un 23% los últimos cuatro años. Los precios en las residencias vizcaínas son un 31% más caras que la media nacional. Así, un residente asistido en Vizcaya deberá abonar entre 1.834 euros (habitación individual) y 1.848 euros (habitación doble), mientras que la media del estudio para personas que necesitan asistencia no sube de los 1.624 euros. Si, por el contrario, el residente puede valerse por si mismo, tendrá que hacer frente a un pago mensual máximo de 1.721 euros (la media es de 1.368 euros).

Lo mejor y lo peor de las residencias visitadas en Vizcaya

  • Lo mejor: En más de la mitad de los centros se acompaña a los residentes que lo desean a hacer gestiones externas fuera del recinto.
  • Lo peor: Cuatro residencias no permiten al anciano ofrecer un refresco o un aperitivo a sus visitas. Ninguno cuenta, además, con sala de postoperatorio.

Zaragoza

Analizados 125 centros públicos, privados y concertados de 18 provincias españolas, entre ellos siete de Zaragoza

Las residencias de mayores visitadas en Zaragoza deben mejorar su nivel de calidad

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La oferta de servicios y la atención asistencial, entre otros apartados, debe mejorarse ya que apenas escapa de una mediocre valoración de ‘aceptable’. Los precios de estas residencias son un 14% más económicos que la media del informe

En el caso de la provincia de Zaragoza se estudiaron siete residencias para mayores (cinco privadas y dos públicas) que obtuvieron un mediocre ‘aceptable’, inferior al ‘bien’ de la media del estudio (misma nota que sacó hace cuatro años en un estudio similar). Las carencias más notables se observaron en la oferta de servicios y la atención asistencial. En ese sentido cabe destacar que más de la mitad de los centros no tenían un registro de las visitas, cuatro residencias no disponían de gimnasio, únicamente en dos se permitía a los residentes elegir entre varios menús por cuestiones de índole religiosa o personal y tan sólo en otras tantas funcionaba la enfermería las 24 horas del día. Además, sólo había geriatra en una residencia, en cinco centros no había servicio de fisioterapia y rehabilitación y en otros tantos no disponían de unidades médicas para tratamientos especializados. También se estudiaron las medidas puestas en marcha por estos centros para que los residentes se sintieran ‘como en casa’ y, una vez más, la calificación fue mediocre. Se comprobó, por ejemplo, que en dos centros no se permitía a los ancianos salir fuera del recinto ni aunque pudieran valerse por sí mismos.

En el lado contrario, seguridad, accesibilidad y limpieza de estas instalaciones se valoraron con un satisfactorio ‘bien’: todas las residencias contaban con un protocolo de actuación en caso de emergencia, la mayoría de los jardines estaban en buen estado de conservación y prácticamente todas de los centros tenían adaptados los baños comunes para uso de visitas y familiares.

Después de analizar los precios en 125 residencias se ha comprobado que han subido, de media, un 8% los últimos cuatro años, algo menos que el IPC acumulado en el mismo periodo (que fue de un 9,2%). El mayor incremento fue el de las residencias públicas que, aunque siguen siendo más económicas, se han encarecido un 23%. Las tarifas de las residencias estudiadas en la provincia de Zaragoza reducen la media nacional ya que son un 14% más baratas. Así, si el residente es asistido pagará de media cada mes entre 1.277 euros (habitación doble) y 1.353 euros (habitación individual) mientras que si puede valerse por sí mismo, el coste se situará entre 1.068 euros (habitación doble) y 943 euros (habitación individual).

Lo mejor y lo peor de las residencias de Zaragoza

  • Lo mejor: El médico acude varios días fijos a la semana a pasar consulta en casi todas las residencias y todas tienen jardín.
  • Lo peor: Un centro no tenía timbre de emergencia en los baños. Sólo una residencia disponía de geriatra, mientras que el resto contaban únicamente con un médico de cabecera.

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