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: Los niños y los anticuerpos

La capacidad que tenga nuestro sistema inmune para recordar a los patógenos (virus, bacterias, hongos, parásitos) y toxinas que una vez nos hicieron daño, y hacerles frente cuando estos vuelvan a intentar “atacarnos”, es clave a la hora de desarrollar ante la infección una intensa sintomatología o que todo se quede en un cuadro asintomático. Hablamos de la memoria inmunológica y las vacunas. ¿Por qué algunas necesitan más de una dosis y por qué dicen los expertos que tendremos que vacunarnos cada año?

Los niños y los anticuerpos

Existen diferencias entre la respuesta inmunitaria de niños y adultos, y esto es porque los pequeños están más expuestos a las primeras infecciones que sufre el organismo ante un determinado patógeno. Por ello, a la hora de generar la memoria de sus defensas prevalece su inmunidad innata, que es muy rápida e intensa a esa edad (ver gráfico superior). Los adultos, sin embargo, tienden a tener una respuesta basada en su inmunidad adaptativa, formada por los anticuerpos desarrollados gracias a las exposiciones previas a microorganismos que han tenido a lo largo de los años.

Un estudio realizado en la Universidad de Columbia (Nueva York) y publicado en 2020 en la revista Nature, mostraba que los pequeños que habían pasado la covid-19 generaban menos anticuerpos que los adultos. Según Sergiu Padure, la explicación se encuentra en esa buena respuesta innata en los niños, combinada con el trabajo de los linfocitos T, que a esas edades están casi intactos. “No se van a producir muchos anticuerpos, pero sí que permite una evolución de la infección más controlada desde su inicio, incluso sin llegar a provocar la enfermedad (dejándole al niño como portador) o solo con síntomas leves. Los adultos, al contrario, tienen menos linfocitos T, que son los que se enfrentan a patógenos a los que el organismo nunca se había enfrentado, por lo que para combatirla, producirían una cantidad más diversa de anticuerpos”, detalla el inmunólogo.

Para toda la vida 

¿Por qué algunas enfermedades, como el sarampión, nos infectan una vez y ya nos otorgan inmunidad de por vida y otras, como la gripe, nos obligan a vacunarnos cada año? Tiene que ver con el tipo de microorganismo y la respuesta que induce, así como con las mutaciones. “El virus de la gripe muta cada campaña y los cambios son tan importantes que la respuesta inmunitaria generada no responde frente a la variante previa. Además, la respuesta con la vacuna no es tan potente y solo dura de cuatro a seis meses”, explica López Hoyos. El caso del sarampión y de otros virus que inducen inmunidad permanente, como el de la varicela, es diferente. Estos virus no mutan. El virus del sarampión, por ejemplo, una vez que lo hemos pasado se queda con nosotros de por vida. “La varicela también se padece una vez en la vida y el virus permanece acantonado en la persona, pero hay una diferencia: si hay una caída en las defensas el virus puede volver a dar manifestaciones, en forma de herpes zoster”, añade Jesús Merino.

Así responde el organismo ante una infección

Infección. Cuando un patógeno (un virus, una bacteria, un hongo) o toxina entra en nuestro organismo, el sistema inmune actúa a distintos niveles.

Respuesta innata. La fiebre aumenta la producción de interferones, un grupo de proteínas producidas por las células infectadas que avisan a las células vecinas para que paralicen la producción de virus. Además, en el sistema inmunitario innato existen un conjunto de células llamadas fagocitos que se encargan de devorar estas células infectadas, o las llamadas células Natural Killer NK, que como su nombre indica, son células que, sin aprendizaje previo, de manera innata identifican y matan a las células anormales, que provienen de un virus o un tumor. Y, a veces, con estas armas es suficiente para acabar con el patógeno.

Respuesta adaptativa. Cuando la inmunidad innata no puede parar la infección, entonces tiene que hacerlo la adquirida, una inmunidad que es más específica y que se ha construido a través de años de haber sufrido repetidas infecciones, por lo que tiene memoria de todas ellas. En ella participan los linfocitos T (o células T), que destruirán a las células infectadas de forma muy selectiva, y los linfocitos B (o células B), que producirán los anticuerpos. Estos anticuerpos, proteínas que ha creado el sistema inmune y que quedan en la sangre, serán capaz de reconocer a ese patógeno la próxima vez que entre en nuestro organismo, neutralizándolo y protegiéndolo.

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