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Guía de compra: pizzas : Pizzas, sabor redondo de Italia sobre la mesa

Se deben consumir esporádicamente, pero hay opciones más saludables, como las pizzas caseras si se elaboran con harina integral, sin queso (o con muy poco), sin embutido y con poca sal (mejor si es yodada)

El análisis nutricional

Semáforo nutricional

Resulta complicado decidir cuál es ración de consumo habitual de pizza. No todos consumimos la misma cantidad e, incluso, hay personas que la toman para picar y no como plato principal. Según nuestros cálculos, y en base a datos recogidos en diferentes tablas de composición de alimentos, hemos decidido estandarizar la ración a 160 gramos.

También es difícil decidir qué pizzas analizar, porque no solo hay muchísimos tipos de pizza sino que las variedades parecen ir en aumento. En todo caso, el resultado de nuestra revisión revela datos bastante homogéneos. Aunque hemos dividido las pizzas evaluadas entre las no congeladas y las congeladas, en el semáforo se puede observar que no existen diferencias sustanciales entre ellas. Sea como fuere, los colores del semáforo hablan por sí solos: todas las pizzas precocinadas presentan un alto contenido en grasas saturadas y sal. Ambos nutrientes están implicados, si se consumen de forma habitual y en exceso, en un aumento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

En cuanto a la energía, casi todas aparecen también coloreadas con un naranja que advierte de un potencial riesgo de obesidad si tomamos como norma consumir este alimento. La media de calorías por 100 gramos de todas las pizzas evaluadas es de 250 kilocalorías. Según las entidades de referencia, es posible que un alimento aumente las posibilidades de ganar peso corporal si presenta una “alta densidad energética”, es decir, si su contenido energético oscila entre 225 y 275 kilocalorías por 100 gramos. Por tanto, 100 gramos de pizza aportan, de media, 250 kilocalorías, por lo tanto, se pueden clasificar como un alimento de “alta densidad energética”.

Como aspectos positivos, se puede señalar que el contenido en azúcares de las pizzas es bajo y que algunas suponen un notable aporte de fibra dietética (en algunos casos llegan a cubrir el 20% de las recomendaciones). No obstante, el balance entre riesgos y beneficios se decanta de forma clara hacia el riesgo, siempre que se entienda que hacemos referencia a un consumo habitual.

Preparados para pizzas, ¿merecen la pena?

Hoy por hoy, podemos encontrar la mezcla necesaria para elaborar la base de pizza, a la que solo debemos añadir agua y aceite (en ocasiones, ni eso). Debemos preguntarnos si de verdad nos sale a cuenta, porque lo cierto es que elaborar una masa de pizza en casa no es complicado: basta un poquito de práctica.

Si pese a todo decidimos adquirir estos preparados, conviene que revisemos en su etiqueta si contienen mantequilla, margarina, grasas animales o grasas hidrogenadas (es mucho mejor que no aparezcan) o si el producto final contiene más de 1,25 gramos de sal por cada 100 gramos. Lo ideal sería que la harina del producto fuera harina integral, dado su claro papel en la prevención de enfermedades crónicas.

En cualquier caso, el mayor problema de las pizzas analizadas es la cantidad de grasas saturadas que contienen que, en la mayor parte de casos, provienen de la elevada adición de queso en estas pizzas (y, en algunas otras, de los embutidos). Desde este punto de vista, sí merece la pena utilizar preparados para pizzas, ya que ofrecen la posibilidad de reducir (incluso suprimir) las cantidades de los ingredientes más calóricos y grasos, y sustituirlos por otros con un perfil nutricional mucho más saludable.

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