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: No siempre lo casero es mejor que lo industrial

MUCHAS VECES SE RELACIONA “PROCESADO” CON PERJUDICIAL, PERO HAY CASOS EN LOS QUE NO ES ASÍ. EN EL SUPERMERCADO SE PUEDE ENCONTRAR GRAN VARIEDAD DE PRODUCTOS INDUSTRIALES QUE NO SOLO NOS HACEN LA VIDA MÁS FÁCIL, SINO QUE TAMBIÉN NOS AYUDAN A LLEVAR UNA DIETA SALUDABLE Y SEGURA.

Lo casero, con matices.

Casero no siempre es sinónimo de seguro, pero, ¿podríamos decir que es sinónimo de sano? No, sin analizar el alimento en cuestión. “Si casero es que las croquetas las haces tú, que el pollo lo rebozas tú o que el brownie lo haces tú, pues poca diferencia hay desde el punto de vista nutricional con el producto industrial equivalente. Sí hay más cariño, y el cariño es muy importante, pero nutricionalmente no hay diferencias significativas”, expone García Bello. En este sentido, plantearse, por ejemplo, si un zumo casero es mejor que uno industrial es, en realidad, un falso dilema porque no hay “zumo bueno”: al exprimir la fruta, esta pierde toda su fibra y los azúcares presentes se transforman en azúcares libres, poco interesantes para la salud. Lo mismo pasa con la bollería, que seguirá siendo poco recomendable por mucho hierro que le añada la industria o mucho amor que le pongamos nosotros.

Sin embargo, en casa podemos elegir los ingredientes y, además, tenemos control absoluto sobre el tipo de alimentos que empleamos. Y esto sí puede suponer una mejora (de sabor y aspecto, desde luego que sí), aunque, según la experta, hay que matizar. “Si vas a hornear unas galletas integrales pero las atiborras de azúcar, poco importa que tu harina sea integral. Una dieta saludable no se construye a partir de alimentos concretos consumidos de forma aislada, sino que lo que tiene valor es toda la alimentación en su conjunto”, hace hincapié.

¿Hay algo en lo que podamos marcar una diferencia sustancial? “Si hablamos de procesos de cocinado que hacemos en casa, sí podemos hacer distinciones”, responde García Bello. Por ejemplo, en general, va a ser mejor cocer u hornear un alimento que freírlo, y esa es una decisión que tomamos en el hogar. Si hacemos la masa de pizza casera, sí que podemos escoger ingredientes de calidad y saludables, como harina integral y aceite de oliva virgen. “Esa oferta también la podemos encontrar en productos industriales, así que no es tanto lo que hagamos en casa, sino que seamos conscientes de la salubridad de lo que comemos, lo elaboremos nosotros a o lo fabrique la industria”, concluye.

Cuidado con los errores en la cocina

Conocer las malas prácticas en la manipulación de los alimentos puede ayudar a evitar problemas indeseados. Estas son algunas de las más comunes:

  • Servir la tortilla en el plato que usamos para darle la vuelta. Esta costumbre puede ayudarnos a ahorrar tiempo al fregar, pero también aumenta considerablemente el riesgo de salmonelosis, debido a los restos de huevo crudo presentes en el plato.
  • Descongelar alimentos a temperatura ambiente o con agua caliente. Las bacterias se sienten muy cómodas entre 4 y 60 ºC, por lo que esta costumbre hace que una contaminación sea más probable. Por ello, no debe dejarse comida sobre la encimera.
  • Lavar el pollo antes de cocinarlo. Aunque pueda parecer higiénico, al pasarlo por agua facilitamos que se propaguen microbios por la cocina. Para estar seguros, lo mejor es cocinarlo bien (que no quede crudo).
  • Guardar juntos alimentos crudos y cocinados. Es fácil que los productos se toquen y se contaminen unos con otros. Verduras, carnes o pescados crudos pueden entrar en contacto entre ellos o con alimentos ya cocinados, e intercambiar toxinas. Estos últimos pueden volver a contaminarse, y calentarlos en el microondas no será suficiente para higienizarlos de nuevo.
  • Probar alimentos para comprobar si aún están en buen estado. No todos los patógenos se aprecian a simple vista o a través del sabor, por lo que los sentidos no son herramientas fiables para valorar la idoneidad de su consumo. Si queremos evitar una toxiinfección alimentaria, lo mejor es extremar las precauciones en el manejo y la conservación de los alimentos.

Atención a los ingredientes

  • Se considera que un alimento contiene mucha sal si lleva 1,25 g (o más) por cada 100 g de producto. Recuerda que el límite máximo de sal recomendado por AESAN es de 5 g al día (la cantidad que contienen 100 g de jamón serrano).
  • La toma de azúcares libres no debería superar el 10% de la ingesta calórica total. En concreto, no deberíamos consumir más de 25 g de azúcar libre al día, recuerda la OMS. En una sola lata de refresco hay entre 26 y 35 g.
  • El consumo de grasas saturadas no debería superar el 10% de la ingesta calórica diaria: esto es, unos 50 g al día según la OMS. Un cruasán de 100 g contiene 9,9 g de grasa saturada.

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