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Guía de compra: pizzas : Pizzas, sabor redondo de Italia sobre la mesa

Se deben consumir esporádicamente, pero hay opciones más saludables, como las pizzas caseras si se elaboran con harina integral, sin queso (o con muy poco), sin embutido y con poca sal (mejor si es yodada)

¿Cuál escojo?

Sugerencias de compra

La elección de un alimento suele basarse en los gustos, sobre todo cuando se trata de una comida excepcional. Así y todo, antes de escoger un tipo u otro de pizza, una de las primeras cosas que debemos revisar, desde un punto de vista nutricional, es que no contenga mantequilla, margarina, grasas animales o grasas hidrogenadas. También revisaremos su contenido en sal, que no debe superar los 1,25 gramos por cada 100 gramos, y estaremos atentos, sin duda, a si se trata o no de harina integral. La harina integral tiene, entre otras ventajas, el doble de fibra dietética que la harina blanca y es uno de los motivos por los que todas las entidades de nutrición recomiendan consumirla siempre que sea posible. Las siguientes son algunas recomendaciones nutricionales a tener en cuenta a la hora de elegir una pizza, más allá de la preferencia de gustos.

Para los niños.

No podemos considerar como “recomendable” ninguna de las pizzas analizadas, dado su alto contenido en grasas saturadas y sal. En cualquier caso, si el tamaño de la ración es pequeño y se consume de forma esporádica (pocas veces al mes), no habrá problema. Siempre sin olvidar que el resto de la alimentación del niño debe responder a un patrón de dieta saludable. Si la hacemos en casa con harina integral, poca sal y sin queso ni embutido (o con una pequeña cantidad), todo serán ventajas.

Para las personas con diabetes.

Las personas con diabetes tienen un mayor riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular que el resto de la población. Así, aunque el contenido en azúcar de las pizzas es bajo, no es prudente recomendar a una persona con diabetes ninguna de las pizzas analizadas, dado su alto contenido en grasas saturadas y sal. Como en el caso de los niños, lo más recomendable es elaborar en casa nuestra propia base de pizza con ingredientes como harina integral, aceite de oliva y una pizca de sal yodada. Conviene que el relleno de la pizza sean verduras de temporada aliñadas con un chorrito de aceite.

Para los que no les gusta el queso.

Es difícil encontrar en el mercado pizzas sin queso. Es más, si quitamos el queso de la pizza antes de hornearla, nos llevaremos con él el resto de ingredientes (aunque en ese caso podríamos aprovechar para sustituirlos por hortalizas recién cortadas). Lo mejor, en este caso, es optar por las masas o bases para pizza que se comercializan sin ingredientes. Eso nos dará la posibilidad de aderezarla y guarnecerla a nuestro gusto.

Para los vegetarianos.

Para las personas ovolactovegetarianas (vegetarianos que toman lácteos y huevos) no es difícil localizar pizzas sabrosas, dado que muchas solo cuentan con ingredientes vegetales, con uno o varios tipos de queso. Es mucho más complicado encontrar pizzas para personas veganas (vegetarianos que no toman ni lácteos ni huevos) salvo, quizás, en tiendas de dietética especializadas. Es preciso, en todo caso, revisar la etiqueta (es obligatorio que figuren los ingredientes).

Para los que no les gusta el tomate.

La pizza con tomate, tal como la conocemos hoy, es posible gracias al descubrimiento de América. Los tomates y la masa son una combinación exitosa, al punto de que es muy difícil encontrar pizzas que no lleven este ingrediente. Las figazzas son un ejemplo de la excepción (solo llevan cebolla y orégano), pero son más fáciles de encontrar en una pizzería artesanal que en un supermercado. Entre las opciones que nos ofrece la indutsria alimentaria, quienes no gusten del tomate pueden escoger una pizza carbonara, que contiene bechamel en vez de salsa de tomate.

Para los que quieren probar cosas nuevas.

Los “aventureros gastronómicos” están de suerte, pues la innovación está a la orden del día. Algunas pizzas incorporan sabores agridulces, picantes, salsas de curry o salsa barbacoa. Pero, además, también pueden probar curiosas fusiones, como la “pizza burguer” que, como sugiere su nombre, es una pizza con formato de hamburguesa. Si ninguna de las opciones que hay en el mercado es suficiente, lo mejor es comprar una base de pizza sencilla y añadirle en casa los ingredientes favoritos.

Apuntes para el ahorro

Las pizzas preparadas que se encuentran en el supermercado nos ofrecen unas cuantas ventajas. Son muy fáciles de hacer, hay una gran variedad y, además, son baratas. Ninguna cuesta más de 5 euros. La diversidad (creciente) de formatos y sabores permite complacer a casi todas las personas, y el hecho de que ya vengan listas para calentar y consumir ayuda (y mucho) a salvar una comida o una cena invirtiendo poco tiempo y dinero.

Desde luego, no han de ser la solución diaria. Su perfil nutricional las convierte en un alimento para disfrutar de manera ocasional y moderada, pero si se siguen las recomendaciones de los expertos -una ración (160 gramos) de manera ocasional-, será difícil que una pizza nos cueste cara, tanto en dinero como en salud. Así, en la elección de una u otra pizza, los gustos y los tamaños que mejor se adecuen a nuestra familia serán más decisivos que los precios. Esto se explica, entre otras cosas, porque la diferencia de coste entre unas y otras no es tan significativo.

En términos generales, conviene recordar lo siguiente:

  • Las pizzas congeladas son más caras que las otras (las que se venden refrigeradas). Hay quien explica esta diferencia por el coste de conservación y hay quien se lo atribuye a la calidad del producto, alegando que la textura y el sabor están mejor conseguidos. Sea como sea, lo cierto es que las pizzas congeladas son las que cuestan más, con independencia de las marcas. En promedio, un kilo de pizza congelada cuesta 9 euros.
  • Dr. Oetker, Buittoni, Aserceli… Los precios de las pizzas congeladas no varían mucho entre unas y otras marcas. Las pequeñas diferencias en el coste final vienen dadas por la presencia de ciertos ingredientes (el queso aumenta el precio, además de las calorías) y por los tamaños, que van de los 310 a los 390 gramos.
  • Las pizzas refrigeradas son la opción más económica. Desde luego, existen unidades cuyo precio se asemeja al de las pizzas congeladas (como la “Tratorissima”, de Campofrío, que cuesta algo más de 9 euros el kilo), aunque estas son una excepción y no la norma. Un kilo de pizza refrigerada, en promedio, cuesta 6,50 euros.
  • En estas pizzas, la horquilla de precios medios oscila entre los seis y los siete euros el kilo, aunque no siempre es tan fácil notarlo porque los tamaños -o, mejor dicho, el peso- de las distintas opciones varía. Por esta razón, es importante fijarse en el peso de las pizzas preparadas. En términos generales, las más grandes (como la pizza “Maxi”, de Palacios, de 580 gramos) son más baratas que los formatos más pequeños, como las pizzas que se comercializan por porción, en triángulo (Fuentetaja, 210 gramos), o las mini pizzas de Buittoni o de Eroski, que vienen en tamaño de un bocado y están diseñadas más para un picoteo que para una comida.
  • Además de tener estos datos en cuenta, una manera práctica de ahorrar en la compra de un alimento es calcular cuánto se necesitará. En este caso, si la porción recomendada es de 160 gramos, buscaremos los formatos que mejor se ajusten a la cantidad de comensales que hay en casa. Por ahorro, pero también por salud, es preferible acompañar la pizza con una ensalada como entrante, unos vegetales de temporada como acompañamiento y una fruta fresca de postre, que excederse en las cantidades de este alimento y excluir todos los demás.
  • Asimismo, ya en casa, hay que recordar que una parte del coste de las pizzas preparadas no está en su precio, sino en lo que cuesta cocinarlas. Aunque se hacen rápido (20 minutos bastan), es preciso utilizar el horno y precalentarlo. Por ello, siempre que se pueda es importante preparar otros alimentos horneados para el día siguiente, por ejemplo, y aprovechar el calor residual.

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