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: El calcio, estrella indiscutible.

MODAS DIETÉTICAS Y FALSOS MITOS HAN PROPICIADO QUE EL CONSUMO DE LECHE HAYA DECRECIDO PAULATINAMENTE A LO LARGO DE LAS DOS ÚLTIMAS DÉCADAS. SIN EMBARGO, GRACIAS A SU VALOR NUTRITIVO CONTINÚA SIENDO UN ALIMENTO RECOMENDADO EN CUALQUIER DIETA EQUILIBRADA. AVERIGUA POR QUÉ ES BUENO INCLUIRLA Y DESCUBRE LO QUE HAY BAJO SU SUPERFICIE.

El calcio, estrella indiscutible.

De entre los tres tipos de leche -entera, desnatada y semidesnatada-, esta última es la favorita de los españoles, que se llevan a casa 32,6 litros por persona cada año (frente a los 19,7 litros de la desnatada y los 17,1 de la entera). Es por eso que, en la presente guía de compra, se han incluido 23 variedades distintas (con y sin lactosa y enriquecidas con calcio), por ser las más consumidas en el mercado. Las conclusiones que se presentan se desprenden, por tanto, del estudio de estas. Todas muestran un nivel calórico más bajo (de media, 119 calorías por ración de 250 ml) que la leche entera (164), así como una menor cantidad de grasa (4 g frente a 9,5) y colesterol (15,8 mg frente a 35).

Un análisis detallado del etiquetado descubre, por lo demás, un perfil nutricional muy similar. Tan solo cuatro categorías (calcio, calorías, hidratos de carbono y proteínas) revelan una diferencia reseñable entre las marcas analizadas. La mayoría de las leches enriquecidas con calcio (de Central Lechera Asturiana, Eroski, Kaiku y Pascual) presentan 400mg de calcio por ración, cuando lo habitual son 300, y una (la leche Vita Calcio Puleva) contiene 450 mg. Un dato especialmente relevante si se tiene en cuenta que las recomendaciones generales de ingesta diaria van de los 800 a los 1.000-1.300 mg, dependiendo de la edad o la situación fisiológica.

¿LA ENRIQUECIDA ES MEJOR?

Si bien es cierto que este nutriente cumple un papel insustituible en la formación de los huesos, y que interviene en otras funciones como la transmisión de los impulsos nerviosos, la coagulación de la sangre y la actividad del corazón, no lo es menos el hecho de que también podemos conseguirlo a través de alimentos como el queso semicurado (820 mg por cada 100 g), yogures (130 mg) o cuajadas (60 mg), y de otros como sardinas en lata (400 mg por cada 100 g), almendras (254 mg) o berros (170 mg), aunque su asimilación por nuestro organismo es menor que en los lácteos.

“La absorción del calcio presente en ciertos vegetales es de aproximadamente el 5%, mientras que en la leche y derivados lácteos la presencia de lactosa, vitamina D y ciertos aminoácidos favorecen la absorción, que llega a ser del 30%”, explica Gregorio Varela Moreiras, presidente de la Federación Española de Nutrición. Hay que hacer notar que, para que el calcio absorbido se deposite bien en los huesos, necesitamos vitamina D y movernos mucho al aire libre. Según la normativa comunitaria, la leche comercializada como enriquecida con un nutriente (sean minerales, como el calcio, o vitaminas, sobre todo A, D y E) ha de contener, al menos, el 15% de su ingesta diaria recomendada, requisito que cumplen todas las variedades de esta guía. Sin embargo, y a pesar de los benevolentes mensajes publicitarios con los que se comercializan, hay que reseñar que estas leches son perfectamente prescindibles, salvo en caso de carencias nutritivas o la existencia de ciertas patologías en las que sea necesario un aporte extra de algún nutriente.

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