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: Ni caprichosos ni egoístas... sólo hijos únicos

La condición de hijo único no es ni una ventaja ni un inconveniente en sí misma, todo depende del tipo de educación, de valores y actitudes que los padres fomenten en ellos

Albert Soldevilla, psicólogo del Instituto Mensalus de Barcelona

“La sobreprotección de los hijos únicos se evita cuando se toman en cuenta sus opiniones y deseos”

¿Por qué los hijos únicos no quieren tener un solo hijo?

La tendencia de los padres es intentar dar a sus hijos todo lo que ellos no han tenido. Eso podría condicionar a los que han crecido sin hermanos, y pensar que deben proporcionar uno o más hermanos o hermanas a sus hijos. Pero no deja de ser una creencia algo errónea, ya que los padres no deberían sentirse obligados a cubrir todas las necesidades de las que ellos no disfrutaron. Es más, pueden pensar por un momento en las ventajas de haber crecido como hijos únicos para fomentarlas en el suyo. Si creen que tuvieron algunas carencias por ser hijos únicos, pueden cubrirlas sin tener que recurrir obligatoriamente a tener más hijos.

Los hijos únicos son más caprichosos y egoístas. ¿Tópico o realidad?

Eso podría depender más de los padres que de los propios hijos. Ya que si bien es verdad que el hijo único no tiene que luchar tanto por la atención de sus padres ni compartir tan a menudo sus privilegios, es tarea de los padres enseñar los valores relacionados con la generosidad y el esfuerzo por conseguir lo que uno desea.

¿La sobreprotección hacia el hijo único es contraproducente? ¿En qué sentido?

Un menor sobreprotegido puede no desarrollar algunas habilidades necesarias para su desarrollo, como por ejemplo la autonomía. Precisamente se valora que los hijos únicos tengan más posibilidades de reforzar dicha autonomía por verse obligados en ocasiones a jugar solos y crearse sus propios intereses. Por tanto, sería interesante que los padres facilitaran ese proceso.

¿Cómo se puede evitar?

La sobreprotección se evita cuando se cuenta con la opinión y deseos de los propios niños. Los padres no deben hacer constantemente lo que los hijos ya están preparados para hacer por sí solos. Se debe pensar en los hijos como personas con sus criterios y opiniones que deberán tenerse en cuenta, aunque los padres tengan mayor poder de decisión y aconsejen lo que para ellos es correcto.

En el proceso de socialización, ¿los hijos únicos tienen más problemas para relacionarse, compartir, jugar con otros niños…? Eso sólo ocurriría si el hijo único no comparte experiencias con sus iguales en otros contextos. Es importante que desarrolle sus habilidades de relación en actividades escolares o extraescolares que fomenten sus habilidades sociales. Si es así, su socialización será normal.

¿”Por qué mis amiguitos tienen hermanitos y yo no”? ¿Qué respuesta deben dar los padres ante esta pregunta tan repetida en ciertas edades?

Siempre hay que dar respuestas que los niños puedan comprender según su edad. Es importante evitar detalles que competen a los adultos (falta de recursos económicos, infertilidad, divorcios, etc.). Con destacar que hay diferentes tipos de familias, algunas más numerosas que otras, podría ser suficiente. También es determinante que el niño vea en sus iguales la oportunidad de tener amistades con las que puede compartir lo mismo que si tuviera más hermanos.

Mayor atención, pero también mayor presión. Todas las expectativas de los padres recaen en los hijos únicos. ¿Dónde está el límite? ¿Cómo afecta esta presión a su desarrollo?

Los padres deben ser cuidadosos con las expectativas que generan sobre sus hijos únicos. Para ellos es como tener solamente una oportunidad de que sus deseos como padres se vean cumplidos. Esto puede contribuir a que se desarrolle un control excesivo sobre su comportamiento o trayectoria futura, lo que podría generar una falta de motivación en el niño debido a que se vería obligado a cumplir con los deseos de los padres y no tanto los propios. Al hijo único hay que guiarle y aconsejarle, como a cualquier otro, pero fomentando también su independencia de criterio y autonomía personal para que perciba que también es partícipe de su desarrollo.

Quiero tener un segundo hijo para darle un hermanito al que ya tengo. Ése el principal motivo. ¿Es saludable este razonamiento?

Tener otro hijo siempre debe ser una decisión de los padres porque quieran ser padres por segunda vez, nunca para dar un hermano como principal motivo. Ya que podría ocurrir que los padres se vieran obligados a realizar un sobreesfuerzo para atender las necesidades del segundo hijo por haber creído que era lo adecuado.

No hay que sufrir por el bienestar de los hijos únicos, no hay estudios que demuestren que deban compartir su vida con un hermano o hermana para su correcto desarrollo.

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