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: Vacunas en la edad adulta: la inyección que más vidas salva

Aunque la mayoría se administra antes de los 18 años, existe un calendario de vacunación para adultos que muchos olvidan. Conseguir la inmunidad con este tratamiento no solo salva vidas, también ha contribuido a erradicar numerosas enfermedades. Ahora que se habla tanto de la ansiada vacuna de la covid-19, repasemos otras también vitales.

No hay ningún tratamiento que haya contribuido tanto a aumentar la esperanza de vida como las vacunas. Rino Rappuoli, uno de los investigadores en vacunas de la Escuela de Medicina de Harvard, suele ilustrarlo diciendo que “sin vacunas volveríamos a tener una esperanza de vida de 50 años o menos”. Pero, ¿qué es exactamente una vacuna? “Hablamos de un medicamento con unas características muy singulares porque habitualmente no es una sustancia química, sino un producto biológico, y como tal está sometido a controles de seguridad, estabilidad, eficacia… Su objetivo es generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos”. La explicación la da Ángel Gil, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, que diferencia dos tipos de vacunas según su clasificación microbiológica y clínica:

  • Las atenuadas o vivas, elaboradas con microorganismos o sus derivados, cuya actividad está disminuida. Por ejemplo, las vacunas del sarampión, la rubeola, la varicela o el rotavirus. Pueden emplearse en toda la población, excepto en las personas inmunocomprometidas, porque en ellas pueden inducir la enfermedad.
  • Las inactivadas, en las que esa materia prima (bacterias, virus o sus subunidades) está muerta. Por ejemplo, las vacunas de la gripe, la hepatitis A o el virus del papiloma humano (VPH). Se pueden administrar a toda a población, incluso a embarazadas. Son más seguras, pero suelen requerir más de una dosis de recuerdo.

No solo para los niños

Casi recién nacido, un bebé recibe la primera dosis de una vacuna, la de la hepatitis B, y a partir de ahí unas cuantas más contra esta enfermedad (dosis de recuerdo) y contra otras a los dos, cuatro, 11 y 12 meses de vida. Es un tratamiento muy ligado a la infancia, pero no exclusivo de esta etapa de la vida. Los adultos también deben vacunarse, por tres motivos:

  • Muchos adultos tienen enfermedades, como, por ejemplo, la diabetes, que van acompañadas de inmunosupresión. Esto quiere decir que son más vulnerables al ataque de agentes infecciosos externos.
  • A partir de los 60 años de edad se produce un fenómeno conocido como inmunosenescencia, por el cual nuestro sistema inmunitario se va debilitando y el organismo responde peor ante las enfermedades infecciosas.
  • La protección que teníamos cuando nos vacunaron de niños con el tiempo tiende a desaparecer y, en algún caso, es necesario reforzarla con dosis de recuerdo.

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