Saltar el menú de navegación e ir al contenido

EROSKI CONSUMER, el diario del consumidor

Buscador

logotipo de fundación

Canales de EROSKI CONSUMER


Estás en la siguiente localización: Portada > Edición impresa >

: ¿Cuánto es mucha sal?

Hipertensión arterial, isquemia cerebral y aumento del riesgo de sufrir un ataque cardiaco son algunas de las consecuencias de abusar de este condimento

¿Cuánto es mucha sal?

La primera medida para reducir el consumo de sal puede ser “cortarse” con el salero en el momento de aliñar y condimentar la comida. Claro que conscientes de que más del 70% del condimento que ingerimos procede de alimentos ya procesados fuera del hogar resulta insuficiente alejar únicamente el salero de la mesa.

La sal, tanto la de origen marino como la que proviene de yacimientos subterráneos, contiene sodio y cloro. Y el sodio que aporta un consumo excesivo de sal es precisamente el culpable de todos los males asociados.

La mayoría de los alimentos frescos no lo contienen, aunque las vísceras o el marisco lo proporcionan de forma natural. La comida ya procesada incorpora sal para realzar el sabor de los alimentos y para conservarlos. Sin embargo, la industria alimentaria añade también a sus productos otras sustancias que contienen sodio como los aditivos, los espesantes, gelificantes o edulcorantes. Antes de comprar estos alimentos ya elaborados, que no sólo se reducen a productos precocinados sino que se refiere a cualquier alimento que no sea fresco, conviene comprobar cuánta sal contienen. Algo muy sencillo de hacer si este dato figurara en su lista de ingredientes o en la información nutricional. Ahora bien, es habitual que los etiquetados no incluyan la cantidad de sodio o sal que aporta un producto porque todavía no existe obligación de informar de ello, salvo cuando los alimentos pertenecen a la categoría “bajo en sal”.

Anchoas, jamón y salchichas: Los más salados

Los alimentos considerados altos en sodio son los que registran más de 500 mg por cada 100 g de alimento o, lo que es lo mismo, un 1,3% de sal. Por tanto, quienes es vean obligados a seguir una dieta baja en sodio deben evitar consumir de manera continuada alimentos precocinados, embutidos y cualquier modalidad de comida rápida. Una moderación que se hace extensible a las personas sanas para evitar futuros problemas de salud.

Un reciente análisis comparativo de EROSKI CONSUMER comprobó la cantidad de sal que contenían 64 alimentos procesados entre los que se encontraban embutidos, diferentes panes, conservas, solubles de cacao, galletas, productos de aperitivo y distintos productos precocinados. Los resultados colocaron a las anchoas en conserva, a los estuches de jamón curado, las salchichas, y los chorizos como los alimentos procesados con más sal. De hecho, sobrepasaron holgadamente la cantidad de sodio recomendada. Les seguían las aceitunas, el kétchup, los quesos curados, las patatas fritas, los cereales, y el queso de lonchas. Curiosamente, uno de los productos más temidos por su supuesto excesivo aporte de sal, la sopa de sobre, fue el alimento procesado menos salado del análisis. Otros sobre los que la sombra de la sal no se suele cernir y que forman parte de la dieta habitual de muchas personas resultaron tener altos aportes de sodio, también por encima de las cantidades recomendadas. Fue el caso de los cereales de desayuno, el ketchup, el paté y el jamón cocido.

Para reducir su consumo

Todos, sin excepción, deberíamos controlar la ingesta de sal, en especial quienes padecen hipertensión o mayor riesgo de problemas cardiovasculares. El gusto por la sal es adquirido y, por ello, es del todo posible modificarlo y educarlo. A medida que se ingiere menos sal, la preferencia por lo salado también disminuye. Para ello, pueden servir las siguientes sugerencias:

  • Consumir 5 gramos de sal por día, una cucharada de tamaño café. Ésa es la cantidad de sal que deben tomar los adultos, 3 gramos en los niños menores de 7 años y 4 para los que se encuentran entre los 7 y los 10 años.
  • Comer más alimentos frescos, contienen menos sodio. Es mejor cocinarlos sin sal y esperar a que cada comensal agregue la cantidad a su gusto.
  • Cocinar los alimentos al vapor: al no existir un medio con el que el alimento entra en contacto, no hay cesión de sustancias, y se conserva mejor el contenido natural del sodio del alimento, por lo que se acusa menos la necesidad de añadir sal.
  • Utilizar hierbas y especias para condimentar los platos. Si se emplea aceite de oliva virgen y vinagre se encubre en parte la falta de sal.
  • Sustituir la sal habitual por una de bajo contenido en sodio que aporta la mitad de sodio que la sal común. La sal de cloruro potásico (que debe añadirse una vez que el alimento está cocinado si no se vuelve amarga) no tiene sodio y la sal marina que, por su sabor más fuerte, permite emplear menos cantidad para dar sabor a las comidas son otras alternativas.
  • Moderar la ingesta de alimentos procesados o recurrir a aquellos que tengan menos sodio en su composición.

Paginación dentro de este contenido

Te puede interesar:

Infografías | Fotografías | Investigaciones